Por Alberto Piunzón Sánchez*

Hace ya 18 años, en junio de 2008, tratando de explicar la persistente y prolongadas crisis institucional (que se prolonga hasta hoy mayo 2026) en la sufrida sociedad pluriétnica boliviana y, la coyuntura surgida tras la renuncia de Sanchez de Lozada y la elección de Evo Morales. el entonces su vicepresidente el intelectual Álvaro García Linera publicó un análisis titulado “Empate catastrófico y punto de bifurcación” (cuyo texto completo recomiendo leer en https://repository.globethics.net/server/api/core/bitstreams/6e2b3dd1-decd-4523-b897-c249f6cb31ef/content ) y cuyo resumen o “abstract” me permito citar en  algunos apartes del texto:

Resumen: En el presente trabajo se analiza cómo, a partir de la crisis institucional en Bolivia, que devino en la renuncia de Sánchez de Lozada a la presidencia y la elección de Evo Morales como primer mandatario, se consolidó un proceso de construcción de un nuevo proyecto social y político, indígena y popular, capaz de disputarle el poder al neoliberalismo de los bloques dominantes. Ninguno de estos sectores, sin embargo, se encuentra en condiciones de hegemonizar los ámbitos y el consenso para la toma de decisiones. Esto provoca una crisis que deberá definirse en algún tipo de instancia en la que se pueda resolver la institucionalización del nuevo Estado. Esta crisis puede concluirse de manera insurreccional, por exhibición de fuerzas o, como se propone en esta conferencia, por vía democrática, a través del diálogo y la construcción plural, teniendo como eje la nueva Constitución”.  

Al parecer, su punto de partida expresado desde su primer párrafo es, el supuesto de “una crisis del Estado neoliberal, que se da cuando hay problemas en la correlación de fuerzas del Estado, es decir, en la estructura de fuerzas con capacidad de decisión, en el conjunto de ideas dominantes ordenadoras de la vida política de la sociedad, que permiten una correspondencia moral entre dominantes y dominados, y en el ámbito de las instituciones (procedimientos, normas, oficinas) que objetivizan la correlación de fuerzas e ideas. Comenzamos a vivir esta crisis de Estado en el año 2000. La correlación de fuerzas con capacidad de decisión se resquebrajaba. Las ideas dominantes del bloque empresarial vinculado a los grupos de inversión extranjera, agroexportadores, banca y la “elite política” (palabra con la que reemplazó la tan correcta como práctica idea común latinoamericana de oligarquía que no tiene nada que ver con el galicismo élite) formada alrededor de ellos habían perdido la capacidad de poder definir, de manera estable y sin tropiezos, las políticas públicas de nuestro país.

Una vez reemplazada la categoría histórica de la ciencia politica de oligarquía por el galicismo elite, según lo ha impuesto la batalla por llenar con nuevos contenidos las palabras clave; vino el apoyo del corpus práctico marxista: ...” Una crisis de Estado, no necesariamente conduce a un nuevo Estado, puede haber ajustes internos, en las fuerzas, en las alianzas, en las políticas, y puede haber una reconstitución del viejo Estado. Por ejemplo, el Estado nacional revolucionario de 1952 tuvo etapas de mutación interna y de reconfiguración que le permitieron sobrevivir un poco más, a través de la vertiente autoritaria militar del Estado nacionalista. Era el mismo Estado nacionalista, solamente que con ajustes, acoplamientos internos y mutaciones parciales de contenido. Toda crisis estatal, entonces, puede ser reversible o bien puede continuar. Si la crisis continúa, una siguiente etapa es el empate catastrófico.

Lenin hablaba de una situación revolucionaria; Gramsci, a su modo, habló del empate catastrófico. Ambos hacen referencia a lo mismo, pero con distintos lenguajes. El empate catastrófico es una etapa de la crisis de Estado, si ustedes quieren, un segundo momento estructural que se caracteriza por tres cosas: confrontación de dos proyectos políticos nacionales de país, dos horizontes de país con capacidad de movilización, de atracción y de seducción de fuerzas sociales; confrontación en el ámbito institucional –puede ser en el ámbito parlamentario y también en el social– de dos bloques sociales conformados con voluntad y ambición de poder, el bloque dominante y el social ascendente; y, en tercer lugar, una parálisis del mando estatal y la irresolución de la parálisis.

