Por Renán Vega Cantor | 02/12/2022 | Colombia

Prólogo de «El mundo de Cosme. Historia social de los trabajadores urbanos en el Caribe Colombiano, 1850-1930», de Sergio Paolo Solano de las Aguas. Libro No. 11 de la Biblioteca Diego Montaña Cuéllar, LA USO, 100 años de lucha y dignidad

“El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas”. -José Saramago, El viaje del elefante.

Sergio Paolo Solano de las Aguas es un notable y prolífico investigador. Su proyecto de vida en las lides de la indagación histórica se ha centrado en recuperar la importante, compleja y, por desgracia, desconocida historia del caribe colombiano, primordialmente en el período que transcurre desde mediados del siglo XVIII hasta la década de 1930. En decenas de ensayos, publicados en revistas académicas de Colombia y otros países, este autor reconstruye con persistencia y rigor, la historia social, preferentemente la de los trabajadores y los sectores subalternos. Cada uno de sus escritos es una auténtica lección de investigación histórica, puesto que en ellos se destaca la consulta de las fuentes fundamentales para reconstruir el problema planteado, el sustento teórico que guía sus indagaciones, una mirada global para comparar con realidades similares a las que bosqueja en los asuntos propuestos, un acercamiento a la escala local para comprender las especificidades de lo propio que estudia, un respeto minucioso por vincular la exposición general con los detalles particulares. Metafóricamente hablando, el autor combina el uso del telescopio y del microscopio, para ver, al mismo tiempo, el panorama general y los detalles de lo que sucede en el plano local. Asimismo, Solano de las Aguas conjuga de manera admirable el tiempo largo, con los tiempos medios y cortos, a la hora de analizar una cuestión, mostrando que los procesos no son resultado de situaciones puramente coyunturales, sino que tienen una trayectoria de larga duración, sin cuyo conocimiento difícilmente se pueden entender los sucesos de un momento determinado.
Todas estas características del trabajo historiográfico de Sergio Solano se plasman en el libro que ahora nos regala para esta biblioteca de la USO. Es un honor que nos llena de orgullo que seamos los primeros en dar a conocer su transcendental obra El mundo de Cosme. Agregar algo a este extraordinario libro es algo atrevido, por la riqueza que allí se encuentra desde su primera hasta su última página. Simplemente, en este preámbulo queremos destacar algunos aspectos, entre muchos, que sobresalen en esta magistral investigación historiográfica, concentrándonos en lo que, a nuestro modo de ver, significa como aporte al mundo del trabajo del Caribe colombiano en particular, y al mundo del trabajo en general.

FUENTES Y DOCUMENTACION
Lo primero que genera admiración radica en la enorme masa documental que el autor maneja, como se constata con la cantidad de referencias en cada capítulo y con las cincuenta páginas de fuentes que aparecen en la bibliografía final de la obra. El autor ha hecho un recorrido por los archivos de la costa caribe colombiana y de otros lugares de Colombia, ha leído centenares de periódicos, miles de documentos originales, cartas, memorias, libros de viajes, testamentos, biografías y autobiografías, novelas locales y regionales, debates parlamentarios, documentos oficiales de índole nacional y regional, crónicas y reportajes periodísticos… En cuanto a estas fuentes primarias, la base fundamental de la investigación histórica, el autor no las cita o menciona para llenar espacio o incurrir en una falsa y pretenciosa erudición, sino que las trabaja con rigor, exhaustividad y perspectiva y distancia críticas, aprovechando hasta los menores detalles que allí se puedan encontrar. También nos presenta un amplio repertorio de fuentes secundarias, configuradas por la bibliografía más representativa de la historia social de Colombia, América y Europa, referida a los múltiples asuntos que plantea en este libro. Solo basta recalcar un ejemplo: el análisis del puerto como realidad sociocultural, más allá de verlo como un simple espacio económico y lugar de transito de mercancías, se entiende mucho mejor en la perspectiva que esboza Solano de las Aguas, a partir del conocimiento de diversos estudios sobre puertos de América, como los de La Habana, Veracruz, Buenos Aires, o Rio de Janeiro. Esos estudios refuerzan y le dan consistencia a su llamativo análisis que hace sobre los puertos del caribe colombiano en ese sustancial primer capítulo referido al Puerto, el trabajo y sus habitantes.

