Por: Cicerón Flórez Moya

Aferrados a su torre de marfil para ignorar la realidad del país, los dueños del poder en Colombia no ven, no escuchan, no sienten. Se desentienden de los suplicios que padecen sus compatriotas. La pobreza no los conmueve y la violencia la toman en cuenta solamente cuando les llega en carne propia. Y todo lo reducen a interpretaciones acomodadas a la visión recortada que tienen. El otro recurso en que se apoyan es la mentira para mostrar los hechos con una versión distorsionada.

Y así manejan todo para proteger sus intereses. Es la estrategia de resistencia a los cambios que se están pidiendo. Porque las estrecheces que han predominado son insostenibles. La desigualdad, la impunidad, la corrupción que todo lo pervierte y las demás mezquindades no corresponden al Estado Social de Derecho consagrado en la Constitución Nacional de 1991. Para que esa norma deje de ser una ficción se imponen otras disposiciones que lleven a la erradicación de tantos desajustes económicos y sociales acumulados.

La democracia debe garantizar oportunidades para todos en empleo, emprendimiento, los derechos sociales, además de la libertad para que no se repitan las prácticas de ultraje a la persona humana.

La consolidación de la paz, tras el acuerdo suscrito entre el Estado colombiano y las Farc, exige la implementación completa y esto depende de la voluntad del Gobierno y el Congreso. Debiera ser esa prioridad de todos los sectores, tomando en cuenta que la paz no se reduce a silenciar las armas. Es también la suma de beneficios para el fortalecimiento de la sociedad sin ataduras regresivas, sin prácticas electorales viciadas, sin censura, sin protección a privilegios que generan discriminación y diezman la equidad.

¡Colombia no puede seguir atrapada en ese laberinto de tantos desgarramientos¡

Puntada

Palabras en el homenaje literario a David Bonells Rovira.

“La poesía no es de una trama de fantasías evasivas. No es especulación con las palabras.
Tampoco la construcción de soledades irremediables, o de amores que van del éxtasis al suplicio. La poesía es la vida, toda la vida, con sus realidades y sus asombros, con las expectativas y la búsqueda de opciones.

En los contenidos de los poetas está dicha esa travesía. Es la cotidianidad de la existencia humana, que además está en relación con el movimiento de la naturaleza.

David Bonells Rovira hace parte de ese ancho mundo.
Es un creador hecho de los elementos que hacen posible asumir el tránsito terrenal con sus posibilidades y sus accidentes.

Bonells está hecho de alegrías y esperanzas, de saberes y asombros, de realizaciones y frustraciones, de ausencias y regresos, de certezas y dudas, de amores y creencias que de ponto se caen.

Se dice que Bonells hace parte de la Generación sin nombre. Pero él es un nombre cargado de repertorios en continuo movimiento.

En toda su carrera de poeta Bonells ha mantenido la solvencia estética y la dinámica existencial. No ha dejado de ser. Reúne las condiciones de escritor con mucho que decir pero sin la arrogancia a que lleva la banalidad, que es falta de sustancia.