Ilka Oliva-Corado*

Lena abre la bolsa y toma el que piensa que es el último pedazo de champurrada[1] pero, para su sorpresa un puñado de pedazos más pequeños se revuelve con el pozolero. Asombrada cierra los ojos y vuelve a mirar dentro de la bolsa, aquello parece un gran guindo. Con urgencia otra vez cierra los ojos deseando que al abrirlos no encuentre de nuevo la gran hondonada, pero ahí está, inamovible, para entonces Lena ha entrado en un estado de estupor  como la primera vez que vio la tierra roja de Salamá.

Algo la sacude, su respiración cambia de ritmo y siente como ahogarse con su propia saliva, desesperada hace el esfuerzo de tragar, pero hay un nudo de sal atrancado que se desmorona cuando siente el leñazo en la nuca y de sopetón comienza a rodar en los barrancos de la memoria. Cae a culumbrón[2] en el sabor de las mañanas de su infancia. Ahí está de nuevo la imperdible, tan puntual e insobornable nostalgia que la lleva a lugares que están refundidos en saber qué recovecos de los años juidos[3].

Para qué púchicas[4], se pronuncia, poniendo el enojo de pretexto, de nuevo con sus once ovejas para no declararse culpable de extrañar. Envalentonada solita se pone al brinco exigiendo que la esculquen y todo para no decir en voz alta que, como muchas otras almas la suya también añora de cuando en cuando.  Se agarra el pelo en una cola, lista para la pelea y mete el pedazo de champurrada en la taza de café y como ya ha agarrado aviada también el pozolero de la bolsa, a gusto comienza a sopear con la cuchara.   

Un pensamiento inmoral se le cruza por la cabeza, si la vieran sus amistades de ahora sopeando champurradas en una taza de café, la negarían como unas Judas. Más aterrada aún se pregunta qué dirían si supieran que su verdadero nombre es Magdalena.

¿Magdalena?, exclamarían en coro. Sí, como el pan, les contestaría.

No, pero es que más Judas que ella misma no hay, es toda una doble cara de las dobles caras de la clica de las Iscariotas, le replica de nuevo ese pensamiento inmoral que aparece siempre en el momento menos esperado, como la menstruación cuando se lleva ropa de color claro.  Porque dicho está que a veces los pensamientos esos metiches la ponen en aprietos, con sus cosas inservibles como las fumadas esas de la dignidad, el respeto y otras hierbas. Cosas que solo le estorban, como las esquinas de las uñas del dedo meñique de los pies, que se ponen ahí de grandes mártires, pidiendo que no les pongan tacones apretados porque las lastiman. Já, lastimada estoy yo, exclama Magdalena en voz alta, pero al instante cierra el pico y vuelve a pensar para sus adentros, porque es mejor que nadie escuche lo que la memoria y su conciencia tienen qué decirle acerca de sus mañas de loca desquiciada.

Por ejemplo, si ya olvidó cuando de niña, descalza, acostada en la hamaca escuchaba a las chicharras cantar mientras sopeaba su tortilla tostada con banano en su taza de café recién molido, en casa de sus abuelos mientras su mirada se perdía en la majestuosa Sierra de las Minas.

Lena entonces vuelve en sí después del trance tan deplorable en el que la dejó el leñazo en la nuca, tira el café con la champurrada en el inodoro, agarra un yogurt del refrigerador y se va al gimnasio, donde quedó de juntarse con sus amigas para la clase de yoga e ir después a tomar jugos verdes al bar de jugos de Titi, que su nombre real es Margarita María del Carmen.

♦♦♦

*.
10 de mayo de 2026.
Estados Unidos. —
Ilka Oliva-Corado.
Blog: Crónicas de una Inquilina

Blog PrensabolivarianaIlka Oliva-Corado
Siguenos en X@PBolivariana
Telegarm: https://t.me/bolivarianapress
Threads: https://www.threads.com/@pbolivariana
E-Mail: pbolivariana@gmail.com ||FDE82A


  • [1] Champurrada: Pan dulce hecho de harina de trigo.
  • [2] Culumbrón: De rodillas, con los codos apoyados sobre el suelo y con las nalgas hacia arriba.
  • [3] Juido: Por huida, por fui.
  • [4] Púchica: Para expresar sorpresa, admiración, enfado o miedo