Por Félix Carrillo Hinojosa

Quienes imponen la muerte como estrategia para silenciar el paro, quitarle fuerza al diálogo y someter a través del miedo y el odio lo que significa tener el poder, están equivocados, porque las voces de la CIUDADANÍA no serán quebrantadas esta vez, por esas viejas trampas.

Son muchas las personas que lloran a sus hijos mutilados, desaparecidos, asesinados, porque decidieron ser diferentes y no congeniar con los diferentes focos de corrupción que existen en Colombia. Los ejemplos son muchos y circulan desde lo rural hasta lo citadino.

Hay padres que caminan muertos, ante la dinámica de poder, al ver como sus hijos son masacrados sistemáticamente y al final, no hay unas investigaciones transparentes que clarifiquen las razones, que nos lleve a encontrar, quiénes y por qué lo hicieron.
El panorama es oscuro y solo aparecen cortinas de humos, con las que siempre disfrazan la realidad de cada acto masacrador.

La justicia es una pantomima que juega bajo los diversos colores del poder. La pirrica democracia con la que manipulan y exponen cual marioneta y que circula al vaivén del momento, es un simulacro que corre serios riesgos, en un país como el nuestro, que militariza todo.
Colombia es un país amejicanado, donde “se sigue siendo el rey y la vida no vale nada”, en que es más fácil, encontrar a alguien que le quite la vida a una persona que no conoce, por unas cuantas monedas y es más visible el mercado negro de las armas que las que están con salvoconductos.

Si denuncias la corrupción, corres el riesgo de ser persona muerta. Si eres cómplice, te usan y terminas condenado, huyendo como un paria y el verdadero gestor de todo, es presidente, ministro, senador, gobernador o en el peor de los casos, embajador o asesor de alto turmequé.
Esa es la Colombia que tenemos, la que un alto porcentaje se niega a cambiar, “porque así como estamos, vamos bien”, suelen decir. En la otra orilla, poniendo los muertos, desaparecidos y mutilados, está la valiente CIUDADANÍA que no se rinde y va más allá del 2022. Es la misma que tiene el yoli en sus manos y está dispuesta a todo, para derrotar a los que se perpetuaron en el poder.

Los pueblos, las ciudades y las urbes, despertaron ante el continuado saqueo de que son objeto.
Los partidos políticos que no existen como tal, sino que son una cueva de buitres, no son más poderosos que la CIUDADANÍA. Ellos lo saben, por eso es que quieren cambiar el discurso y atraer a quienes han oprimido. Y en ese juego, es que los jóvenes, negros, mestizos, indígenas, centrales obreras, no deben caer.
El discurso de la voz oficial no es creíble. No es serio y siempre termina en “más de lo mismo”.#Desdemiraya

Félix Carrillo Hinojosa