Este empate puede durar semanas, meses, años; pero llega un momento en que tiene que producirse un desempate, una salida. La salida del empate catastrófico sería la tercera etapa de la crisis del Estado, que la vamos a denominar construcción hegemónica ascendente. Está marcada por la conflictividad y, por lo general, se da por oleadas. Los textos de Marx sobre la crisis política de 1848 a 1849 son muy ilustrativos de esa idea de conflictividad por oleadas, que van y vienen: estabilidad, conflictividad, estabilidad, conflictividad.…

…Esta crisis, obligatoriamente, tiene que acabar en algún momento, ninguna sociedad vive permanentemente ni en movilizaciones (la creencia del anarquismo) ni permanentemente en estabilidad (la creencia del cristianismo). Puede haber inestabilidades, luchas, pero en algún momento tiene que consolidarse una estructura de orden que va a seguir teniendo conflictividades internas, por supuesto, pero luego se va a poder decir: a partir de este momento, tenemos un neoliberalismo reconstituido o tenemos un Estado nacional, indígena, popular, revolucionario. A ese momento histórico, preciso, fechable, le hemos puesto el nombre de punto de bifurcación. El punto de bifurcación hace que, o haya una contrarrevolución exitosa y se regrese al viejo Estado en nuevas condiciones, o que se consolide el nuevo Estado, con conflictos todavía, pero en el contexto de su estabilización. La contrarrevolución requeriría una rearticulación hegemónica de las resistencias regionales con capacidad de expansión de lo regional a lo nacional, por apoyo internacional o por un colapso del mando y de la dirección del bloque revolucionario” ….

Es obvio que García Linera recuerda más la categoría de Hegemonía de Gramsci, que la categoría del “doble poder enfrentado” de Lenin, y hace bien en decir que ambos dirigentes prácticos de partidos comunistas en sus países coinciden en la esencia del proceso con diferencias. No es el momento de entrar en la discusión de tales detalles. Nos basta decir que, si se obvia o se nubla en el análisis del proceso, la lucha de contrarios dialéctica que ambos dirigentes desarrollaron en la práctica con maestría, el resultado es volver a repetir lo repetido tantas veces. Es decir, a servir de notarios de la realidad simplemente y dar fe de lo que acontece como lo estamos viendo en la actualidad después de 18 años de haberlo anotado:  “Que la “crisis del Estado agotado” sólo puede resolverse por una de dos vías: “la insurrección violenta o la vía democrática”. Una tautología que el secretario de Estado de los EEUU Marcos Rubio resolvió con una sola frase:

Que nadie se confunda, Estados Unidos no permitirá el derrocamiento del gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia”  https://www.elnacional.com/2026/05/marco-rubio-advierte-que-ee-uu-no-permitira-el-derrocamiento-del-gobierno-de-rodrigo-paz-en-bolivia/

La pequeña falta de no considerar u obviar los dos elementos fundamentales (oligarquía e imperialismo) que conforman el bloque dominante y dirigente enfrentado al bloque de clases subalterno incluida la pequeña burguesía en proceso de cooptación. La pequeña falla de no considerar, como lo hace Gramsci, que la Hegemonía conforma junto con la Coerción una unidad dialéctica en lucha que se pueden transformar uno en otro y generar una síntesis superadora, tal como lo enseña su famosa sentencia de que el Estado es Hegemonía revestida de Coerción y cuyo desconocimiento (consciente o inconsciente) lleva a entender de manera simple el complejo asunto de interpretar el Estado en una determinada coyuntura, y a confundir su colapso inmediato con su crisis de larga duración. La pequeña falta de no separar en elementos contradictorios pero unidos: la función hegemónica de una clase, entre clase dominante y clase dirigente, que impide ver cuando una clase puede dejar de ser dirigente, pero puede seguir siendo clase dominante mediante la Coerción. Le restan efectividad práctica a la propuesta analítica hecha en el 2008 por el intelectual García Linera en su famoso punto de bifurcación.

