El fraude que viene liderando Cristian Warnken, claramente es un pugna ideológica que viene a ser un freno al proceso de democratización popular que las clases medias apoyaron desde el estallido hasta el plebiscito para la Convención Constitucional.

Por Alex Ibarra Peña

Nuestra crisis política, por distintas razones, encuentra sus causas en los Partidos Políticos que asumieron la administración del poder durante nuestra larga posdictadura. Son muchos los nombres de los operadores políticos que usufructuaron de beneficios personales blindando el sistema económico y social a favor de los privilegiados sin mesura en la concentración y ostentación de la riqueza. Varios de estos aparecen vinculados a este mal democrático de “los amarillos por Chile”.

Otro peligro distinto, pero tan dañino como el de los operadores políticos son hoy los que desde la ideología atacan a la democracia y sobre todo a la democracia popular. Esto implica además de un interés por los privilegios de una minoría un fundamentalismo político racista y clasista. No es inocente el uso que hacen del racismo y clasismo, dado que son cuestiones que se han propagado desde los sistemas educativos y desde la promoción de lo que entendieron como “valores” culturales.

El periodista Daniel Matamala este fin de semana criticó la campaña ideológica y sin fundamentos que venía levantando Axel Kaiser (ideólogo bastante virulento al servicio de poderes económicos) mostrándonos las engañosas y falsas afirmaciones presentadas por el mencionado líder de la Fundación para el Progreso. Dejando clara una operación mercantil que se ha transformado en una de las impulsoras de la “industria del miedo”.

El fraude que viene liderando Cristian Warnken, claramente es un pugna ideológica que viene a ser un freno al proceso de democratización popular que las clases medias apoyaron desde el estallido hasta el plebiscito para la Convención Constitucional. Se han divulgado en redes sociales una serie de afirmaciones totalizadoras usadas habitualmente en campañas comunicacionales de retórica simplista sin ideas y lejos del pensamiento crítico, algunas de éstas atribuidas a este periodista destacado de los medios convencionales de información, cercano a instituciones de poder económico y de instituciones que promueven valores conservadores. También quedó en evidencia su “supuesta” falta de conocimiento del borrador constitucional y que, por lo tanto, algunas de sus afirmaciones son infundadas.

Creo que la campaña de los “amarillos por Chile” no ha sido honesta. Tal vez también se estén haciendo parte de los mercenarios que lucran con la “industria del miedo”. Están desesperados los que lucran del sistema político y económico de la dictadura tratando de sacar ventajas de donde puedan y boicoteando para tratar de salvar el mundo que disfrutan lejos de una actitud solidaria hacia los que han sufrido los males todas estas décadas.

Estos ideólogos son un problema para la democracia y siguen siendo un gran peligro. Por lo que hemos visto, ya no se detienen y sus caras son bastante duras, perdieron el recato y la vergüenza. Quienes le abren espacios a estos ideólogos o son sus patrones, o son sus cómplices. El lucro desde la política tiene un concepto mucho más claro, cuando a quien lo realiza se le da la categoría que merece, por cierto propia del corrupto que se transforma en mercenario tirando sus balas en contra de los otros. Esta es la lógica de la violencia propia de los ideólogos corruptos.