SERGIO DE ZUBIRÍA SAMPER (*)  19 MAYO 2020 

El despliegue y agudización de la crisis sanitaria planetaria, ha develado la íntima relación entre la formación social capitalista y los orígenes de la actual situación. Estamos cabalgando, de manera sincrónica, sobre cuatro profundas crisis, que tienen raíces históricas profundas: la crisis capitalista, la crisis de hegemonía de la potencia norteamericana, la crisis de las formas de subjetivación y la catástrofe ecológica.

Retorna con gran capacidad explicativa, la categoría de “tendencias a la crisis”, que algunas tradiciones teóricas han pretendido sepultar. Este escrito pretende concentrar sus esfuerzos en la actualidad de las teorías marxistas sobre la crisis del capitalismo.

Partimos de la constatación histórica de cómo la modalidad neoliberal de acumulación de capital, hegemónica desde mediados de la década del setenta del siglo XX, ha tenido efectos devastadores en la totalidad social.

Las predicciones de N. Klein y D. Harvey, al denominar, respectivamente, a este periodo “capitalismo del desastre” (2007) y proceso de “acumulación por desposesión” (2005), han mostrado la violencia estructural de este capitalismo contra la sociedad y la naturaleza.

Los estudios históricos y estadísticos del economista T. Piketty (2019), han hecho patente el profundo retroceso en los indicadores sociales y económicos, al construirse la sociedad moderna más desigual e inequitativa de la historia occidental, en el período 1980-2018.

Los datos estadísticos son contundentes. En 2018, la tasa de mortalidad infantil, antes del primer año de vida, era inferior al 0,1% en los países ricos de Europa, América del Norte y Asia, pero llega al 10% en los países africanos más pobres.

La parte del decil superior (10% de las mayores rentas) en la renta nacional, se encontraba en torno al 26-34% en 1980 en las diferentes regiones del mundo, pero esta proporción se ha elevado al 34-56% en 2018.

Esta desigualdad es más fuerte en Estados Unidos que en Europa, y más intensa en India que en China. El 1% más rico a nivel mundial ha captado el 27% del crecimiento mundial entre 1980 y 2018.

La proporción de capital o patrimonio público en los países capitalistas ha caído del 15-30%, a finales de los años setenta del siglo XX, a porcentajes nulos o negativos, en esta misma etapa, por los procesos de privatización y endeudamiento estatal.

La situación de desigualdad ha venido acompañada del incremento de la violencia y las guerras, hasta tal punto que, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz (SIPRI), ha constatado cómo el gasto militar mundial ha tenido en 2019 el mayor aumento desde hace una década, alcanzando 1,8 billones de euros, es decir, un incremento del 3.6% en un año.

Mientras, la UNESCO ha llamado la atención sobre la tendencia a la reducción de la inversión educativa per cápita a nivel mundial, con escasas excepciones nacionales, a partir de 2015.

A continuación pretendemos realizar una aproximación, un recorrido panorámico, por las teorías de la crisis capitalista en cinco pensadores clásicos: Marx, Engels, Luxemburgo, Lenin y Gramsci.

En esta primera entrega nos concentramos en las reflexiones de los dos primeros. Somos conscientes de la necesidad de realizar urgentes aproximaciones a teorías neomarxistas de la crisis, pero los límites de extensión de este ensayo no lo posibilitan.

También reconocemos los límites de una visión “panorámica”, en la cual se pierden matices, debates y mayores profundizaciones.

Crisis sistémica y contradicciones fundamentales: Marx y Engels.

El término “crisis” ha sido tomado de la medicina, en su acepción precientífica, como aquella fase del proceso de enfermedad en que se decide si las fuerzas de recuperación del organismo conseguirán la salud o no será esto posible. En la tradición del pensamiento eurooccidental, luego es recuperada por la dramaturgia y la estética clásica.

Desde Aristóteles hasta Hegel, la noción de “crisis” designa aquel punto o momento de inflexión de un proceso fatal fijado por el destino que exige una resolución.

En la situación crítica un poder objetivo le arrebata al sujeto/actor gran parte de aquella soberanía que normalmente tiene y de todas maneras está obligado a elegir; constituye la dialéctica entre necesidad y libertad, que conforma toda existencia humana real.

Para Habermas (1973), es Marx el primer pensador que integra el concepto de “crisis” a las ciencias sociales, en el sentido de “crisis sistémica”. A partir de la divulgación de su obra, se utiliza en el campo de las ciencias sociales la idea de crisis económicas y sociales.

La naturaleza de una “crisis sistémica”, aunque Marx y Engels no la definieron explícitamente, se despliega cuando “la estructura de un sistema de sociedad admite menos posibilidades de resolver problemas que las requeridas para su conservación” (Habermas, 1975, p.17).

