Germán Gorraiz Lopez

La ex-república soviética de Ucrania tendría una población cercana a los 50 millones de habitantes y estaría marcada por el estigma del enfrentamiento crónico entre las tendencias filo y fobio rusas. La agudización de las tensiones latentes entre el oficialismo filo-ruso y la oposición filooccidental se desataron tras la decisión del gobierno ucraniano de “interrumpir los preparativos” de la firma de un acuerdo de asociación y libre comercio con la UE, convenio que tenía previsto firmarse en la Cumbre de Vilna y que preveía la integración de Ucrania, Moldavia, Georgia y Ucrania según los acuerdos de la cumbre de Praga del 2009.

La nueva cartografía de Ucrania

El mar de Azov es crucial para las exportaciones de cereales y acero que se producen en el este de Ucrania pues está unido al mar Negro por el estrecho de Kerch y de ahí los barcos pueden navegar hacia cualquier parte del mundo y el objetivo último de Putin sería según fuentes ucranianas “ lograr la asfixia económica de los puertos ucranianos bañados por el Mar de Azov y terminar expulsando a Ucrania de sus propios territorios”, con lo que el control absoluto del Mar de Azov pasaría a manos rusas.

La crisis de Crimea habría significado el retorno de la Doctrina Brézhnev (también llamada doctrina de la soberanía limitada), que instauró que “ Rusia tiene derecho a intervenir incluso militarmente en asuntos internos de los países de su área de influencia”, instaurando una red de anillos orbitales que gravitarán sobré la égida rusa, regidas por autócratas que sólo obedecen ciegamente los dictados de su amo Putin y entre los que descollarían el líder checheno, Ramzán Kadyrov, el bielorruso, Lukashenko y el líder kazajo Tokayev.

Así, conjugando hábilmente la ayuda a minorías étnicas rusas oprimidas (Donbass, Crimea, Ossetia, Abjasia), el chantaje energético (Ucrania y Moldavia), la amenaza nuclear disuasoria a la OTAN, la intervención militar quirúrgica (Ucrania,Chechenia y Kazajistán), la desestabilización de gobiernos vecinos “non gratos” (Georgia) y el ahogamiento de la oposición política interna intentará situar bajo su órbita a la mayoría de los países desgajados de la extinta URSS y gestar la Nueva Gran Rusia en el horizonte del 2025, fruto del atavismo de Pedro el Grande.

Para ello, Rusia inició una operación relámpago para ocupar el país y lograr en una posterior negociación el control total del Donbass, de Crimea y del arco ucraniano del Mar de Azov que se extiende desde Mariupol hasta Odessa, no siendo descartable la reedición de la guerra del Gas ruso-ucraniano del 2006 con el objetivo inequívoco de resquebrajar la unidad de los países de la UE, en la certeza de que tanto Alemania como Francia no dudarán en sacrificar a Ucrania en aras de asegurar su abastecimiento energético.

Así, la escalada de los precios del gas y la electricidad habría sorprendido a Europa con las reservas de gas en mínimos históricos 60% ) y habría escenificado el fracaso rotundo de las políticas energéticas de una Unión Europea incapaz de lograr la utópica autosuficiencia energética y una nueva Guerra del Gas tendría como efectos colaterales importantes recortes de suministro en varios países de la UE, (el gas ruso abastece en más de un 70% a países como los Países bálticos, Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría y República Checa y más del 80% del total del gas que la UE importa de Rusia pasa por Ucrania.

Asimismo, la paralización total del proyecto Nord Stream 2 que conecta Rusia con Alemania por el mar Báltico con una capacidad máxima de transporte de 55.000 millones de metros cúbicos (bcm) de gas al año y con una vigencia de 50 años, ruta vital para Alemania y los Países Nórdicos forzará a la UE a la fracking dependencia estadounidense. Así, EEUU aprovechará la crisis ucraniana para sustituir la rusodependencia energética europea (40% del gas que importa la UE procede de Rusia) por la fracking dependencia, inundando el mercado europeo con el GNL (gas natural frackeado en EEUU y transportado mediante buques gaseros), con lo que EEUU lograría el objetivo que perseguía tras la crisis ucraniana pero no podrá evitar el hermanamiento de Rusia y China que podría desembocar en un posterior conflicto a escala mundial.

GERMÁN GORRAIZ LÓPEZ
Analista político