Por Roberto García Hernández*
La Habana (PL) Estados Unidos puso en práctica las operaciones militares contra agrupaciones del Estado Islámico (EI) en territorio sirio, bajo el riesgo de un alto costo político y sin autorización de las autoridades de Damasco, en una campaña compleja que pudiera durar años.
Como parte de sus intentos por obtener mayor apoyo internacional, el presidente Barack Obama defendió estos planes el 24 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU, donde afirmó que unos 40 países avalan sus acciones contra los yihadistas.
Al respecto un comunicado de la Cancillería siria ratificó que Damasco apoya cualquier esfuerzo encaminado a la lucha contra el terrorismo, pero reafirmó que esa lucha debe conservar la vida de los
civiles inocentes, respetar la soberanía nacional y ser de conformidad con los convenios internacionales.
A juicio del diario The New York Times, el mandatario tomó una decisión errónea al expandir los bombardeos hacia territorio sirio sin permitir un debate público antes de que el país entre en otro conflicto potencialmente largo y costoso en el Medio Oriente.
En el plano militar, desde el inicio de los ataques el 23 de septiembre, el Pentágono ha realizado más de 70 golpes contra objetivos de esos extremistas en territorio sirio, con cohetes lanzados desde
buques y la aviación militar ubicada en bases aéreas estadounidenses en el Medio Oriente.
En las operaciones participan aviones cazas F-22 -empleados por primera vez en combate-, F-15, F-16, F-18, así como bombarderos B-1 y aeronaves teledirigidas (drones), lo que en su primer día tuvo un costo aproximado de casi 79 millones de dólares.
Tales acciones contaron con el apoyo de Arabia Saudita, Jordania, Bahrein, Catar, los Emiratos Árabes Unidos y otros países aliados, aunque se desconocen detalles de la participación de estas naciones en
los bombardeos.
Los ataques en Siria, que han provocado al menos dos decenas de civiles muertos, están dirigidos contra las áreas de concentración que los fundamentalistas del EI utilizan para el trasiego de personal y logística.
Además, tienen como blancos pequeñas refinerías que ellos explotan para vender el crudo en el mercado negro como medio para financiar sus operaciones.
De forma paralela, el Pentágono ha realizado desde el pasado 8 de agosto más de 250 bombardeos para destruir posiciones del EI en Iraq.
En ambos países las fuerzas armadas norteamericanas enfrentan serias dificultades para detectar los objetivos militares del EI que deben ser destruidos porque los fundamentalistas han adoptado medidas para sobrevivir a los golpes.
Los yihadistas en Iraq y Siria viajaban en grandes columnas de vehículos con banderas que los identificaban, pero ahora se trasladan de forma más dispersa, lo que hace más difícil ubicarlos, señaló el 29 de septiembre el general Jeffrey Arrigían, vicejefe de Operaciones de la Fuerza Aérea.
La ausencia de tropas terrestres en las zonas bombardeadas hace más difícil que el mando militar estadounidense verifique los resultados de sus ataques y ocupe las posiciones de las que son desplazados los irregulares.
Precisamente, el posible envío de fuerzas de tierra adquirió nuevos matices en las últimas semanas, con la insistencia de líderes políticos y militares en la necesidad de emplearlas para derrotar a esos extremistas.
Entre los expertos en el tema parece existir coincidencia en que los golpes aéreos por sí solos no podrán cumplir el objetivo de Obama de destruir las agrupaciones del EI en Iraq y Siria, pero existen
divergencias en torno a qué país será el que aportará las unidades.
En un intento por justificar una escalada en la lucha contra el EI, Obama señaló recientemente que los servicios de espionaje de su país subestimaron inicialmente las capacidades militares de los yihadistas.
El jefe de la Casa Blanca agregó que informaciones de inteligencia más recientes han permitido conocer con mayor precisión el tipo de fuerza que es necesario utilizar para combatir a los fundamentalistas.
En ese sentido, el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, estima que no tendrá éxito la estrategia esbozada por el mandatario contra el EI, porque finalmente para derrotarlo «alguien
tendrá que poner sus botas en el terreno».
Obama insiste en que no enviará tropas terrestres a Iraq para combatir a los yihadistas y que las fuerzas desplegadas allí -unos dos mil 260 efectivos- no participarán en misiones combativas, sino en
tareas de entrenamiento a las unidades locales y en la búsqueda de información de inteligencia.
Por su parte, el viceasesor de seguridad nacional de la Casa Blanca Tony Blinken dijo a la televisión Fox News que a su juicio las bandas armadas que se oponen al gobierno sirio constituyen una fuerza
importante para combatir a los radicales, con el apoyo aéreo de Washington y sus aliados.
Al respecto, el presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Martin Dempsey, el oficial norteamericano de más alto rango, respalda la idea de usar en una ofensiva terrestre a unos 15 mil
integrantes de los grupos armados que intentan derrocar por la fuerza al gobierno de Damasco.
En cuanto a los aspectos político-legales, la Casa Blanca considera que tiene la «autoridad» necesaria para golpear a los extremistas en ambos países árabes.
Sin embargo, un grupo creciente de congresistas de ambos partidos afirman que para llevar a cabo una campaña bélica sostenida, Obama debe pedir autorización al Capitolio, ahora en receso hasta el 12 de
noviembre, una semana después de las elecciones del día 4 del mismo mes.
La mayoría de los miembros del Capitolio no parece estar ansiosa por suspender el descanso legislativo y regresar a Washington para autorizar una nueva guerra, pese a que algunos de sus colegas insisten en realizar una votación sobre el tema tan pronto como sea posible.
Además, según encuestas recientes, más del 60 por ciento de los ciudadanos estadounidenses se opone al empleo de las tropas terrestres norteamericanas en las acciones combativas en esas naciones árabes, aunque el 73 por ciento de ellos aprueba los bombardeos del Pentágono.
La escalada en el traslado de fuerzas a territorio iraquí parece indicar, según expertos, que Washington pretende a corto plazo introducir fuerzas terrestres y en ese sentido se destaca el anuncio del traslado inminente de 200 efectivos y la jefatura de la Primera División de Infantería, con sede en Fort Riley, estado de Kansas.
Como medida adicional de reforzamiento de sus capacidades en la región, Estados Unidos desplegará en el Medio Oriente una nueva fuerza de respuesta de unos dos mil marines con capacidad para intervenir en plazos relativamente breves, informó el periódico Marine Corps Times el 30 de septiembre pasado.
La unidad, cuya jefatura estará en Kuwait, se encuentra en proceso de preparación y será desplegada en los primeros meses del año fiscal 2015 -que comenzó el 1 de octubre- en el área de esponsabilidad del Comando Central del Pentágono, a cargo de las operaciones militares en la región.
La agrupación contará con aviones de ataque AV-8B Harrier, aeronaves de transporte MV-22 Osprey y cisternas KC-130, así como helicópteros, y tendrá una estructura similar a la Fuerza de Tarea Aeroterrestre de Infantería de Marina que Estados Unidos estableció en 2013 en Morón, España.
El Marine Corps Times justificó la creación de esta fuerza por la gran preocupación en el Gobierno de Estados Unidos acerca de posibles ataques contra personal e instalaciones norteamericanas en el Medio Oriente después de que el Pentágono inició los bombardeos aéreos en Iraq y Siria.
De cualquier manera, expertos en el tema cuestionan el hecho de que las críticas se centran en que el Congreso no ha aprobado las acciones punitivas contra Siria y no en la falta de legitimidad que estas tienen en relación con el derecho internacional.
*Periodista de la Redacción Norte de Prensa Latina