Son perturbaciones que atacan la integración inmanente de un sistema social y, por eso, son sus contradicciones fundamentales.

En el Epílogo a la segunda edición de El Capital, en 1873, es categórico en su último párrafo: “El movimiento contradictorio de la sociedad capitalista se le revela al burgués práctico, de la manera más contundente, durante las vicisitudes del ciclo periódico que recorre la industria moderna y en su punto culminante: la crisis general” (Marx, 2010, p. 20).

Los aportes de Marx y Engels al análisis y comprensión de la tendencia a la crisis sistémica de la sociedad capitalista son, principalmente, cuatro.

Pero existen otras contribuciones particulares e históricas en sus obras.En primer lugar, introducen la categoría de “formación social”, que muestra que toda sociedad concreta está regida por un principio organizador de su totalidad social.

Ese mismo principio condiciona tanto la posibilidad de su existencia, como las tendencias de esa formación a sus crisis periódicas. Es una noción de gran actualidad para las ciencias sociales contemporáneas.

En segundo lugar, el acento establecido por estos dos pensadores en las “crisis económicas”, cumple una labor complementaria o compensatoria en el campo de la teoría social, ante el descuido de sus contemporáneos por esta dimensión de la vida humana.

Una historia sin tomar en cuenta la “vida material”, tiende a ser incompleta o reduccionista. A partir de este momento las crisis son multiformes y multicausadas.

Las anticipaciones realizadas sobre la “brecha metabólica”, entre el hombre y la naturaleza en el pensamiento de Marx y Engels, estudiadas por J.B. Foster (2000), sitúan el marxismo como una fuente ineludible para comprender las crisis ecológicas en el capitalismo.

En tercera instancia, postulan la condición endémica de las crisis en la formación social capitalista y la imposibilidad de evitarlas. Engels va a investigar la existencia de “ciclos periódicos”, no necesariamente matemáticos, pero con cierta regularidad e inevitables.

Llega a sostener la existencia de ciclos cercanos a los diez años. A partir de esta hipótesis de los “ciclos” se han desarrollado sugestivas investigaciones sobre “ciclos” cortos, medianos o largos, como los trabajos de Mackenzie, Kuznets, Kondratiev y la Escuela Francesa de los Anales.

El cuarto aporte es el desentrañamiento del principio organizador de la formación social capitalista y sus tendencias a la crisis. Ese principio es la producción social de la riqueza y la apropiación privada de esta riqueza, en el contexto de una sociedad dividida en clases. De este principio se infieren sus contradicciones fundamentales.

Se pueden develar cuatro manifestaciones de la crisis en la formación social capitalista: la supervivencia del capitalismo sólo es posible a través de la explotación del trabajo ajeno, el fetichismo expansivo en todos los órdenes de la vida capitalista, la crisis de superproducción relativa y la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Explotación del trabajo humano y fetichismo.

La producción capitalista de mercancías es, en realidad, producción de capital, se producen valores de uso sólo como medio para incrementar el capital y se pretende que esta producción sea infinita, que no tenga límites. Por ello, esta formación social se nos presenta como un “cúmulo” o “arsenal” de mercancías, y ésta como su “célula elemental”.

La producción de mercancías es producción de plusvalía, de tiempo de trabajo no-pagado por el capitalista. Y es inherente a la lógica del capital, el incrementar la masa de fuerza de trabajo no pagado, aumentar ese tiempo de trabajo no-pagado al productor directo.

Sin explotación del trabajo humano, no podría existir la formación social capitalista.

Pero existen límites objetivos y subjetivos a esa intensificación de la explotación. El primero, que no pueden ser jornadas laborales de 24 horas y el salario no puede ser cero.

El segundo, deben los capitalistas invertir en medios de producción (capital constante) para ampliar la capacidad productiva del trabajo.

Tercero, la existencia de luchas históricas de los pueblos contra todas las formas de explotación.

Esta es una contradicción fundamental e irresoluble del capitalismo, su dependencia de la explotación del trabajo social ajeno.

Las mercancías en la formación social capitalista, revisten una forma que no existe en ninguna sociedad anterior o no-capitalista, su carácter fetichista. Son diversas las manifestaciones de esta forma fetichista que adquieren las mercancías en la producción capitalista, pero algunas tienen efectos devastadores.

Todos los objetos deben tener ahora valor de cambio, convertirse en mercancías; bienes comunes que deberían ser exclusivamente “valores de uso” de disfrute colectivo, ahora se intercambian, se explotan, son rentables, como el aire, el agua, la seguridad social, la educación, la cultura, el afecto, etc., se venden y se compran en el abigarrado mundo indiferenciado de lo mercantil.

