Bogotá, 7 ago (Prensa Latina) Una nueva etapa comienza hoy en Colombia con la investidura presidencial de Gustavo Petro, un reconocido político que encarna las largas luchas de esta nación plural y diversa.

Junto a Francia Márquez, destacada lideresa social, ambientalista y afrocolombiana, Petro tiene ante sí innumerables retos que pasan por lograr la paz en un país donde la guerra, los falsos positivos, el secuestro, el narcotráfico, la explotación minera, el despojo de las tierras y el paramilitarismo impusieron la cultura de la muerte.

Para solucionar esos y otros graves problemas, llamó desde su campaña electoral a construir un gran acuerdo nacional en el que todos caben y llevar adelante su agenda de reformas.

Uno de los puntos más tocados en este escenario del cambio es alcanzar la paz total, la cual impone el cumplimiento del acuerdo entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia y el gobierno de Juan Manuel Santos en 2016, y retomar e iniciar negociaciones con actuales grupos armados.

Para muchos analistas, en particular el profesor Jairo Estrada, el estallido social del 2021, ocurrido en el contexto del Paro Nacional, sin dudas fue un punto de inflexión, sumado al acumulado de luchas del pueblo colombiano, para derrotar en las urnas a la derecha más reaccionaria.

La violencia policial contra los manifestantes, el asesinato de líderes sociales, ambientalistas y exguerrilleros en proceso de reincorporación, las masacres, el desplazamiento forzado, el aumento del costo de la vida y el incumpliendo del Acuerdo de Paz, fueron delineando el triunfo de las fuerzas progresistas.

El 19 de junio pasado, en su primer discurso tras conocer los resultados electorales que le dieron el triunfo, Petro señaló:

«Es historia lo que estamos escribiendo en este momento, una historia nueva para Colombia, para América Latina, para el mundo».

Lo que viene es un cambio de verdad, un cambio real, y en ello comprometemos la existencia, la vida misma, no vamos a traicionar a ese electorado que lo que le ha gritado al país, a la historia, es que a partir de hoy Colombia cambia, enfatizó Petro.

«No es un cambio para vengarnos, no es un cambio para construir más odios, no es un cambio para profundizar el sectarismo en la sociedad colombiana», recalcó ante miles de personas.

SIMBOLISMOS

La investidura de Gustavo Petro hoy, a la que asistirán una decena de jefes de Estado, expresidentes como Dilma Rousseff y Fernando Lugo, así como unas 100 mil personas de todos los territorios del país, estará llena de símbolos.

Petro tendrá varios invitados de honor, personas humildes del pueblo como una barrendera, un pescador, un caficultor y un violinista, la guardia indígena cuidará de todos, y una explosión de cultura tomará las calles y espacios públicos aledaños a la Plaza de Bolívar, escenario del traspaso de mando.

«La posesión presidencial de Gustavo Petro marca una nueva historia para Colombia porque no es la posesión de un presidente, es la posesión de los colombianos», manifestó la coordinadora de comunicaciones del acto, Marisol Rojas.

Ballet y música clásica, el Carnaval de Negros y Blancos, el Movimiento de Músicas Andinas y Comunitarias de Colombia, muestras musicales, artes plásticas, circo, entre otras, convertirán un tradicional acto político en una fiesta del pueblo.

Ayer, Gustavo Petro y Francia Márquez, recibieron de parte del movimiento social y popular, de comunidades y organizaciones indígenas, afrodescendientes, raizales, palenqueras, campesinas y LGBTIQ+, el mandato popular y espiritual.

Depositaron en el nuevo gobierno sus esperanzas para el cambio que requiere el país, sobre todo esos sectores, que han sido los más afectados por la desigualdad, los estigmas, y la violencia.

«Esperamos traerle a este país lo que no ha tenido en muchos años, la tranquilidad de la paz», dijo Petro en la ceremonia espiritual celebrada en el parque Tercer Milenio en Bogotá.

Esta simbología popular también estará presente en el acto de posesión oficial de hoy que comienza a las 15:00, hora local, y donde tres mariposas (roja, azul y amarilla, los colores de la bandera colombiana) serán el emblema de la libertad, el cambio y la fragilidad de la tierra que el nuevo gobierno promete cuidar.

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