Como era de esperarse, y dado el prestigio e influencia del intelectual boliviano en el ámbito latinoamericano, no faltó quien tomara casi literalmente tal propuesta para analizar la coyuntura de la crisis de Hegemonía de la clase dominante y dirigente de Colombia, iniciada en 1948 (y prolongada en un proceso tórpido hasta el día de hoy) cuando el Imperialismo estadounidense en complicidad con sus agentes gobernantes en Bogotá, decidieron ejecutar al tribuno popular Jorge Eliecer Gaitán aquel fatídico 9 de abril y el Estado colombiano colapsó pero enquistando una crisis de larga duración que lleva más de 70 años tratando de resolverse.

Así tenemos que, por ejemplo, en febrero del 2024 Camilo Andrés Espitia Hernández, publicó  en el portal Viento del Sur un sugerente artículo titulado “Del empate catastrófico y la construcción hegemónica en Colombia” https://intervencionycoyuntura.org/del-empate-catastrofico-y-la-construccion-hegemonica-en-colombia/; donde plantea en términos suyos propios el siguiente análisis de la coyuntura actual colombiana:  

“El empate catastrófico y una posible salida: Según Álvaro García Linera (2008a), el empate catastrófico es la segunda etapa de la crisis de Estado, previo al develamiento de la misma. Se caracteriza por la confrontación de dos proyectos nacionales con capacidad de movilización, atracción y seducción de fuerzas sociales; la confrontación en el ámbito institucional (parlamentario y extraparlamentario) de dos bloques sociales con vocación de poder; y la parálisis relativa del mando estatal y la irresolución de la misma.

La fricción entre las fuerzas enfrentadas en el país es consecuencia del empate catastrófico de la sociedad colombiana, cuyas manifestaciones más especiales se vivieron en la Rebelión Popular de 2021 y las elecciones de 2022. De la Rebelión Popular de 2021 se propulsó una opción electoral con vocación de poder para las fuerzas populares y progresistas, la cual terminó por conformarse como bloque social de cara a las elecciones de 2022. Las fuerzas conservadoras, contemplando la impopularidad del gobierno Duque y el cambio en el balance de fuerzas gracias a la movilización social, finalmente se rearticularon alrededor de la dupla Rodolfo Hernández-Castillo. De tal modo se configuró un escenario que enfrentó a dos bloques sociales con proyectos de país disímiles

El triunfo electoral del Pacto Histórico en las elecciones presidenciales del 22, significó una alternativa de salida al empate catastrófico y la apertura de la etapa de construcción hegemónica ascendente, marcada por la conflictividad entre las fuerzas en contienda. Así se asistió a un desplazamiento favorable para las fuerzas populares y progresistas, radicalizando el empate catastrófico con el ejercicio de gobierno en el Estado. Esta es la tercera etapa de la crisis de Estado (García, 2011).

En esta etapa el bloque social ascendente debe concentrar esfuerzos por construir Hegemonía en el seno de la sociedad contemplando las dimensiones de caracterización y transformación del Estado y el despliegue de las tensiones creativas del proceso de cambios, siguiendo la conceptualización acuñada por García Linera (2010; 2011) aterrizada al caso concreto colombiano.

A cerca de 18 meses de gobierno del Pacto Histórico, la construcción hegemónica ha afrontado dificultades estructurales y coyunturales. Entremezclando entre lo estructural y lo coyuntural, esas dificultades se han exhibido por lo menos en cuatro puntos: las deficiencias de la gestión gubernamental, los vacíos políticos y organizativos del Pacto Histórico, las carencias en la disputa por el sentido común y la apuesta de la organización popular.

La friccionada disputa política en Colombia refleja el intrincado camino por el cual transitan las fuerzas en contienda con tal de frenar a su adversario y conquistar las apuestas propias. Más allá de victorias momentáneas, el desenlace relativo de la conflictividad que marca la etapa de construcción hegemónica tiene lugar en un punto de bifurcación. El punto de bifurcación es un momento de fuerza decisivo en que la aguda conflictividad de la disputa política es resuelta a favor del bloque conservador -con la restitución del viejo orden en nuevas condiciones- o del bloque social-progresista -con su consolidación y afirmación sobre el poder estatal-.