Se produce una inversión fantasmática en el estilo de vida capitalista: las cosas mantienen entre ellas relaciones sociales y las personas sólo establecen relaciones materiales entre ellas.

Las relaciones humanas se cosifican, se reifican, se fetichizan. La manifestación exponencial de esta cosificación de las relaciones humanas es el fetichismo del dinero; del cual Marx, ya en los Manuscritos, evocando a Shakespeare, destacaba sus dos propiedades:

a) “es la divinidad visible, la transmutación de las propiedades humanas y naturales en su contrario, la confusión e inversión social de todas las cosas; hermana las imposibilidades” y

b) “es la ramera universal, el universal alcahuete de los hombres y los pueblos” (Marx, 2016, p. 219).

Este camino inaugurado por Marx, el fetichismo de la mercancía, tendrá desarrollos sorprendentes en las reflexiones de W. Benjamin en su enigmático texto “El capitalismo como religión” (1921) y en trabajos recientes de G. Agamben sobre la crisis de la pandemia del Covid-19 como “La medicina como religión” (2020).

El filósofo alemán postula cómo el capitalismo es el primer caso de culto que no expía la culpa, sino que la engendra, expandiendo la desesperación al rango de condición existencial dentro del capitalismo.

Crisis de sobreproducción y sobreacumulación.

La acumulación del capital total se cumple a través de desvalorizaciones periódicas de elementos del capital y en esos momentos se despliegan las crisis periódicas. Los revolucionarios alemanes analizaron dos con profundidad.

Las denominamos crisis de “superproducción relativa” o de “sobreproducción” y crisis de “sobre acumulación” o “tendencia a la tasa decreciente de ganancia”.

La primera se presenta bajo el aspecto de la realización del capital. Se expresa en la siguiente contradicción fundamental de la formación social capitalista: por un lado, con el aumento de la tasa de plusvalía (más trabajo humano no-pagado), es decir, bajos salarios, pero con crecimiento de la riqueza social potencial; por otro lado, la capacidad de consumo de las masas se reduce por su poca capacidad adquisitiva y, por tanto, se llega a una situación donde los bienes producidos, en varias ramas de la producción, no tienen consumidores.

La relación entre la capacidad de los salarios y el stock de productos se convierte en inversamente proporcional.

Asistimos en estos momentos a una crisis de sobreproducción o superproducción relativa. Los capitalistas prefieren almacenar, destruir o perder esos excedentes de mercancías, antes que entregarlos al usufructo de la riqueza colectiva de la humanidad.

Una de las expresiones de la actual crisis capitalista es la sobreproducción de petróleo y carbón. En el caso del petróleo, Estados Unidos se ha convertido en el primer productor mundial, sobrepasando a Arabia Saudita.

A través de grandes inversiones en fracking (fracturación hidráulica) pasó de 5 millones de barriles diarios a 12,4 millones entre 2014 y 2019. Esta forma de producción de petróleo se hace a altos costos y con consecuencias destructivas para el medio ambiente.

Desde el año 2014 el precio del barril ha tendido a la baja y, este año 2020, por motivos económicos y políticos (tensiones en la OPEP entre Rusia y Arabia Saudita), el precio del barril ha llegado por debajo de cero, una crisis de superproducción que rebasa lo vivido en la Gran Depresión del año 1929.

La posibilidad, para algunos analistas, que norteamérica ingrese a un periodo de recesión y depresión es alta.

La segunda se manifiesta bajo el aspecto de la acumulación y circulación del capital. Se dedica parte del Tomo III de El Capital a la cuota de ganancia y la tendencia a su decrecimiento.

A los capitalistas individuales lo único que les interesa es el “remanente de valor que deja el precio de venta de sus mercancías y el capital total desembolsado para producirlas” (Marx, tomo III, 2016, p. 58); calculan los costos en salarios, materias primas, transporte, etc., hasta que realizan su venta en el mercado; allí entonces miden su “ganancia”; su único interés es que el dinero invertido se incremente.

El marxismo, al tomar el punto de vista de los trabajadores, se interesa por las diversas partes integrantes del proceso y, en especial, por la plusvalía.

La cuota de plusvalía es la proporción entre el tiempo pagado y el no-pagado al trabajador, por tanto, se expresa en la proporción entre el tiempo no-pagado (p=plusvalía) y los costos de los salarios (v=capital variable); si lo no-pagado se incrementa, necesariamente la cuota de plusvalía será mayor.

La cuota de ganancia incluye el capital total (C mayúscula), es decir, la plusvalía (p), el capital variable (v) y el capital constante (c=la masa de capital invertida en medios de producción).

Se calcula la proporción entre la plusvalía y la suma del capital variable/capital constante (composición orgánica del capital); por tanto, si el capital variable y el capital constante se incrementan, permaneciendo estacionaria la plusvalía, necesariamente la cuota de ganancia disminuye (el capitalista está gastando más en salarios y también en medios de producción).