LA CENTRALIDAD DEL TRABAJO
Una idea cardinal atraviesa este libro de principio a fin, sin necesidad de que a cada rato se esté repitiendo, sino que es su fundamento filosófico, por así decirlo. Nos referimos a la centralidad del trabajo en la sociedad capitalista que se hizo dominante en el caribe colombiano a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esta idea es importante recalcarla en un momento en que diversas tendencias ideológicas, políticas, intelectuales, sociológicas, económicas e historiográficas anuncian, como si fuera un nuevo sentido común, que el trabajo no tiene importancia en nuestro tiempo y que los trabajadores como sujetos sociales dejaron de ser relevantes, si es que alguna vez lo fueron.
En el caso de la investigación histórica, abjurar de la centralidad del trabajo ha significado la casi desaparición de los estudios sobre los procesos productivos y laborales y la implantación de una historia culturalista en la que la vida de las sociedades pareciera transcurrir al margen de la producción y de los sujetos que allí actúan, como si no existieran. En forma enfática, en la Introducción Solano de las Aguas señala que uno de sus propósitos principales es mostrar la centralidad del trabajo “para poder entender la formación de la moderna sociedad capitalista en la región Caribe colombiana, y de los cambios operados durante los decenios aquí estudiados en las formas de vida no se pueden entender cabalmente sin tener presente el elemento sociolaboral”.
Este énfasis no es una cuestión arbitraria, ni mucho menos, sino un eje medular para comprender el funcionamiento general de la sociedad, en este caso la caribeña, e incluso en el terreno en que la historiografía culturalista se extasía con asuntos referidos a la identidad, a la etnicidad, a la racialización, puesto que “viejos problemas de diversa índole (por ejemplo, los étnicos y las disputas por la redistribución del capital simbólico de la prestancia social), van a ser resignificados en varias direcciones gracias a que el trabajo como actividad vital y social fue reconsiderado de distintas maneras por los diversos segmentos de la sociedad, colocándose en el centro de los problemas entre las elites, las autoridades y los sectores laborales”.
Ahora bien, estas no son enunciados vagos y generales para reivindicar la importancia del trabajo y los trabajadores en el tránsito hacia el capitalismo, sino que se constituyen en soportes metodológicos que guían la investigación plasmada en este libro y la exposición de sus resultados en ocho grandes capítulos. En efecto, todos los aspectos considerados tienen la impronta de que el trabajo interesa, más allá de que muchos nieguen su relevancia, como se comprueba con los sustanciosos y convincentes análisis sobre la dinámica del puerto y el papel de un abigarrado y variopinto sector de trabajadores (capítulos 1 y 4), los artesanos (capítulo 3), los primeros trabajadores fabriles (capitulo 5), las formas salariales (capítulo 6), los nexos entre la política plebeya y el rol de los trabajadores como sujetos protagónicos en la historia costeña durante todo el siglo XIX y los primeros decenios del siglo XX (capítulos 7 y 8).
En concreto, el libro que presentamos constituye un importante avance historiográfico en el estudio del mundo del trabajo, avance que por su trascendencia no se reduce al caso de la costa caribe colombiana, sino que, como los grandes libros que abren frontera ‒y este es uno de ellos, pocos y cada vez menos frecuentes‒ se constituye en un modelo y una referencia obligatoria para los historiadores colombianos que aborden el estudio del trabajo y los trabajadores. Y lo es por múltiples razones, entre las que cabe resaltar, como aportes de gran calado de esta obra, las siguientes cuestiones, que no agotan sus importantes contribuciones:
Porque “se ocupa de la vida, pasión y muerte de los oficios manuales urbanos, las características de los mismos, sus avances, dificultades y callejones sin salidas, las técnicas que apoyaron su desarrollo, los ritmos de trabajo, los cambios y conflictos que se suscitaron cuando los avances del capitalismo demandaron la transformación y/o desaparición de las formas laborales tradicionales”.
Se estudian “los tejidos sociales y culturales que se fueron construyendo o retroalimentando alrededor de las ocupaciones, las consecuencias de éstas sobre los estilos de vida y en las identidades sociales de sus ejercitantes, la cultura política con la que leían el ámbito de las relaciones sociolaborales establecidas con las elites empresariales y con las autoridades”.
