Por Leo Castillo

El maestro Antonio Iginio Caro Romero forma parte de la historia de las artes plásticas en Barranquilla con presencia regional, nacional y muestras internacionales desde los días en que el grupo El Sindicato, en el que militaron Efraín Arrieta, Alberto Del Castillo, Aníbal Tobón, Ramiro Gómez y Carlos Restrepo obtuvo para esta ciudad el premio del Salón Nacional. Fue director de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico, catedrático desde 1974, profesor adjunto hasta 1990 y tiempo completo hasta 1999. Premio III Salón Regional 1980 y 1997, el maestro se ha mantenido como un animal plástico agazapado en su cueva, observando sin embargo el panorama del arte regional. Nos recibió una mañana, ya con unas cuantas cervezas bien despachadas, en su puesto de combate, una tienda del centro de la ciudad de la que es habitual, para conversar acerca de su trabajo y de su visión del arte en Barranquilla.

L.C.: Maestro Caro, ¿cómo ves en perspectiva las nuevas tendencias, el arte efímero en nuestra ciudad?

A. I. C.: Estuve en el Museo Metropolitan de Nueva York. Que metan personas en hornos crematorios a ver si les gusta que los quemen igual a como les hacen a otros animales martirizados y sacrificados para ser exhibidos como obras de arte. El artista debe reflexionar en la obra, sin reflexión la obra es efímera, banal. El arte es lo más serio que le puede pasar a un hombre, es la vida del artista en juego, no puede cambiar la vida por un plato de lentejas. Van a hacer un museo y una memoria por los Derechos Humanos y la reconciliación, para ello van a llamar a estos artistas de siempre, a los que llamo carroñeros.

L.C.: Hay una fuerte presencia de lo religioso, especialmente de la iconografía popular en tu obra, ¿cómo se explica esta espiritualidad?

A. I. C.: La pasan en la repetición de la repetidera, se estancan y venden estampitas; por ejemplo, las casas viejas de Barrioabajo. Había un vacío espiritual en la imagen de la costa Atlántica. Estudié en el colegio Salesiano. Las iglesias de San Roque y San Nicolás fueron mis museos, arquitecturas levantadas por hombres espirituales, la icnografía que llena estos ámbitos visita mi trabajo. Todo mi trabajo ha tenido un sentido espiritual en torno al signo y el símbolo.

L.C.: Un «arte» apenas decorativo. Hay una cartagenera que desde los años ochenta hasta 2018 pinta una ola azul monótonamente, otro se limita casi exclusivamente a replicar la marimonda del carnaval, ¿es esto pereza imaginativa?

A. I. C.: Cuando el Sindicato gana el primer premio del Salón Nacional con la técnica del mal olor (risas) yo me gano la primera mención con Respirando por la herida, tratando de buscar el espíritu. El trabajo que vengo haciendo es una reflexión sobre el ser humano y hacia el futuro. Atendiendo a que somos efímeros, no somos nada. Si no decimos lo que llevamos por dentro en la obra, estamos perdidos.

L.C.: La trampa del estilo: descubren que pueden vender un tema, un objeto durante treinta, cuarenta años y se paralizan allí.

A. I. C.: El arte no es una técnica, un estilo, una forma. El arte se dignifica y se materializa según la condensación conceptual investigativa que tenga cada artista. El arte es espíritu. El que haga artesanía que no pretenda que está cubriendo una profundidad del arte. Que miren a los clásicos, al Renacimiento. Lo espacial visto de la mejor manera. El body art, el performance… en ninguno de los premiados se ve recreación reflexiva, por ejemplo, en torno a Da Vinci. Cuando Álvaro Barrios era mi profesor insistía en Duchamp acatando sus postulados; yo, como venía de otro lado, tenía que meter el dedo en la llaga y no embelesarme con sus pajaritos dorados. Si un artista plástico pinta a una mujer y no sabe de anatomía está pintando es un cascarón, lo más simple que puede ver y entender un niño de la vida.

