Por: Cicerón Flórez Moya

Los colombianos deben ser conscientes que no es tarea fácil extirpar los males de la nación. Cuanto se intente a este respecto encontrará la férrea resistencia de quienes se consideran guardianes de todo lo hecho contrariando el interés público con el cálculo de someter a la mayoría de la población a la exclusión, la pobreza, la violencia, la corrupción con todas sus variables y los demás desaciertos consumados. Es la recurrencia de las equivocaciones, consentidas como forma de gobierno para satisfacer intereses particulares amasados con la avaricia de los que tienen hasta el exceso, pero siempre quieren más.

Las primeras decisiones del presidente electo Gustavo Petro son una señal inequívoca de querer corregir el rumbo de Colombia. De sacarla de la mezquindad y buscar el más óptimo aprovechamiento de sus recursos. Es darle vigencia al derecho a la vida. Es romper con la ilegalidad y hacer posible las reformas a la salud, la educación y la justicia. Es tomar en cuenta los problemas ambientales y hacer los ajustes indispensables para salvar la humanidad del colapso que pueda sobrevenir. Es darle a la política su función orientadora en beneficio colectivo y sacarla de las mañosas jugaditas de oportunistas con afanes ilícitos. Es garantizar una Fuerza Pública que no se convierta en instrumento de represión contra quienes demandan el cumplimiento de las garantías ciudadanas. Es darle aplicación correcta a la norma constitucional que consagra el Estado Social de Derecho. Es hacer funcional la democracia y no en una apariencia que muchas veces lleva al aniquilamiento en vez de convertirse en soporte de la existencia humana. El propósito del cambio no es meter al país en el laberinto de nuevos desvíos sino el de aprovechar lo que haga posible la satisfacción de tantas necesidades insatisfechas y cortar la lacerante cadena del hambre que cotidianamente asedia a una población desvalida.

¿Por qué declarar inviable la aplicación de los derechos de la infancia y tolerar el robo de los recursos destinados al programa de alimentación escolar? ¿Por qué esa mano larga para entregar contratos millonarios a los amigos cuando hay sectores sin atención en salud y otros servicios esenciales? ¿Por qué entrar en arrebato cuando se designan personas idóneas para cargos con funciones claves en el manejo de la nación?

Hay una tropa de dirigentes empeñada en que Colombia siga siendo una nación desigual. En ese empeño ponen toda su capacidad de odiar a quienes luchan por la decencia y predican el entendimiento. Es una posición de clase, orientada a sacarle utilidades a la desigualdad.

Pero llegó la hora del entendimiento para el trabajo, para que no se sigan matando líderes sociales y se les restituyan sus tierras a los campesinos desplazados. Es el tiempo de la cosecha de la esperanza, de ponerle fin al conflicto armado.

Colombia debe contar con un gobierno cuyo jefe de Estado no obre como enemigo de sus habitantes. Un Jefe de Estado que no engañe con estadísticas sobre realizaciones que no son ciertas.

A Colombia hay que ponerla en una nueva dimensión aun contra la oposición de quienes son los líderes de los malos resultados de sus políticas de gobierno. No es el odio. Es la democracia.

Puntada

El nombramiento del jurista Iván Velásquez en la cartera de defensa refuerza las posibilidades de cambio del gobierno que se inicia el 7 de agosto con Gustavo Petro en la presidencia y Francia Márquez en la vicepresidencia. Un acierto.

Cicerón Flórez Moya

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