Se analiza con lujo de detalles la forma como los propios trabajadores conciben “su lugar en la sociedad, la mentalidad acerca de la retribución salarial justa del trabajo, la justicia social y cómo estas proveían los argumentos para justificar la protesta social”.
Se hace una caracterización minuciosa de “la evolución de grupos labores como los jornaleros, servidumbre doméstica, artesanos, braceros de los puertos, navegantes, mecánicos, oficialidad de vapores, empleados del comercio y de los trabajadores del naciente sector industrial, e igualmente del mundo social, cultural a ellos ligados y de sus relaciones y conflictos con las demás sectores sociales y con las instituciones estatales”.
Las dimensiones específicas del mundo del trabajo en la costa caribe colombiana se relacionan con sus respectivos contextos sociales y culturales, un elemento básico para determinar la función del trabajo en la reproducción del orden social. Por ello, “el estudio de los oficios se realiza en un constante diálogo con la vida social y cultural, entre el trabajo como experiencia individual y como reproductor de condiciones sociales, como un elemento clave en la construcción de unos estilos de vida que descansaban sobre unas valoraciones positivas. Esto significa […] que además de ser medios de subsistencia, las labores manuales también generan identidades grupales e individuales”.
La cultura política tradicional de la que se apropian diversos sectores plebeyos de la sociedad se examina a partir de la retroalimentación con “algunas novedades ideológicas construidas en torno al trabajo, como fue el caso de los modernos discursos sociales sobre esta dimensión de la acción humana”. En consecuencia, en este libro se recalcan las relaciones que se establecen “entre las ocupaciones, las formaciones sociales y culturales de los trabajadores, los estilos de vida, y algunos elementos de la cultura política. Para el análisis se han escogido algunos elementos de la mentalidad colectiva compartida por algunos sectores populares sobre los estilos de vida construidos alrededor de una valoración positiva de la imagen social de los individuos y sus familias, el buen gobierno, la justicia, el salario, el nivel de vida, las relaciones con la economía de mercado, las relaciones entre el trabajo y el ocio y la protesta social”.
El transito hacia el capitalismo con sus formas salariales de trabajo está atravesado por un sinnúmero de tensiones y resistencias como resultado de los cambios que se vivieron en los puertos de la costa caribe colombiana. Este análisis permite establecer “las debidas relaciones entre el mundo sociolaboral y la cultura popular, al tiempo que permite observar las dinámicas sociales que se producen entre los estratos bajos de la población, sus continuidades, fracturas y asimilaciones, como también los procesos de diferenciación que se gestaron a partir de las modificaciones operadas en el mundo laboral, social, cultural y político durante el periodo estudiado. En consecuencia, se insiste en el estudio de los procesos de diferenciación en el interior de los grupos sociales de abajo que originaron nuevos sectores”.
Lo anterior, dicho en palabras textuales de nuestro autor, ratifica la centralidad del trabajo que se reclama en esta obra, un elemento que ilumina la comprensión de la sociedad costeña desde mediados del siglo XIX, cuando comienza el transito hacia el capitalismo.

DIGNIDAD, HONOR Y AUTOESTIMA DE LOS TRABAJADORES
El largo período analítico de esta obra, que cubre primordialmente entre 1850 y 1930 ‒aunque ni mucho menos se circunscribe a esos límites cronológicos‒ tiene como telón de fondo el lento proceso de proletarización de grandes capas de pobladores rurales y urbanos de la costa atlántica. La conversión de esos sectores sociales (campesinos de hacienda, bogas de las riberas del Río Magdalena, artesanos de las ciudades…) en trabajadores asalariados no fue algo sencillo para los nacientes empresarios capitalistas, puesto que se presentó una resistencia activa y pasiva por parte de los afectados. Esa resistencia a la proletarización, un asunto del que se han ocupado historiadores de las más diversas latitudes, empezando por el caso embrionario de la Revolución Industrial en Inglaterra del siglo XVIII, es examinado por el autor de este libro, a partir del rescate de la dignidad y autoestima que caracterizó la lucha de grandes núcleos de trabajadores a la implantación de la relación salarial capitalista.