L.C.: La ley del menor esfuerzo. Esto viene desde un tiempo atrás; cuando artistas de tu generación apilaban zapatos, ¿había contenido allí?

A. I. C.: Espero que no sigamos pensando como niños, que quememos etapas. Pregunta a los que quedaron de El Sindicato, ¿qué están haciendo cuarenta años después? Absolutamente nada. ¿Dónde está el cinturón, dónde lo dejaron para al menos autoflagelarse? ¿Alacena con zapatos? Ni siquiera es la estética del mal olor, como lo es en El perfume, que es perseguir a la doncella. ¿Qué es perseguir a la doncella? Lo más horroroso, lo más inmundo del ser humano que a través de la purificación y de la perfección se decanta, alcanza el sentido del perfume, el elixir de la vida.

L.C.: La poesía…

A. I. C.: Barrios me decía que éramos del mismo grupo, que me uniera a ellos, yo respondía: yo tengo algo que decir, pertenezco al ala izquierda donde está el corazón, el espíritu. Hablamos de 40 años de trabajo en el Museo de Arte Moderno de Bogotá, allí estoy en este momento exponiendo mis Cristos, esculturas. Hacer el Cristo tallado, sacar el molde, hacer el vaciado, preparar la cámara, tomar foto por foto, seleccionar, decidir. Es producto de trabajo, de observación, de taller, de disciplina y muy conceptual, estoy satisfecho. Me sentí muy incómodo cuando Barrios me decía riendo que podemos orinar de diferentes colores y que eso es arte…

L.C.: ¿Qué hay de los manglares de Del Castillo?

A. I. C.: Nuestro gran amigo está perdido en los manglares (risas.) Soy un artista efímero y lo digo de la mejor manera. Cuando niño yo hacía castillos (más risas), pero podemos ser mucho más gracias al conocimiento del universo que esta era nos suministra. Podemos mirar otros aspectos de la materia, desarrollar el nivel espiritual del individuo, sobre todo del artista. En ese momento pescan en charcas regionales, en Bogotá ellos querían ser un boom, pero en el fondo los cachacos mismos no se tragaron el cuento, querían tomar muestras. Lo mismo están haciendo los curadores, agrupan a los artistas como rebaño, no los sueltan para que trabajen, es falta de formación seria.

L.C.: Cecilia Porras, Obregón, ¿qué resaltas en cuanto búsqueda del arte en la región?

A. I. C.: He reflexionado, estoy en la cueva y no sé si miraré de nuevo el sol. Yo estoy retirado de las exposiciones, sin nada que justifique mi desplazamiento. El performance es todo dinámico, pero ahora todo es amorfo y la galería es para los cadáveres. Para la región, Obregón; Cecilia para Cartagena, Botero para Medellín, Luis Caballero para Bogotá, y así… Allí están vivos. Pero está el achaque del estilo. El toro de Picasso pintado en manos de Obregón, los gordos de Botero, que vienen de Japón y la China.

L.C.: ¿Qué dices de Lamas?

A. I. C.: Esos lalitos que nos vendían antes de tanto lamerlos (risas) se nos quedó el palito solo.

L.C.: Loochkartt…

A. I. C.: Me encanta porque llevaba una vida loca, claro en sus pinturas. Ya él es cachaco, pero su espíritu es una mascarada y lo percibimos en su obra, es muy juvenil, lleva el sentido barranquillero en la forma, el color, la plasticidad, esos cuerpos que se desdoblan al estilo Braque, está vivo, eso es la pintura, para hacer poesía, su pintura es la risotada de la vida y del carnaval…

L.C.: Tópicos exprimidos, repetidos hasta el desgaste porque se venden…

A. I. C.: Es horrible… El maestro Luna da manotadas de ahogado: como nací en la hora de Corín Tellado, me gustan los carritos viejos y eso es todo (risas.) Un pintor dibujaba como Luis Caballero; ahora pinta impresionismo, luego expresionismo, pero no es cuestión de forma, estilo, tendencia: son estados espirituales. Cuando entiendan qué es el cuerpo, qué es la hostia, qué es el Cristo, qué es el agua, qué es la luz…

L.C.: El símbolo

A. I. C.: Yo no estoy hablando de modas. La Luna tiene varias fases (risas), esperemos qué pasa con el maestro. El artista muere condenado al estilo y a la forma: No puedo quedarme en la sola forma, ¿qué no contiene la sangre? Falta investigación.

