La condena de Lucas Gnecco y la llegada de Petro al poder, son duros golpes para su emporio político y de negocios en los que la ilegalidad siempre los ha rondado

Por: Las2orillas | julio 07, 2022

A finales de los años 70 el recién creado departamento del Cesar intentaba sobrevivir después de la estrepitosa caída del precio del algodón, principal fuente de economía de esa región, que le abrió la puerta a la llegada de la marimba y el contrabando con su estela de ilegalidad.

Una de las familias que decidió apostarle al crimen los nuevos negocios en esa economía subterránea que empezaba a moverse para poder sobrevivir, fueron los hermanos Gnecco. De origen guajiro, descendientes italianos asentados en La Guajira a finales del siglo XIX, entonces vivían en el barrio Gaitán de Valledupar. El hermano mayor, Lucas, convenció a sus hermanos Nelson y a Jorge de meterse en el turbio negocio del hurto de vehículos en Venezuela, usar carros robados, cambiarles las placas y traerlos al país con los baúles llenos de Marlboro y whiskys Old Parr. Fue la semilla de la gran fortuna que empezaron a amasar que la familia en el tiempo ha intentado limpiar a punta de ganadería, contratos y política.
Lucas de Jesús Gnecco Navas se convirtió en la cabeza del clan, muy al estilo de los guajiros. Casado con Elvia Cerchar tuvieron seis hijos entre quienes se ha repartido la política y los negocios salpicados desde sus orígenes por la ilegalidad. Lucas, gobernador en dos ocasiones del Cesar acaba de ser condenado a ocho años de cárcel por corrupción.
Cielo quien se casó con el zar de las estaciones de gasolina Luis Alberto Monsalvo y dedicada a ensanchar el poder político familiar, con su hijo Luis Monsalvo Geneco actualmente gobernador del Cesar, recientemente destituido.

Jorge Gnecco Cerchar, concejal reseñado en el libro Los jinetes de la mafia, como uno de los narcotraficantes más poderosos del Cesar. Con la llegada del Bloque Norte de las AUC, comandado por Jorge 40, tuvo vía libre para crear la Convivir Guaymaral con la que presionó a la población para votar por los políticos cercanos a los Gnecco. Fue asesinado el 11 de agosto del 2001 por hombres al mando del propio Jorge 40 que recibieron la orden directa de Salvatore Mancuso y Carlos Castaño debido a una disputa por el control de la droga en la Sierra Nevada de Santa Marta. El jefe de escoltas de Jorge Gnecco era Marquitos Figueroa y él también se encargaba de otra de las fuentes de dinero de la familia, el contrabando de gasolina venezolana.

Nelson, quien reemplazó en los negocios al desaparecido Jorge quien también estuvo vinculado con grupos paramilitares según investigación de Paz y Reconciliación.

José Eduardo, mejor conocido como “Pepe” es del ala política junto a Cielo. Dos veces senador de la República, candidato a la gobernación del Cesar en el 2001, fue uno de los políticos que firmó el Pacto de Ralito con las Autodefensas Unidas de Colombia. La menor de las hermanas, Gina, ha decidido mantenerse fuera de los círculos de poder y política de su familia.

El clan Gnecco cimentó su poder en la alianza con los paramilitares que empezaron a llegar al departamento. El primero de ellos fue Juancho Prada, jefe de las Autodefensas Campesinas del Sur del Cesar, desplazado después por la máquina de guerra de Rodrigo Tovar Pupo, el carismático mamagallista de la alta sociedad de Valledupar que terminó convertido en el comandante del Bloque Norte de las AUC.

Este ejército reconfiguró el poder local en el Cesar. Tal y como lo marcan en el libro de León Valencia, Los clanes políticos que mandan en Colombia, Jorge 40 ordenó crear distritos electorales y candidaturas únicas. Presionaron y después asesinaron cualquier vestigio de izquierda, encarnada en la Unión Patriótica y Causa Común, el movimiento creado por el Imelda Daza, actual senadora por el Pacto Histórico y Ricardo Palmera, quien para escapar a la muerte –como ocurriría con muchos de su contemporáneos-, empuño las armas de las Farc con el nombre de Simón Trinidad, comandante de las FARC.

