Por Semanario Voz -8 junio, 2021

El presidente Maduro ha señalado en diferentes ocasiones que existen planes para llevar a cabo un ataque armado desde Colombia e incluso una invasión, para intentar poner fin al gobierno chavista

Ricardo Arenales

Han trascurrido ya varias semanas desde el momento en que se presentaron los primeros combates entre miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB, de Venezuela y elementos armados paramilitarizados colombianos, como los han definido las autoridades de ese país. Desde entonces, se han producido una serie de elementos, que preocupan a muchos estudiosos de la situación latinoamericana e introducen factores de tensión en la frontera común.

El primero de ellos es la concentración de tropas a ambos lados de la frontera. Medios de prensa colombianos aseguran que la Casa de Nariño ordenó el despliegue de al menos tres mil soldados sobre la frontera con Apure. Una cifra similar de efectivos militares venezolanos estaría del otro lado. Pero además reforzada con un gran número de milicias, una fuerza armada popular bolivariana, que por pedido del presidente Maduro se trasladó hasta allí para defender la soberanía, ante el peligro de una incursión militar en gran escala proveniente de territorio colombiano.

En desarrollo de los enfrentamientos, se produjo además la muerte del guerrillero colombiano Jesús Santrich, que fuentes de inteligencia venezolana y sus compañeros de lucha de las disidencias de las FARC, aseguran fue obra de un grupo elite de comandos militares colombianos, con asesoría directa de militares norteamericanos.

Cero tolerancia

La respuesta de las autoridades del vecino país ha sido contundente. Uno de los primeros en pronunciarse fue el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, quien afirmó que los grupos irregulares armados terroristas colombianos buscaron generar rédito propagandístico, un cierto matiz de propaganda armada, para vender la idea de que se ha desatado una especie de guerra civil o protesta armada contra el gobierno bolivariano en una zona del país, y consolidar campamentos mercenarios dentro de Venezuela.

Y con esta matriz facilitar la intervención militar de un tercero, que ya se sabe por qué frontera entraría. De momento, esta estrategia fracasó por la oportuna orientación del presidente Maduro de cero tolerancia a la intervención de cualquier grupo armado de origen colombiano.

Maduro ha señalado en diferentes ocasiones que existen planes gestándose desde la frontera colombiana para llevar a cabo un ataque armado, e incluso una invasión, para poner fin al gobierno chavista. Lo que se vive actualmente en Apure sería parte de ese plan. Maduro acusó a Duque y al Comando Sur de los Estados Unidos de apoyar a estos grupos armados que entraron de manera ilegal a Venezuela.

Que nadie se engañe

“Estos son grupos que coordinan una estrategia de la oligarquía colombiana y del Comando Sur para hacer la guerra en la frontera contra la Fuerza Armada y el pueblo de Venezuela”, dijo el gobernante. Por su parte el canciller Jorge Arreaza aseguró que desde Colombia se protege a estos grupos paramilitares, al contrario de lo que ellos mismos afirman.

“Veamos: La FANB enfrenta y expulsa de Venezuela a grupos irregulares armados de Colombia. Nadie los detiene o enfrenta allá. Bogotá manda tropas militares al sitio. No los persiguen ni capturan. Movilizan tropas para protegerlos. ¡Alerta! Que nadie se engañe”, advirtió Arreaza.

En lo que insisten las autoridades venezolanas es que Colombia, su gobierno, estaría trabajando en la construcción de una guerra en la frontera binacional, que desemboque en el escalamiento de las presiones contra Venezuela a nuevos niveles de violencia armada. Es curioso que la procuradora colombiana, Margarita Cabello, haya dicho en este sentido que no es suficiente la acción del gobierno de Duque. A su juicio es necesaria “la intervención de organismos internacionales” y que el problema debe atenderse de manera “profundo e inmediata”.

Estos incidentes se dan después del fracaso de la denominada ‘Operación Gedeón’, un proyecto de invasión por el caribe venezolano, donde el gobierno de Duque estuvo comprometido hasta el cuello. Posteriormente se han ensayado otras estrategias intervencionistas, la mayoría de las cuales se incubaron desde Bogotá.

En esta estrategia conjugan esfuerzos grupos de mercenarios colombianos con opositores contrarrevolucionarios venezolanos y algunas ONG, que actúan sincronizadas con la embajada de Estados Unidos en Bogotá. En este último episodio, para generar bulla desde la frontera de Apure y pedir después una intervención extranjera disfrazada de “veeduría” o “mediación humanitaria”.