Por Elías Jaua Milano

En Venezuela el Presidente o Presidenta de la República se elige constitucionalmente de manera directa, secreta y universal. Resulta ganador o ganadora quien obtenga la mayoría simple de votos. En Venezuela el voto no es obligatorio.

El 20 de mayo de 2018, algo más de 19 millones de ciudadanos y ciudadanas teníamos garantizado el derecho a votar. Cerca de 10 millones de electores y electoras acudimos a ejercer nuestro derecho ese día y encontramos en la pantalla electoral, al menos tres opciones de candidatos, con propuestas programáticas distintas entre sí. Más de 6 millones votamos por Nicolás Maduro, obteniendo éste la mayoría de votos, siendo proclamado Presidente, por el órgano constitucionalmente facultado para ello, el Consejo Nacional Electoral.

El 10 de enero, fecha prevista en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, de este año 2019, Nicolás Maduro se juramentó ante uno de los órganos establecidos en la Carta Magna, el Tribunal Supremo de Justicia y desde ese día está en ejercicio de sus funciones.

El 23 de enero de 2019, el diputado Juan Guaidó se autoproclamó de manera inconstitucional como Presidente encargado de la República, en una calle, ante una manifestación pública. ¿Por qué decimos de manera inconstitucional?

Porque no estamos ante ninguno de los supuestos previstos en la Constitución, para declarar una falta absoluta.

Porque en el caso de que se produzca una falta absoluta, estando ya en ejercicio el Presidente o la Presidenta, como es el caso actual, le toca asumir al Vicepresidente o Vicepresidenta de la República, hasta tanto se convoquen a nuevas elecciones.

Porque en ningún caso nadie, en el marco de la Constitución, puede asumir un cargo de mandatario para el cual no fue electo o tal cargo no exista legalmente, como es el caso la supuesta “Presidencia interina”.

La única manera de asumir la Presidencia de la República, al margen de lo previsto en el texto constitucional, es mediante un procedimiento de facto, es decir un Golpe de Estado, que para consumarlo y ese gobierno se convierta en fuente de derecho extra constitucional, se debe tener una correlación interna de fuerzas políticas y/o militares favorables, que Guaidó ni nadie de la oposición tiene. Por lo tanto, estamos ante un precario intento de usurpación de la Presidencia de la República, por parte del referido diputado y de quienes lo acompañan en esta peligrosa locura.

Hago está introducción, para que todos y todas podamos comprender que el foco del conflicto no está en la fallida autoproclamación del referido diputado, que la gravedad del desafío que tenemos radica en que el Presidente Donald Trump, actual líder del gobierno belicista de una de las principales potencias militares del mundo, lo ha reconocido como “Presidente interino” y quiere imponernos, con sus “socios”, un gobierno, por encima de nuestra soberanía nacional.

Por eso hablamos de desafío histórico. Para los venezolanos y venezolanas, hijos e hijas del sacrificio del Padre Libertador Simón Bolívar y de más de la mitad de la población que murió luchando, en las primeras décadas del siglo XIX, por nuestra Independencia, aceptar un Presidente impuesto desde el extranjero es renunciar a tener la Patria que él y su generación nos legara.

No aceptar este agravio histórico y defender nuestra dignidad nacional es un deber, que pasa por tomar conciencia del tamaño de la agresión que está en desarrollo. No es un juego. Los imperios no juegan en broma. Juegan duro y sin reglas.

En tal sentido debemos aprender las lecciones de la historia de los pueblos que le ha tocado confrontar la agresión norteamericana.

La primera gran victoria contra este Imperio es evitar que te lleve a la guerra y a la destrucción, sin renunciar a tu dignidad como Nación. Se trata de encontrar los mecanismos y caminos para diferir o evitar la confrontación final, preservando lo fundamental del proyecto nacional.

En tal sentido respaldamos plenamente los esfuerzos por seguir tendiendo puentes hacia el dialogo y el acuerdo político del compañero Presidente Nicolás Maduro, acompañado en este empeño por la actitud patriótica y responsable de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de Venezuela, expresada en el histórico y concienzudo documento leído por el Ministro de la Defensa, General en Jefe,Vladimir Padrino López junto a toda la superioridad militar, el pasado 24 de enero de este año 2019.

Cuba es un buen ejemplo de cómo se gana la paz, con dignidad, frente a los imperialistas. Necesario es seguir oyendo al Comandante Fidel, “…a los yanquis se les confronta, no se les provoca”. Decimos nosotros, en la historia claro está que es con valentía, inteligencia y audacia, no con bravuconadas, como se puede derrotar tamaña agresión imperial.

De lo primero Vietnam es un paradigma. De lo segundo, la experiencia panameñay más recientemente la de Libia, son malos ejemplos. La suerte personal de los dirigentes no puede comprometer la suerte de la Nación, del pueblo y de su proyecto histórico.  

Llegada la hora, el pueblo y sus cuadros no se deben inmolar innecesariamente. La Patria requerirá de sus mejores hijos e hijas para una larga resistencia y su posterior renacimiento. Para ellolos revolucionarios y revolucionarias tenemosque planificar, cada quien en su territorio, y no improvisar.

Yo estoy seguro, que esta generación de venezolanos y venezolanas con inteligencia, serenidad y madurez ganaremos la paz con dignidad. Dios mediante así será. Y como lo pronosticó nuestro Comandante Chávez, Venezuela emergerá libre, soberana y prospera hacia el porvenir.

La historia no absolverá a los y las “guaidos” ni a nadie que de manera irresponsable ponga en juego la vida de Venezuela como Nación. ¡La Patria está primero, la Patria vencerá!