Por Semanario Voz

Las comunidades campesinas tienen la esperanza en las transformaciones que permitan la superación de la pobreza, el acceso a la tierra y la defensa de la soberanía nacional. VOZ conversó con Nury Martínez, presidenta de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, organización que realizará su congreso nacional

Claudia Flórez Sepúlveda

La Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, Fensuagro, surgida en el año 1976 con el nombre originario de Fensa (Federación Nacional Sindical Agropecuaria), se ha destacado como uno de los instrumentos del campesinado para la resistencia y la conquista de sus luchas por el acceso a la tierra y sus derechos. Con la consigna de “fortalecernos en unidad y construcción del poder popular, para la defensa de la vida y el territorio” se realizará del 25 al 29 de agosto su XII Congreso Nacional.

Desde su nacimiento la federación plasmó los principios que guiarían el largo camino por la defensa del campesinado, la defensa de los trabajadores y trabajadoras en los territorios rurales, la búsqueda de la paz con justicia social, la unidad obrero campesina, que sumado  a  sus principales demandas como la Reforma Agraria democrática e integral, la defensa de la soberanía nacional, el medio ambiente y los recursos naturales, buscan garantizar una vida digna para la población campesina de nuestro país.

Momento esperanzador

El momento político que vive Colombia es esperanzador. Para Nury Martínez, destacada dirigente de Viotá y presidenta de la federación, el movimiento campesino y popular ha sufrido la guerra sucia. Así lo demuestra el informe presentado a la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, donde la Fensuagro evidencia que “cerca de 1.500 de nuestros mejores dirigentes y líderes regionales fueron asesinados, miles de familias campesinas desplazadas, así como detenciones y judicializaciones masivas y exiliados”.

Según Nury, durante décadas el campesinado ha tenido que enfrentar el poder del capital con sus grandes corporaciones transnacionales que han dominado el mercado agrícola, la producción y la distribución de insumos (fertilizantes, maquinaria, agrotóxicos), el control y monopolio de las semillas, imponiendo las transgénicas, es decir, ha obligado a una forma de producir bajo un modelo agro-hidro-negocio. “En el país la violencia y el despojo han sido el mecanismo usado para apoderarse de las tierras, el agua y nuestros minerales, expulsando al campesinado, para así facilitar la expansión de los monocultivos con el uso intensivo de agrotóxicos”, comenta la presidenta de Fensuagro.

Esta situación, que sumada a las grandes dificultades que producen los Tratados de Libre Comercio, TLC, en los cuales no se contempla para nada la producción campesina, ha ocasionado que la mayor producción de alimentos esté concentrada bajo una misma matriz de producción, donde menos de 10 grandes empresas transnacionales tienen el control mayoritario de la producción de semillas, de los insumos agrícolas y de la producción y distribución de los alimentos en todo el mundo.

El nefasto legado de Duque

La criminalización, la violación de los derechos humanos y no hacer nada frente al cumplimiento del Acuerdo de Paz, especialmente en los puntos uno y cuatro, es según Nury el legado nefasto que deja la administración de Iván Duque en el sector agrario. Además, resalta que no se combatió efectivamente a los grupos armados ilegales que se encuentran en el territorio permitiendo la expansión del paramilitarismo y el negocio del narcotráfico.

“Contrario a este camino, se crearon las Zonas Futuros como una prolongación de las zonas de consolidación, profundizando el desplazamiento de muchas familias campesinas. Dada la cooptación por parte del uribismo en los entes de control y de investigación tampoco se permitió avanzar en las investigaciones de los responsables”, dice la dirigente campesina.

Finalmente, Nury hace hincapié sobre los efectos negativos de los TLC para el campo colombiano: “Lo que ocasionaron estos acuerdos bilaterales fue el aumento de la importación de alimentos deteriorando la producción nacional. Hoy Colombia importa el 30% de los víveres que consume, lo cual es equivalente a 12 millones de toneladas”.

Principales debates del Congreso

Nury Martínez

Todos estos problemas serán estudiados por el congreso. Para Nury es importante reafirmar que la alimentación es un derecho y no una mercancía. Por lo tanto, se tiene que abrir el debate sobre el sistema agroalimentario industrial y sus consecuencias nefastas, contrastado con la iniciativa del movimiento popular que quiere potenciar la agricultura campesina para la salud humana, que en la actualidad deja de alimentarse con los productos de su región.

“La federación habla de una Reforma Agraria integral y popular, que va más allá del acceso a la tierra. Planteamos la construcción de un modelo de desarrollo agrícola diferente al impuesto, comprometido con la soberanía alimentaria y la justicia social, que defienda la naturaleza, pensado en una perspectiva de clase y antipatriarcal, un modelo que respete y reconozca los derechos de la comunidad campesina”, resalta la dirigente agraria.

Para Fensuagro, el modelo debe reconocer las economías locales, campesinas e indígenas, que han sustentado y alimentado históricamente las comunidades. “Se debe impulsar la producción agroecológica, proteger y producir las semillas criollas, seguir proyectando las alianzas del campo y la ciudad en iniciativas solidarias como los mercados campesinos, los circuitos de mercados en ciudades intermedias, entre otras. Son iniciativas que ayudan a mejorar las condiciones en los territorios rurales y de nuestra salud”, anota Nury.

Así las cosas, el Congreso de Fensuagro permitirá actualizar la política de la organización en una coyuntura especial con un gobierno progresista que ha planteado reconocer el papel del campesinado, enmendar la deuda histórica. El desafío de la federación será colocar en el centro del debate temas como la reforma agraria integral en el marco de la declaración de los derechos de los campesinos y campesinas, los nuevos retos en materia organizativa, la unidad y los espacios de articulación nacional, la reafirmación con el feminismo campesino y popular, y la implementación decidida de los puntos transformadores del Acuerdo de Paz.

El nuevo gobierno 

“Es el momento de iniciar cambios importantes que mejoren las condiciones de vida del campesinado, el campo y la producción campesina. En el programa de gobierno se tuvo en cuenta muchas de las propuestas hechas por las diferentes organizaciones agrarias del país”, anota Nury.

Según la presidenta de Fensuagro, el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos sería un importante avance por parte de un gobierno que piensa una transformación en el campo. En consecuencia, la adopción de la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los campesinos y campesinas y otras personas que trabajan en zonas rurales, sería una decisión política de cara a institucionalizar y garantizar la implementación de los derechos del campesinado como grupo cultural sujeto de especial protección por parte del Estado.

“Lo más importante es poder avanzar en una Reforma Rural real. Esa ha sido la deuda histórica y estaremos atentos en defender sus desarrollos y recordar los compromisos con las comunidades rurales que por años han entendido que la paz con justicia social es el mejor camino para que llegue el progreso al campo colombiano”, finaliza Nury Martínez.