En esa dirección, el autor recupera una categoría que hace alusión a un aspecto que en la actualidad parece prehistórico y que alude a la dignidad de los seres humanos, por más humildes que fueran. Nos referimos a la idea de honor, reivindicado como un principio ético de autoestima por parte de los sectores plebeyos y que en el siglo XIX se refería a cuestionar la idea de las elites dominantes, racistas y clasistas por antonomasia, que pensaban que el honor era una cuestión de sangre azul, de “raza superior”, de noble cuna y concepciones por el estilo. Esta idea de honor como privilegio de los ricos y poderosos “blanqueados” fue cuestionada por diversos sectores subalternos desde mediados del siglo XIX, entre los que sobresalen los artesanos. Para ellos, el honor tiene un significado radicalmente novedoso y cuestionador del orden existente: se convierte en un arma para combatir la discriminación mediante la exaltación de virtudes sociales y cívicas, entre ellas la valoración del trabajo, que cuestionan los privilegios honoríficos heredados por vínculos de sangre, raza y clase. En contraposición, mediante el honor plebeyo se reivindican la solidaridad, la justicia y la honradez. En forma particular se exalta al trabajo como un valor esencial en el papel que juegan los artesanos en la construcción de la nación y como una crítica directa a los sectores de la sociedad que vivián de las rentas y la especulación. Así no se hubiera logrado una redistribución de la economía del honor a largo plazo ‒que, entre otras cosas, hoy se expresa en el aplauso a los tropelías y crímenes de los “colombianos de bien”‒, los artesanos reivindicaron en forma conjunta, como parte de su proyecto de reapropiación de valores liberales abstractos, la ciudadanía y la honorabilidad, signados por el papel dignificador del trabajo. En síntesis, los artesanos y otros sectores sociales plebeyos “hicieron sentir sus puntos de vistas de acuerdo con sus tradiciones, expectativas y las apropiaciones y resignificaciones que dieron a los nuevos discursos que llegaron a lo largo de esa centuria”.
Y esto apuntaba a combatir el honor basado en la raza y la clase mediante la reivindicación del igualitarismo, algo que aterró a las elites dominantes que, como respuesta, transitaron de su tradicional visión de una superioridad racista basada en el color de la piel y en la pureza de sangre ‒como herencia de larga duración de la época colonial‒ a reivindicar una superioridad biológica, apoyada en cierta lectura de la ciencia de su tiempo. El racismo se mantuvo en la sociedad costeña, pero ahora se apoyaba en moldes pretendidamente científicos, siempre con el objetivo de justificar la discriminación y la desigualdad.

EL LENGUAJE SOCIAL Y POLITICO DE LOS SUBALTERNOS
Un aporte transcendental de este libro estriba en que, de manera convincente y categórica, vincula aspectos que hasta el momento habían permanecido separados en el análisis historiográfico, al disociar lo económico, lo social y lo laboral del ámbito político, en cuanto a la manera como el lenguaje de la ciudadanía, por ejemplo, está atravesado por los sentires del mundo del trabajo.
Para reconstruir esta cuestión el autor realiza un recorrido de larga duración que se remite a la primera independencia de España, cuando funcionaron las Cortes de Cádiz, momento en el cual se gesta un lenguaje que cuestiona al racismo, la esclavitud y la opresión imperantes. A partir de ese ese momento, el autor recrea, con detalle y finura, las maneras cómo se configura ese lenguaje plebeyo, mediante una reapropiación de múltiples influencias de origen colonial (como los referentes a bien común) y de pensamiento liberal. Las reformas de mediados del siglo XIX fueron trascendentales en la configuración del lenguaje de los subalternos. Esta coyuntura, tan mencionada por la historiografía colombiana del siglo XIX, es leída desde una nueva perspectiva: la manera cómo esas reformas (abolición de la esclavitud y movilizaciones de los indígenas, por ejemplo) impulsaron la emergencia de un lenguaje social y político mediante el cual esos sectores leían la estructura social y racial en términos de intereses contrapuestos que estaban atravesados por el conflicto. En otros términos, “la convergencia de las experiencias y expectativas sociales, políticas y culturales de franjas de los sectores subalternos de Cartagena con el lenguaje político liberal que hizo referencia a las divisiones sociales, permitió que aquellos desarrollaran una conciencia sobre sus diferencias sociales respecto de las elites” [p. ].