L.C.: ¿Cómo percibes la Facultad de Bellas Artes?

A. I. C.: Era bello, se respiraba el óleo, el aceite de linaza, el grabado, todos esos elementos que son propios de la cocina de las artes pláticas. Álvaro Barrios hizo que me postularan como profesor auxiliar, porque me preocupaba la investigación: eso se perdió. Creé materias como Fundamentos del Diseño, Configuración Espacial para ver la materia en sus diferentes formas, en su desplazamiento en el espacio. Wilberto Echeverría me parece un muchacho inquieto. Los profesores se han anquilosado, Bellas Artes es una empresa más. Vivo y vivo y me encanta vivir. Gente que trabaja en función de una pensión, de lo que el patrón diga… Ningún artista tiene patrón.

L.C.: ¿Y el Street art?

A. I. C.: No, no, no.

L.C.: ¿Los grafiteros?

A. I. C.: Aquí no hay grafiteros. Esos que tú ves aquí en Barranquilla es porque la nueva ola de teorías de Bellas artes los castró, sin vocación para ingresar y ser artistas o pintores, no les dieron la oportunidad y tú los ves por allí por las calles pintando, haciendo grafitis pero no tienen el espíritu del grafitero.

L.C.: Se machaca sobre una supuesta carencia de espacios, galerías, museos

A. I. C.: Entendamos el espacio interior, exterior, multifuncional, los espacios de espacios. Hay un libro titulado Pido más espacio, de una escritora mexicana, habla de ventanas, de sentirse ahogada. Los espacios han estado y estarán. Lo importante es que esté el ojo visor, el espíritu para llenar espacios. En la iglesia de San Roque hay cinco viejas beatas, vas a las instituciones y todo vacío, Bellas Artes, vacío… ahorita ponen una supertienda ahí.

L.C.: ¿Prepara alguna otra exposición el maestro Caro Romero?

A. I. C.: Para este año, no. Tengo algunas ideas. Estoy desarrollando la obra Calendario, es como el Bristol, como la luna, que es signo y símbolo. El cuerpo como tal, el ser humano, es el crisol donde se cocina el conocimiento.

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*Leo Castillo es un reconocido escritor y cronista colombiano. Ha publicado los libros: Convite (Cuentos), Ediciones Luna y Sol, Barranquilla, 1992 Historia de un hombrecito que vendía palabras (Fábula ilustrada), Ib., Barranquilla, 1993. El otro huésped (Poesía), Editorial Antillas, Barranquilla, 1998. Al alimón Caribe (Cuentos), Cartagena de Indias, 1998. De la acera y sus aceros (Poesía), Ediciones Instituto Distrital de Cultura, Barranquilla, 2007. Labor de taracea (Novela, 2013). Tu vuelo tornasolado (Poesía, 2014). Los malditos amantes (Poesía, publicado por Sanatorio, Perú, 2014). Instrucciones para complicarme la vida (Poesía, 2015). Documental sobre Leo Castillo: https://www.youtube.com/watch?v=Ec_H6WMsU-c Colaborador de El Magazín El Espectador; El Heraldo y otros diarios del Caribe colombiano. Colaborador revistas Actual, Vía cuarenta (Barranquilla); Viceversa Magazine, Revista Baquiana (USA); copioso material en sitios Web. Correo: leocastillo@yandex.com.