La relativa estabilización del proyecto de transformaciones en Colombia sólo tendrá lugar cuando se abra un punto de bifurcación y este sea resuelto a favor del bloque social-progresista” ….

Es decir, cum grano salis, volvemos a la misma tautología a la que se llegó en Bolivia en 2008: La insurrección violenta o la vía democrática”.

Bueno, en 1898 (fines del siglo XIX) la dirigente revolucionaria del proletariado alemán Rosa Luxemburg, en su lucha política (que luego le costaría la vida a manos de los escuadrones proto fascistas de Berlín, dio a la publicidad una serie de artículos periodísticos prácticos escritos contra el teórico reformista de la socialdemocracia alemana Eduard Berstein, compilados en un folleto con el mismo título de la tautología en comento: “Reforma o Revolución”.

La dificultad práctica del análisis de coyuntura del politólogo colombiano Espitia Hernández, es repito, con un grano de sal, más o menos el mismo que se anotaba arriba con respecto a la propuesta original de García Linera. Con el agravante de que en Colombia a diferencia de Bolivia, el Bloque de Poder Contrainsurgente BPCi  (caracterizado de manera muy seria y convincente por la socióloga Vilma L Franco en 2008, el mismo año en que el intelectual García Linera publicó el análisis que venimos comentando aunque con menos aceptación) y del cual forma parte fundamental como eje articulador del mismo, la embajada de los EEUU en Bogotá, desde donde emanan las orientaciones que han impulsado, sostenido y financiado del histórico conflicto social y armado colombiano de más de 70 años de evolución, desarrollos y divisiones, etc; el que a su vez ha tenido múltiples intentos de resolución por el bloque de clases dominante y dirigente, todos fracasados. Pero que a pesar de tantos fracasos se sigue insistiendo tercamente con el mismo resultado negativo en la metáfora contrainsurgente del garrote y la zanahoria como lo ha vuelto a recordar  recientemente el sociólogo y profesor universitario Eduardo Pizarro León-Gómez en entrevista con Juan Manuel Ospina en Las 2 orillas.co, 28 abril 2026 (ver https://www.las2orillas.co/el-fracaso-de-la-paz-total-de-petro-que-entrega-nuevamente-un-pais-incendiado/).

A esto, se le debería agregar que si bien el partido político del Pacto Histórico, aspirante a hegemonizar la Hegemonía popular en construcción de las clases subalternas, es de reciente conformación (junio de 2025) como resultado de una iniciativa de gobierno de la administración presidencial actual, y organizado sobre la base de una alianza simplemente electoral (bastante amplia) para llevar a Petro a ganar las elecciones presidenciales del 2022; todavía se encuentra en un proceso, por así decirlo, casi embrionario de llegar ser un verdadero bloque político de clases alternativas y subordinadas que asuma la doble tarea político social y ético cultural de ser dominante y dirigente, y, de convertir la Coerción tradicional contrainsurgente en Hegemonía dominante, para lo cual se haría necesario (como necesidad social inaplazable) transformar el Estado colombiano, dotándolo de una nueva Constitución que refleje realmente la correlación de fuerzas sociales y políticas que luchan actualmente en Colombia, lo que va más allá de la simple elección presidencial que se tiene prevista para este año de 2026.

Fuente Imagen Internet.

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*Alberto Pinzón Sánchezes un médico cirujano y antropólogo colombiano, reconocido como uno de los analistas más profundos del conflicto social y armado en su país. Su trayectoria combina el rigor científico con un activismo intelectual incansable por la paz, lo que lo llevó a integrar la histórica Comisión de Personalidades (Notables) durante los diálogos del Caguán (1998-2002), donde aportó propuestas clave para la humanización del conflicto. Debido a su pensamiento crítico y su defensa de los derechos humanos, se vio obligado al exilio en Europa, desde donde continúa su labor como ensayista y columnista. Sus escritos destacan por un enfoque interdisciplinario que disecciona la geopolítica regional, las estructuras del poder estatal y la necesidad de una solución política negociada. Es una voz de referencia para entender la historia contemporánea de Colombia, siempre abogando por transformaciones estructurales que garanticen la justicia social y el fortalecimiento del Estado social de derecho.

BLOG DEL AUTOR: *Alberto Pinzón Sánchez
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