La Habana, 19 ago (Prensa Latina) Sabias decisiones clínicas y terapéuticas con productos innovadores y serios argumentos científicos, colocan hoy a Cuba a las puertas de los ensayos clínicos de su candidato vacunal, fruto de la experiencia del Instituto Finlay de Vacunas.

Disponer de una industria biofarmacéutica nacional con capacidades de investigación y producción es la mayor fortaleza para obtener este y otros resultados en corto tiempo, con vistas a dar una respuesta efectiva a la demanda del sistema de Salud en su enfrentamiento a la Covid-19.

El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, había constatado hace unos días los avances en el desarrollo de la vacuna nacional contra la Covid-19 durante un encuentro con especialistas del Instituto Finlay de Vacunas.

En ese recorrido, el jefe de Estado mostró confianza en la respuesta que daría la ciencia en el país para combatir al coronavirus SARS-CoV-2.

Avalan el paso anunciado en relación con la vacuna denominado Soberana 01, los resultados en la aplicación de fármacos como el péptido Jusvinza, conocido por CIGB 258, el inmuno estimulante Biomodulina T, y el anticuerpo monoclonal Itolizumab, aplicados a un considerable número de pacientes y que han elevado el porcentaje de supervivencia por encima del 80 por ciento.

Otros como el Nasalferon (formulación nasal alfa-2b humano recombinante) y el Hebertrans (factor de transferencia), utilizados para la prevención de la infección evitaron que grupos de riesgos tuvieran una evolución desfavorable, sin olvidar al ya probado y avalado por su eficacia, Heberferon (alfa-2b + ifn gamma) incluido en los protocolos de varias naciones.

El presidente de Biocubafarma, Eduardo Martínez, insistía recientemente en la participación de la biotecnología y la industria farmacéutica en emergencias nacionales de salud, experiencia de integración que ha permitido trabajar en 16 proyectos de nuevos tratamientos y tecnologías médicas, incluidos cuatro candidatos a vacunas contra el virus SARS-CoV2.

Para la directora de investigaciones del Instituto Finlay de Vacunas, Dagmar García, se trata de una estrategia basada en las plataformas tecnológicas existentes en el país donde se podrán producir una vez terminados los estudios necesarios, dada la capacidad de fabricación existente para asumir después la introducción de cualquier vacuna exitosa en el país.

En ello han sido decisivas, apuntó, las alianzas con centros de investigaciones como se ha hecho con la Facultad de Química de la Universidad de La Habana, el Centro de Inmunología Molecular, Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología y el Laboratorio de la Defensa Civil.

Este y otros buenos resultados en la generación de nuevos medicamentos y métodos diagnósticos, ventiladores pulmonares, estudios poblacionales, modelos matemáticos de comportamiento, pronósticos y herramientas informáticas se deben al protagonismo de la ciencia cubana y de sus profesionales de la salud.

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