Una cuestión importante que enfatiza el autor, para no desviarse de su preocupación principal, radica en precisar que en “el tema del trabajo es donde más se constata el desplazamiento que fueron sufriendo las relaciones entre el lenguaje y el imaginario social. De solo estar ligado al factor racial, fue vinculándose sucesivamente con las cualidades de las personas, con los estilos de vida, con la construcción de la nación y con la explotación económica. En el mayor de los casos las lecturas sociales y políticas se sobrepusieron a las interpretaciones económicas del trabajo”. De ahí se desprendió el orgullo de ser trabajadores, en contraposición a unas elites que despreciaban el trabajo manual y luego, a finales del siglo XIX, eso permitió comprender que eran sometidos a la explotación por otros sectores. Y esa comprensión alentó las luchas y reivindicaciones de importantes sectores de trabajadores en las primeras décadas del siglo XX, cuando el capitalismo ya se había consolidado en la sociedad costeña.


Cerramos este prólogo señalando que nos encontramos ante una obra magnifica por la riqueza de sus planteamientos, por la diversidad de fuentes empleadas, por el bagaje teórico y analítico que la sustenta y, no menos importante, por la prosa con que está escrita, clara, ágil, concisa y directa. En este libro, para demostrar aquello de que el rigor y la seriedad como criterios del pensamiento no dependen del lugar de nacimiento ‒como piensa cierto colonialismo intelectual que menosprecia lo que se hace en nuestros suelos y desde las universidades de “provincia”‒ podemos concluir señalando que en este libro resuenan a la vez, muchas voces y estilos, entre ellos los del Fernand Braudel de El mediterráneo, por la meticulosidad en la descripción y en el detalle del escenario espacial del puerto y de sus habitantes; las del Edward Thompson de Costumbres en común, por el estudio de la economía moral de la multitud y el análisis de las costumbres y tradiciones culturales de los diversos segmentos del mundo laboral de la costa caribe en la época estudiada; las del Eric Hobsbawm de Trabajadores y El mundo del trabajo, por la forma amena y atractiva con que se estudian tradiciones, prácticas, ritos y formas culturales de diversos grupos sociales, profesiones y oficios; la del Markus Rediker de El barco de esclavos y Entre el deber y el motín, por la manera cómo se reconstruyen los conflictos entre diversos sectores de los barcos y de los puertos. Este libro es una amalgama original de todos estos autores y muchos más de diversos países de nuestra América, España y los Estados Unidos, que ha dado como resultado un libro de gran trascendencia en la historiografía colombiana y latinoamericana.
Nos encontramos ante una polifonía historiográfica en la que el autor hace gala de un conocimiento de su oficio que le permite reconstruir con finura y delicadeza a lo largo de un siglo el universo laboral del caribe colombiano, con sus múltiples sujetos y protagonistas, rastreando y escuchando la polifonía de voces y sonidos del variopinto mundo de los trabajadores de los puertos, de las primeras fábricas y de los talleres artesanales. El autor nos acerca al conocimiento de la variada tonalidad del universo laboral del caribe colombiano, al que disecciona con la maestría y suficiencia de los artesanos que tan bien describe y analiza en su texto. Nos encontramos ante un artesano del saber histórico que despliega una impresionante erudición y capacidad analítica para conducirnos por los meandros del mundo del trabajo en la región estudiada. Solano de las Aguas es, para recuperar el epígrafe que abre este prólogo, un historiador de pedregal y no de autopsita asfaltada, que levanta cada piedra para indagar que había en el trasfondo y que nos dice ese rastro sobre el entorno laboral del tiempo estudiado.
Por último, los múltiples aportes de esta obra sirven a todos aquellos que sienten algún interés por comprender lo que acontece en las sociedades contemporáneas, en las cuales el trabajo se caracteriza por involucrar un conjunto abigarrado y complejo de relaciones laborales, que deben ser estudiadas con el mismo rigor y exhaustividad que caracteriza este libro de principio a fin.
Solo deseamos a los lectores que disfruten este gran libro y al autor, nuevamente, le agradecemos por ofrecernos tan importante estudio, un patrimonio investigativo de todos los que estamos interesados en indagar sobre la historia de los trabajadores colombianos.