Por Osvaldo Cardosa Samón

Brasilia, 25 mar (Prensa Latina) Cual vicio crónico en la manera de hacer política, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, desamarró su lengua para minimizar, una vez más e irresponsablemente, la gravedad del coronavirus SARS-Cov-2, causante de la Covid-19.

De forma calmada y para asombro de todos, el mandatario ultraderechista comparó, durante un pronunciamiento en radio y televisión nacional, a la Covid-19 con ‘una gripe’ y ‘un resfriado’, aproximación que nadie en su sano juicio, según especialistas, se atrevería a realizar.

Tal comparación y el pedido a los alcaldes y gobernadores que ‘abandonaran el concepto de tierra arrasada’, que para el exmilitar incluye el cierre del comercio ‘y el confinamiento masivo’, sacudió todos los sectores de la sociedad brasileña.

Sin consultar o seguir recomendaciones, Bolsonaro hace caso omiso a la moderación y quebranta radicalmente las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su combate contra la pandemia que en Brasil cobró hasta el momento 46 muertes y más de dos mil 200 contagios.

Primeramente, el presidente estrechó el 15 de marzo las manos y se sacó selfies (autorretrato con celular) en el Palacio del Planalto (sede del Poder Ejecutivo) junto a sus simpatizantes que se movilizaron para apoyar al gobierno y pedir el cierre del Congreso Nacional y el Supremo Tribunal Federal.

Bolsonaro celebraba su negativo en una prueba del Covid-19, pero permanecía en cuarentena hasta la realización de otro examen que tampoco fue positivo.

En su arcoíris de desacertados desahogos comentó asimismo el lunes que por la pandemia ‘hay mucho alarmismo en los medios de comunicación. Algunos dicen que voy por mal camino. Estoy en lo que creo que hay que hacer. Puede que me equivoque, pero creo que debe ser tratado de esa manera’.

Durante una entrevista en televisión aseguró que cerrar las iglesias para evitar las multitudes es una ‘providencia absurda’. El viernes llamó al coronavirus ‘la gripe’.

En situaciones anteriores comentó que hay un ‘sobredimensionamiento de la crisis’ y que los impactos del virus son ‘mucha más fantasía de los grandes medios’.

Por esa conducta y otros hechos, cacerolazos se dieron durante ocho jornadas consecutivas en protesta además contra la llamada Medida Provisional (MP 927), firmada por el jefe de Estado, la cual permitía la suspensión de los salarios de los trabajadores.

El grito de Fora Bolsonaro (Fuera Bolsonaro) se escucha cada noche en barrios de urbes de los estados Sao Paulo y Río de Janeiro, y el Distrito Federal, donde también repican los pedidos de renuncia.

Bolsonaro decretó el lunes la MP 927 que permitiría a las empresas dejar de pagar los salarios a empleados durante cuatro meses por la Covid-19.

No obstante, horas después revocó el decreto por los fuertes cuestionamientos que recibió desde disimiles sectores de la sociedad y en especial de los congresistas.

REACCIONES

Ante el pronunciamiento televisivo, el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, escribió en la red social Twitter que ‘desde el comienzo de esta crisis he estado pidiendo sabiduría, equilibrio y unidad. El discurso del presidente se equivocó al atacar a la prensa, a los gobernadores y a los expertos en salud pública’.

Insistió en que los brasileños deben seguir las normas de la OMS respecto al virus.

Por su parte en una nota firmada por el titular del Senado, Davi Alcolumbre, se indica que ‘en este grave momento, el país necesita un liderazgo serio, responsable y comprometido con la vida y la salud de la población’.

De acuerdo con Alcolumbre, la posición de Bolsonaro, que atacó las medidas de contención de la Covid-19, es grave y va en contra de ‘las medidas adoptadas en otros países y sugeridas por la propia Organización Mundial de la Salud’.

El gobernador del estado de Maranhão (noreste), Flávio Dino, comentó que el discurso ‘demuestra que hay pocas esperanzas de que Bolsonaro pueda ejercer la presidencia de la República con responsabilidad y eficiencia’.

Bolsonaro es un psicópata que debe ser removido de su cargo inmediatamente, estimó la diputada socialista Samia Bomfim.

Analistas alertan que por el momento cunde el cansancio y la desmoralización en el entorno del político con nostalgia de la dictadura militar (1964-1985) y la irresponsabilidad y lo deshumano forman parte de la esencia para un esperado impeachment.

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