Por: Equipo Colarebo Colombia

Cuando se habla de táctica y estrategia, hay que tener en cuenta que son acciones que hacen las personas. Resaltar esto que es tan evidente, se hace necesario porque parece que, a veces, sus quedan aspectos en el aire y es necesario llenar las palabras de contenido objetivo. Por eso, la doctrina revolucionaria no puede ser mítica, confesional ni evolucionista.

Con respecto al Pacto Histórico, parece que la discusión en la izquierda fuera entre reformismo y socialismo; entonces, es necesario considerar qué hay de real y qué de aparente en ello, porque nada es completamente falso ni tampoco absolutamente verdadero. Se debe tener en cuenta que cuando alguien califica algo, establece unos puntos o líneas de referencia y, por tanto, se debe sopesar la validez de los puntos de mira. Por fortuna, se cuenta con herramientas tan poderosas como el materialismo histórico y el materialismo dialéctico, algo de lo que no todo el mundo político puede disponer, aunque a veces parezcan tan olvidados.

Uno de los puntos fuertes del debate, aparece cuando se dice que “el progresismo no busca acabar con el capitalismo”. Con esto, de nuevo convoca lo falso y lo verdadero; pero mejor que la lógica es la dialéctica, cuando habla de la cantidad que se transforma en calidad, de la contradicción, de la negación; aspectos que, en el decir de los clásicos, dan la dinámica a la Historia.

La visión cartesiana de conocer la verdad por la luz natural de la ciencia –que ha sido el fundamento de la escuela en la que nos formamos- se queda corta cuando la naturaleza se reduce a leyes que desconocen el caos, las transformaciones y lo que se mueve. Más aún cuando aparece la tecnociencia, que es la ciencia al servicio del mercado; o más claramente, cuando lo científico, que se torna sagrado, pretende justificar la actual forma de organización del mundo; cuando la ciencia exhibe su aspecto político.

La izquierda arrastra un lastre en su formación lógica de un marxismo inmutable, aprendido en el Siglo XX y que aun así, ha dado tantas glorias. Por eso, algunos ante la contienda electoral y el Pacto Histórico, dicen que no van a abandonar sus “objetivos estratégicos” y a ellos se aferran, cual dogma religioso.

Pero, el materialismo histórico diría que esos “objetivos estratégicos” hay que untarlos de la realidad, hay que pasarlos por la realidad social. Para ser consecuente, se debe ser revolucionario hoy, no sólo a futuro. Las estrategias se despliegan en tácticas. Un revolucionario que tiene estrategia y no tiene tácticas, es un demagogo de izquierda, que usa la teoría como su chicle. Un revolucionario que cree tener táctica sin estrategia, se queda dando vueltas en un activismo sin rumbo. También hay quienes tienen “su” estrategia y “su” táctica, definidas cual Quijote encerrado en cuatro paredes y que no aguantan una exposición a lo social. Qué miedo juntarnos con otros, si todo funciona bien cuando lo repaso en mi cabeza.

Entonces, objetivamente hay que preguntarse ¿cuál es la táctica para el presente período?, ¿Cuál es el período social hoy? (No el mío). Lo que estoy haciendo ¿A cuál de las estrategias le apunta? ¿A la estrategia de quién?

Es cierto que también existen los reformistas, los revisionistas, los demagogos y oportunistas de izquierda; así como, otros mestizajes. Igualmente hay quienes preservan su pureza, en espera de aplicar algún día su receta socialista, mientras ven el mundo pasar. Pero no existe tal receta en el marxismo; dentro de ésta visión, los que no se adaptan a sus designios, están atrasados y ellos son los iluminados. Como si la historia fuera detenerse para, en ese momento preciso, tomarle la foto y pegarle los carteles; sólo bastaría con ejecutar el programa para que empiece a rodar la felicidad en la sociedad; todos quietos, sin contradicciones ni alegatos. No les importa lo que opine el pueblo que, al parecer tal como actúa la oligarquía, es un infante que está bajo su tutela.

Una reflexión similar hay que considerar cuando se habla de elaboración y de unidad programática. Hay que llenarlas de contenido. ¿El programa de quién? ¿Responde al momento histórico, al actual período?

Si el reformismo toma la delantera en las propuestas sociales, es porque históricamente, los revolucionarios, en su profunda radicalidad, en su alejamiento de la realidad y con ceguera social, le cedieron este terreno. Se contagiaron del realismo mágico y no del concepto de la revolución permanente que lleva a establecer qué es lo que deben hacer hoy los revolucionarios en su relación y diálogo con la sociedad, así como con las formas del liderazgo popular.

En otro aspecto, hay que considerar que el Pacto Histórico, también convoca a la derecha, en varias direcciones. Una es que, así como cuando una carga eléctrica se mueve se afecta el campo de la carga contraria, porque existe por la interacción de los dos opuestos; entonces, llegado un triunfo de la propuesta alternativa -como es de esperarse, si no hay fraude- la derecha va tener qué pensar en cómo adaptarse a la nueva situación y dedicarse a vivir en paz, lo cual sería lo más consecuente con la sociedad colombiana y lo más inteligente en un mundo que se desmorona.

Otro sector de la derecha va a tener que pensar en cómo diferenciarse del accionar de los criminales que se han apoderado del estado y que, por proteger a una persona, han desvirtuado el contrato social, el cual debería cubrir a un país, reduciéndolo a una situación unipersonal. La condición de ilegalidad a la que han llevado al país los dirigentes de la narcoderecha, es insoportable y lo han conducido al caos institucional y al deterioro de la paz regional. Son muy irracionales las acciones de quienes quieren convertir el territorio colombiano en el escenario de una guerra internacional, de consecuencias insospechadas, pero se sabe que toda guerra siempre la pierde la población.

Es del orden del día participar activamente en el Pacto Histórico, por el bienestar general del país y por el mundo que se les va a dejar a los descendientes.

Los colombianos y los pueblos del mundo tenemos derecho a vivir en paz, protegidos y en condiciones de vida digna.

Abril 22 de 2021