La fuerza política con la que los Gnecco se propusieron dominar el Cesar fue enfrentándose al liderazgo de Consuelo Araujo Noguera, la Cacica que convirtió el vallenato en una de las bellas artes. Los Araujo le ganaron la gobernación a Pepe Gnecco en 1994 con una de sus fichas, Mauricio Pimiento, quien en su aspiración al senado en la campaña del 2002 terminó condenado por sus vínculos con los paramilitares. Tres años después Lucas Gnecco se desquitaba quitándole la gobernación en reñida elección a la propia Cacica.

Imaginen un pulpo al que sus tentáculos comienzan a alargarse de manera desproporcionada, un kraken que todo lo quiere atrapar. Así eran los Gnecco a finales de los años noventa y en el arranque de este siglo que coincide con la toma paramilitar de buena parte de la costa caribe. Por r eso vemos a un sobrino de Jorge, Hugo Gnecco, ser alcalde dos veces de Santa Marta, entre 1992 y el 2001, sin haber podido concluir ninguno de sus dos mandatos por sus problemas de corrupción y cercanía con el Bloque Tayrona de las AUC, al mando del sanguinario Hernán Giraldo, alias Taladro, quien violó a más de 200 jóvenes en la Sierra.

En el año 2000 un cuñado de Lucas Gnecco, Rafael Bolaños, se quedó con la gobernación del Cesar. Duró un año después de que lo destituyeran por fraude contractual.

El maridazgo de los Gnecco con los paramilitares cuando Jorge compartía rutas de contrabando y de armas con Jorge 40 y con Taladro se fracturó con consecuencias mortales, que se llevó por delante a un centenar de personas. El apoyo de Jorge Gnecco a Taladro, sumado a una vieja deuda por un cargamento de droga que jamás le pagó a Jorge Tovar Pupo provocó la reacción violenta de este último. El 11 de agosto del 2001 el comandante paramilitar envió un emisario para hablar con el político y proponerle bandera blanca. Para eso debería ir a Sabanas de San Ángel, un Corregimiento de Fundación Magdalena, y reunirse con Jorge 40. Cuando llegó en su camioneta al sitio de la reunión estaban apostados ocho hombres que dispararon sus fusiles contra Gnecco. A partir de allí las AUC le hicieron seis atentados a la familia seis atentados. Esto forzó la salida de varios de ellos al extranjero y varios de ellos decidieron regresar a la tierra de sus ancestros donde se replegaron para decidir regresar en el 2011.

Y es en ese momento donde Cielo Gnecco decide tomar las riendas políticas del clan. Logra que su hijo, Luis Monsalvo Gnecco llegue a la gobernación del Cesar en el 2011. La familia no se ahorró un peso para lograr su propósito y según la ONG Paz y Reconciliación, el monto superaría los $30 mil millones. Monsalvo Gnecco repitió gobernación en el 2019 pero fue suspendido, aunque gracias a los hilos que maneja Cielo logró ser reemplazado por una de sus manos derecha.

Sus alfiles actúan sin descanso para mantener el poder de los contratos y los puestos: ahí están los concejales de Valledupar Francisco Ramirez Uhía y José Santos “Mello” Castro; el diputado de la asamblea del Cesar, durante cuatro periodos consecutivos, Jorge “Popo” Barros Gnecco y el senador José Alfredo Gnecco, reelegido por tercera vez consecutiva por el partido de la U. Un poder de todos modos muy disminuido: logró llegar con apenas 64 mil frente a los 279.414 votos de las elecciones del 2018.

La posible llegada al poder de Gustavo Petro, quien los ha enfrentado desde sus tiempos de parlamentario en la Cámara de Representantes en los debates de la parapolítica, llevaron a los Genecco a jugársela con toda, en dinero y apoyos políticos, por el candidato Fico Guiterrez. Las cosas no le salieron y Petro logró voltear a su favor el electorado del Cesar como lo demostró con una monumental manifestación en el corazón de Valledupar que se convirtió en un caudal de votos a su favor. Con su triunfo los vientos dejaron de soplar en favor de los Genecco y con Lucas condenado por la Corte Suprema a cinco años de prisión, el gobernador detenido y sus bases políticas reacomodadas , tendrán que prepararse para vivir el fin de su reinado.