Por: Hugo Alcayaga Brisso

La convivencia nacional está siendo alterada por los nostálgicos de la dictadura, los que otrora tuvieron el poder absoluto y no aceptan que el fascismo haya perdido por paliza en el balotaje presidencial de diciembre pasado: son una minoría que repele a la democracia, la igualdad y la dignidad del pueblo, y que acomete a diario contra el actual gobierno y la Convención Constitucional que prepara la nueva Constitución.

Casi medio siglo después del término de la tiranía genocida implantada a sangre y fuego con miles y miles de víctimas incluyendo al presidente constitucional, hay quienes se quedaron atrás y creen que las FF.AA. siguen siendo “autoridad” al insistir en desconocer su subordinación al gobierno civil y dan señales que las mayorías rechazan categóricamente.

En lugar de ocuparse de entregar a los tribunales información vital para esclarecer múltiples casos de violaciones a los derechos humanos todavía pendientes, hay algunos que persisten en reclamar privilegios que ya no son suyos porque la época mas oscura de la historia ya pasó: hay pretéritos altos mandos  que han querido dar vuelta la pagina de los horrores del pinochetismo y a estas alturas mantienen la pretensión de que las FF.AA. se arroguen facultades que hoy corresponden a gobiernos democráticos legítimamente elegidos que la minoría desplazada se empeña en no tomar en cuenta.

Es lo ocurrido a raíz del reemplazo de un contralmirante de la Armada sustituido desde La Moneda por otro oficial de igual grado, de la misma institución, en el cargo de jefe de la Defensa Nacional en las provincias de Arauco y Bio bio regidas por el estado de emergencia de la macrozona sur. Esto ha sido un detonante que permanecía oculto.

El oficial reemplazado fue cuestionado por la férrea defensa que hizo en su momento – con una posición distinta al trabajo de la Fiscalía – de un infante de marina que conduciendo un camión institucional atropelló y causó la muerte a un joven de 23 años, Manuel Rebolledo, en el marco de las manifestaciones del estallido social de 2019. Ello ocurrió en Talcahuano y ocasionó un duro impacto para la ciudadanía a nivel nacional.

Junto con la indignación popular se constituyó el colectivo “Justicia para Manuel Rebolledo”, que a través de testimonios y videos acreditó que el atropello pudo haberse evitado. A la vez, la familia de la víctima solicitó al presidente de la República la adopción de las medidas pertinentes para evitar en el futuro nuevos hechos tan lamentables.

La medida que se había tomado inicialmente de nombrar a determinado oficial en la jefatura de la Defensa Nacional en el sur fue modificada. Desde La Moneda se explicó que “ello tiene que ver con nuestro respeto por los derechos humanos” y el contraalmirante aludido reconoció no tener más que asumir lo resuelto por el primer mandatario.

Los que no lo asumen son un grupo de marinos jubilados que años atrás ocuparon altos cargos y ejercieron un mando que les daba la posesión de las armas. Por ahora no se sabe si habla a título personal o lo hacen en representación de terceros en las sombras.

Un ex comandante en jefe de la Armada, Miguel Vergara, ha procedido palabras fuera de tiesto que no se pueden tomar a la ligera atendiendo el pasado golpista de esa institución. Dice que “la patria no solo puede ser amenazada por fuerzas externas, sino también desde su interior y de manera solapada. Por eso los marinos de corazón bien puesto debemos estar preparados para saltar al abordaje dejando atrás nuestro espacio de confort al igual como lo hicieron otros que nos precedieron” …

Reconocido por sus posiciones conservadoras de ultraderecha, Vergara es uno de los equivocados que cree que el fascismo se impuso en diciembre y que el pinochetismo está otra vez en el poder.  Aun con muchos problemas a cuestas, las elecciones fueron ganadas por el pueblo y la democracia sin discusión, con holgura, en forma rotunda, por un millón de votos de diferencia.

En Chile la democracia ha costado mucho, y ha muchos, por lo que no se puede seguir maltratándola y menospreciándola a través de voces sediciosas. Lo único que cabe en estos tiempos convulsionados es saber cuidarla y respetarla.

Por Hugo Alcayaga Brisso