Para el marxismo existen dos caminos para la reducción de la cuota de ganancia en la formación social capitalista.

La primera es la que acabamos de describir cuando tanto el capital variable como el capital constante, se incrementa, permaneciendo estacionaria la plusvalía. El capitalista está invirtiendo mayor masa de capital tanto en salarios como en medios de producción y, por tanto, se reduce su cuota de ganancia.

El segundo camino es más complejo y adecuado al movimiento real del capitalismo. Para poder competir en su respectiva rama de producción, los capitalistas incluyen una inmensa masa de capital en medios de producción (capital constante), ahora, la proporción entre salarios (v) y capital constante (c) se convierte en desproporcionada.

En términos marxistas, la composición orgánica del capital se modifica en detrimento del capital variable.

En estos momentos, cuando la plusvalía permanece estacionaria y la composición orgánica del capital se incrementa por vía de grandes masas de capital invertidas en capital constante, se presenta el segundo camino hacia la tendencia a la cuota decreciente de ganancia.

Grandes ramas de producción y su competencia desmedida oligopólica por inversiones en medios de producción (máquinas, técnica, superproducción, demoras de circulación en ventas y transportes, etc.), empiezan a experimentar una disminución del proceso de acumulación por sobreacumulación y, paralelamente, disminución de sus cuotas de ganancia.

Marx la denomina como una “tendencia”, porque reconoce que existen distintos caminos, como también su combinación, para evitar que se profundice la crisis sistémica.

En el capítulo XIV del Tomo III, Marx (2016) señala seis rutas que pueden buscar los capitalistas para evitar la caída definitiva de la cuota de ganancia:

1. El aumento de la explotación del trabajo incrementando la cuota de plusvalía.
2. La reducción del salario por debajo de su valor.
3. Abaratamiento de los elementos que forman el capital constante.
4. La superpoblación relativa
5. El comercio exterior
6. El aumento del capital-acciones.

Las investigaciones de M. Roberts y W. Dierckxsens (2019) sobre la cuota de ganancia en los países del G7 muestran una tendencia a su reducción en el periodo 1964-2009; un decrecimiento de tasas del 16,5% en 1964 a 10,0% en 2009.

Pero también arrojan otras claves para realizar paliativos a la tendencia a las crisis, descritas por Marx en El Capital:

a) Ante la baja de la cuota de ganancia en la economía real, a partir de 2008, las grandes transnacionales y corporaciones financieras han buscado acumular recomprando sus propias acciones en la bolsa de valores con créditos a tasas de interés cero, otorgadas por los Bancos Centrales (gastando 5,4 billones de dólares)

b) Desde 1981, la deuda global se ha multiplicado por 39 veces, pasando de 14 billones de dólares hasta alcanzar la sorprendente cifra de 265 billones de dólares en 2020; otra vez, el Leviatán retorna para ponerse al servicio del capital.

c) La OCDE en su Informe de abril de 2020 afirma que el mundo se encuentra en depresión y la OMC pronostica una caída del comercio mundial del 32% en 2020.

Las tendencias a la crisis son tangibles por los datos anteriores.

Los análisis y reflexiones de Marx-Engels sobre la tendencia a la crisis sistémica de la formación social capitalista son muy relevantes en la hora actual.

Pensadores con una gran potencia anticipatoria y un compromiso intachable con la fuerza emancipatoria de las y los trabajadores del mundo.

Referencia bibliográfica:
Benjamin, W. (2010). “El capitalismo como religión”; en Obras. Madrid. Abada Editores.
Dierckxsens, W. y Fomento, W. (2019). Nuevo Imperio Global u Otra Civilización. Costa Rica: Editorial DEI.
Foster, J. F (2000). Marx’s Ecology: Materialism and Nature. New York: Monthly Review Press.
Habermas, J. (1975). Problemas de legitimación del capitalismo tardío. Buenos Aires: Amorrortu Ediciones.
Marx, C. y Engels (1976). Obras Escogidas. Moscú: Editorial Progreso.
Marx, C. (2016). Manuscritos de economía y filosofía. Madrid: Alianza Editorial.
Marx, C. (2016). El Capital. México: Fondo de Cultura
Económica. Marx, C. (2010). El Capital. Madrid: Siglo XXI Editores.
Piketty, T. (2019). Capital e Ideología. Barcelona: Deusto Ediciones.

(*) Profesor Departamento de Filosofía
Universidad de los Andes
Docente-Investigador Doctorado en Bioética
Universidad El Bosque
Presidente Fundación Walter Benjamin

Fuente:
Líneas de Fuga. No. 6
Mayo de 2020