United State of America era como el sol, lleno de manchas que su luminosidad las escondía.

Por Luis Manuel Arce Isaac* – periodista cubano

Es notorio que la fuerza económica y financiera de Estados Unidos está muy por encima de la política y ello quebranta la institucionalidad y anula los principios democráticos de la que tanto hablaron los líderes partidistas que ponían a su sistema por los cielos, como el mejor del mundo.

Claro, nunca lo fueron, pero al menos buscaban la forma más decente de hacer creerlo y engañar hasta a sus propios electores quienes pensaban con honestidad que todo lo que hacían los gobiernos, fueran republicanos o demócratas, al igual que sus presidentes, encajaba en los principios democráticos que decían defender.

Había una atmósfera en apariencias muy transparente en las relaciones entre los tres poderes del estado, sus fuerzas armadas y todo el entramado de la institucionalidad del país que permitía sentirse orgullosos a la mayoría de los estadounidenses, aunque los más críticos del sistema expresaban que la United State of America era como el sol, lleno de manchas que su luminosidad las escondía.

Ese fulgor ya es bastante opaco y las manchas que se observan en esa democracia y en la institucionalidad que la sustenta, se han convertido en negros nubarrones que están anunciando terribles tormentas. Esas aguas turbias pueden inundar todo el sistema y hacer naufragar a un capitalismo desbocado o salvaje, como lo denominó el papa Juan Pablo II, que nació del fuego y la pólvora, matando indios, invadiendo territorios ajenos y haciéndose grande reduciendo a la nada a los conquistados.

Pero en medio de esa barbarie había cierto orden del caos, una especie de apariencia de prestigio, de humanismo figurado, de respeto a las leyes y a la constitución, de amor a una bandera que empezó con 13 estrellas y ya va por 50 con la idea de seguir sumando otras, y marcha hacia la incertidumbre a galope tendido por encima de las letras y las palabras de la Carta Magna, la cual ha dejado de serlo para convertirse en esquela de necrópolis, como lo acaba de demostrar este martes el respetable Senado de la República.

Por votación de 51 a 47, esa cámara volvió a romper todos los estándares de una democracia ni siquiera virtual, para rechazar una moción que obligaría al presidente a respetar el orden interno político y jurídico establecido, y deba ser autorizado por el congreso para ejecutar cualquier acción militar.

El debate fue alrededor de Cuba, una pequeñita isla en el Caribe de solo 10 millones de habitantes que cabe 87 veces en el territorio estadounidense —sin armas de largo alcance, casi sin marina militar, aviones obsoletos, ni dinero donde caerse muertos, ni petróleo que robar, sin luz eléctrica para que los quirófanos funcionen y atiendan a una población semidesnutrida por el bloqueo económico—, declarada por los grandes multimillonarios y el ejército más poderoso del universo, como un enorme peligro inusual para la seguridad de esa nación.

Ese senado democrático, institucional, respetuoso de la ley del más fuerte, le da carta blanca a su presidente para que, el día que quiera, a la hora que le salga en ganas, con la intensidad que quiera, hunda en las profundidades del Caribe, con sus peligrosos cocoteros y espigadas palmas reales como misiles de palmiche, a una civilización que se niega a ser recolonizada y que jamás se arrodillará ante el agresor.

El demócrata Tim Kaine, uno de los principales promotores de la resolución, había argumentado que la orden de Donald Trump para detener los envíos de combustible a la nación antillana con el fin de detener la vida del pueblo por la sobrevivencia, constituye una acción militar y por lo tanto no debería emprenderla sin la aprobación del Congreso.

Pero, como pasó con Irán donde está mordiendo el polvo de la derrota, los vecinos de bancada le concedieron al autócrata el permiso para matar a miles, cientos de miles o millones, porque privarlos de los alimentos y medicinas que puedan salvarlos, no es un hecho de guerra, ni crimen de lesa humanidad, ni altera sus poderes bélicos, ni el bloqueo petrolero es una hostilidad activa de Washington contra Cuba.

¿Hacia dónde va la democracia y la institucionalidad en Estados Unidos? Aunque mejor sería preguntar si es que ya esa gran nación está en el punto de desprecio del orden institucional en el que la democracia cede el paso a la dictadura.

POLITIKA


*Luis Manuel Arce Isaac. Periodista cubano con más de seis décadas de trabajo profesional ininterrumpido. Fue corresponsal de guerra en Vietnam, Laos, Camboya y Nicaragua, y corresponsal de la agencia Prensa Latina en naciones como Venezuela, Uruguay, España y México.

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