Por: Elsa Claro

Informan sus biógrafos que el Rey del Rock hizo la mayor parte de su servicio militar en la Tercera División Blindada, Friedberg, Alemania. Comenzó a aficionarse allí a las drogas estimulantes del sistema nervioso central. El convite estuvo a cargo de un sargento instructor. Ese suboficial “olvidó” advertirle que el consumo le iba a provocar adicción difícilmente reparable, y daños diversos a su organismo.

Aquel joven artista se encontraba en la cima de una carrera musical transformadora (promovió de modo creativo el ritmo del rock “clásico” con las melodías afronorteamericanas). Es triste, pero su ruina personal se ha estado repitiendo con miles de reclutas enviados a guerras injustificables. La diferencia, si existe, se debe a que él era y se mantuvo durante un tiempo, como figura de fama y quien, incluso en su decadencia, conservó simpatizantes.

Historias penosas de este corte crecieron durante la guerra contra Vietnam, cuando proliferó el uso del LSD entre las tropas estadunidenses. Se supone no ocurrió a través de un irresponsable al mando, sino empleado exprofesor para procurar de forma atrofiada, un valor beligerante a falta de motivaciones genuinas en los soldados para la letal faena.

Estas referencias vienen a le memoria debido a otro aniversario (el cantante murió el 16 de agosto de 1977, hace 42 años, la misma edad que tenía al momento de su evitable deceso). Al propio tiempo, lo motiva el encono supremo y dilatado de Donald Trump, quien lanzó y mantiene una campaña para que Europa nutra los gastos de la OTAN aumentando sus presupuestos militares.
No será por iniciativa personal que el ¿diplomático? Richard Grenell, embajador de EE.UU. en Berlín, hace unos días dijera: “Es insultante suponer que el contribuyente estadounidense debe seguir pagando para tener más de 50 000 estadounidenses en Alemania”.

El “motivo” para el desplante tiene factores combinados. Comienzan por criticar que Alemania dedique el 1,36% de su PIB a cuestiones militares cuando Donald Trump exige sea el 2%. El gabinete germano no se niega, pero quiere hacerlo a su ritmo, sin lesionar la economía propia, solo por satisfacer la agresividad ofuscada y prepotente de Washington.

Otra incidencia proviene de la pugna y los peligros fabricados por la administración norteamericana al abandonar el pacto nuclear con Irán, sin consultar a sus aliados. Los países participantes del acuerdo siguen intentado salvarlo pero, a contrapelo, Trump formula sanciones contra los persas y amenaza a todos cuantos no se sumen a sus enfermizos decretos.

Además, el gobierno dirigido por Ángela Merkel, se niega a participar de una alianza para “proteger el Golfo Pérsico”, fórmula sicalíptica y muy comprometida dentro del fabricado conflicto en torno a Teherán. Ese es otro leño en las pretensiones de dudosa moralidad expedidas por la Casa Blanca incluso dañando a sus partidarios, o todos los demás. Al paso que vamos, nadie podrá negociar libremente si EE.UU. no lo autoriza.

Alemania es uno de los garantes del acuerdo con Irán abandonado por Trump el pasado año. Junto a otras naciones, busca aminorar el daño y salvar parte de lo echado al cesto por el imprudente mandatario. “Participar ahora en una misión liderada por Estados Unidos no haría sino dificultar ese objetivo” explica el gobierno de Ángela Merkel, quien advirtió que solo participarían en esa misión si era capitaneada por la Unión Europea.

“El gobierno federal tiene sus reservas acerca de la propuesta concreta de EE.UU. y por eso no ha ofrecido una aportación propia”, explicitó Ulrike Demmer, portavoz del gobierno, añadiendo “el enfoque global de nuestra política frente a Irán difiere claramente del norteamericano, que parece dispuesto a desatar un conflicto armado en la región”.

Otro de los factores de importancia para una arremetida contra los alemanes funciona a partir del déficit en la balanza comercial en favor de Berlín. Pecado capital, según la biblia trumpiana.

Nunca faltan cómplices ni subordinados dispuestos a romper lanzas junto a quien tiene un arsenal de ellas destinadas a provocar divisiones y estropicios, aparece un chocarrero plan, con altísima dosis de vasallaje, emprendido por los ultraconservadores polacos, al anunciar que utilizarán 1 700 millones de euros para crear el Fort Trump.

Se trata de una instalación bélica en festejo del presidente norteamericano. No se sabe debido a qué, excepto el entusiasmo con el cual contribuyen para seguir estropeando vías de avenencia con Rusia y el incremento de las amenazas en torno a ella.

Desde Varsovia, la embajadora estadounidense, Georgette Mosbacher, dio el pie forzado para la copla al exponer: “Polonia cumple con su obligación de gasto del 2% del PIB hacia la OTAN. Alemania no lo hace. Agradeceríamos a las tropas estadounidenses en Alemania que vinieran a Polonia”. Estos regalos se supone fueron fraguados en la reciente visita del presidente Andrzej Duda, a Washington, pero tienen aspecto de anhelo por reírle las gracias a Trump o darle apoyo a otro mensaje anti-UE y no es el primero.

Por encima de Alemania, solo Japón tiene mayor cantidad de bases militares norteamericanas en su territorio. Representantes de los partidos germanos, reaccionaron indignados ante las declaraciones del dúo norteamericano, obviamente ecos de su presidente. Los socialdemócratas aseguraron no aceptar chantajes ni las salidas de tono de Grenell, quien vuelve a meterse donde no le corresponde.

Por su parte Dietmar Bartsch, líder de la bancada parlamentaria del partido La Izquierda, expuso: “Si los estadounidenses quieren retirar sus soldados, que se lleven también sus armas atómicas. Naturalmente a su casa y no a Polonia, ya que eso traería consigo un empeoramiento de las relaciones con Rusia”, algo ajeno a los intereses europeos y sobre todo de la misma Alemania.

No parece inteligente ni recto el lenguaje o la porfía promovidas por la Casa Blanca. Agravia a sus amigos tradicionales y estrecha la capacidad de maniobra en la búsqueda de soluciones a conflictos de gran tonelaje. Si buscan sitios para nuevos asentamientos militares en el Viejo Continente, (salvo los extremistas de la ultraderecha) los alemanes de a pie estarían muy contentos de eliminarlos. Pero pueden ser solo amenazas para amansar la soberanía germánica. Sin embargo que el Pentágono esté considerando darle baja a soldados y armamento ubicados en Incirlik, debido a las fricciones con Turquía, y ubicarlos en Grecia, da señales ambiguas.

Cuando el joven Elvis Presley estaba en su cenit artístico, había discrepancias y pujas diversas, pero no tantas ni tan enviciadas como las actuales. Si estuviera aún en los escenarios, ninguna de sus canciones, ni el voluptuoso contoneo de un cuerpo arruinado prematuramente, podrían contribuir a darle alivio a situaciones tan imprudentes como las promovidas por el jefe de su país, quien no baila, suele dar coces en todas direcciones, con feroz aberración.

Elsa Claro

Periodista cubana especializada en temas internacionales.