Por Ulises Redondo Cienfuegos

“No es nada personal. Son sólo negocios”, dice Michale Corleone en la cinta cinematográfica El Padrino, protagonizada por el actor Al Pacino, quien funge como el gran jefe de la mafia italiana en Estados Unidos. Para Corleone, asesinar a sus enemigos y competidores no es nada personal. Solo son negocios.

Evidentemente, lo necesario en el mundo son los negocios y la lógica de los grandes negocios nacionales e internacionales, lícitos o clandestinos, es la maximización de las ganancias.
Los negocios están por encima de la vida y las órdenes dadas para conservar ese negocio están por encima del bien y el mal.

La frase la encontramos también en el cine de espionaje. Agencias de Centrales de Inteligencia tipo CIA, FBI, M16, entre otras, ordenan a sus agentes de asesinar por encargo a gobernantes y líderes de otros países. Ejecutan, eliminan físicamente a sangre fría sin reflexionar previamente si es bueno o malo…, solo expresan ante el cadáver: «No es nada personal» solo una orden necesaria que dan las élites del poder.
En Colombia, la frase la podemos asemejar con: «Un buen muerto», un falso positivo o asociarla a una ejecución extrajudicial contra líderes de organizaciones civiles y campesinas.

Los creadores de la ley 50 que perjudicó notablemente a los trabajadores colombianos y favoreció a los grandes empresarios, por un lado, y los creadores de la ley 100 sobre sistema «seguridad» social en salud la cual privatizó el sistema, por el otro lado, seguramente pensaron que: «No era nada personal en contra de los colombianos. Solo cuestiones de negocios» y,… era necesario.
No sería extraño que negociantes inescrupulosos del sector público y privado echen mano a 15 billones destinados por el gobierno nacional para enfrentar la emergencia social, económica y ecológica por el COVID-19. Al parecer, ya lo están haciendo, principalmente relacionado con sobre costos en suscripción de contratos destinados a compra de mercados para los más pobres…»No es personal. Solo son negocios»

Ahora bien, cuando las élites del poder deciden hacer guerras no las hacen porque sean buenas o malas sino necesarias. Entre tanto, unos soldados matan a otros a quienes no conocen y sin que medie el odio como móvil para cometer el asesinato.

Cuando los naciones colonialistas saquean las riquezas de los países periféricos es porque estos últimos por el bajo grado de desarrollo y el alto grado de ignorancia no «necesitan» estos recursos, algunos ni siquiera sabían que existían o que eran importantes. Los «dirigentes» de los países pobres no necesitan esos recursos para explotarlos directamente, solo necesitan que les den unas «regalías» o unos ridículos porcentajes de la explotación que va directamente a sus bolsillos.

Al parecer, las cosas no son del dueño sino de quien las necesita.
Lo necesario para sobrevivir es un mismo «trozo de hilo» que expresa por un extremo la codicia y por otro el conformismo.
Hay masas de hombres y mujeres que se conforman con el mínimo vitae porque es todo lo que necesitan. Para ellos no es necesario tener riquezas. No tienen conciencia para concebir la pobreza dentro del bien y el mal. Es normal y por lo tanto tener lo mínimo es necesario.
El otro extremo es la codicia. A este grupo pertenecen los que piensan que lo que poseen no satisface sus necesidades y por lo tanto harán lo necesario para lograrlo. Ese afán no lo conciben como bueno o malo, solo como necesario.
Lo necesario también se expresa como egoísmo (individualismo) en términos de conservación. Una persona puede asumir que si tiene lo necesario para sobrevivir, así sean recursos mínimos, no es de su interés si alguien no tiene nada. La mayoría de los humanos no luchan por el bien, o contra el mal, si así fuera cientos de millones de la población mundial serían héroes. La «lucha» de esas masas es por necesidades y mínimamente por lo necesario.
En ese orden de ideas, la justicia no puede ser interpretada dentro del terreno del bien y el mal, ni del derecho, sino del poder. Quien más tenga recursos de poder (mayor inteligencia, más fuerza y mejores recursos) para obtener lo que necesita para su sobrevivencia lo hará. Pero también se le concederá, por manifestación de su poder, más de lo necesario. Parafraseando al escritor Antonio García: «La libertad está condicionada al poder económico». «El orden de derecho depende de una ficción: la igualdad formal de los hombres ante las leyes» (Dialéctica de la democracia). Es decir, no hay libertad sin poder, no hay igualdad sin libertad.

De acuerdo a la concepción de las élites del poder no existe ni el bien ni el mal, ni la ética o anti ética, solo lo necesario para el funcionamiento del negocio. El concepto moralista del bien y el mal sería, entonces, un barniz de la iglesia cristiana y sus cismas (iglesias ortodoxas y protestantes) para ocultar nuestra animalidad, los sentimientos más profundos de supervivencia que impulsaron al animal humano a matar y robar.
Reducir la población mundial por causa del hambre, de una guerra nuclear o biológica, no es bueno ni malo para un grupo de codiciosos que constituyen la élite del poder mundial. Para ellos…»No es nada personal. Solo son negocios» y los negocios son necesarios y están por encima del bien y el mal.