ROBERT KROTZER

En las elecciones celebradas el domingo en Graz (Austria), el Partido Comunista se alzó con la victoria por primera vez en la historia. Jacobin habló con uno de los candidatos ganadores sobre cómo el partido construyó una «fortaleza roja» en la ciudad.

i los experimentos sociales de la «Viena Roja» asociaron durante mucho tiempo a Austria con los puntos álgidos históricos de la socialdemocracia, en las últimas décadas esta república alpina se ha convertido en un laboratorio del populismo de derechas. Pero en Graz —la segunda ciudad más grande del país después de Viena— hay una alternativa a la tendencia reaccionaria. En las elecciones de este domingo, el Partido Comunista de Austria (KPÖ) consiguió una victoria sin precedentes, al obtener el 29% de los votos. Con la derrota del conservador Partido Popular Austriaco (ÖVP), se espera que la comunista Elke Kahr se convierta en alcaldesa.

El sorprendente éxito del KPÖ en esta ciudad —que contrasta con su presencia marginal en la política nacional— se debe a años de compromiso comunitario arraigado en una firme política de clase. Su progreso no habría sido posible sin activistas dedicados como Robert Krotzer, de 34 años, que fue el segundo en la lista del KPÖ en estas elecciones. En 2017 se convirtió en la persona más joven en ser elegida para el senado de la ciudad de Graz, y desde entonces ha servido como jefe del Departamento de Salud y de Cuidados en el Departamento de Servicios Sociales.

Antes de la votación del domingo, Krotzer conversó con Adam Baltner, de Jacobin, sobre cómo el KPÖ construyó esta improbable «fortaleza roja».

AB

En las elecciones nacionales de Austria, el KPÖ suele obtener alrededor del 1% de los votos. Sin embargo, en Graz —la capital del estado de Estiria— el partido obtiene unos resultados considerablemente mejores, con cerca del 20% desde principios de la década de 2000. ¿Por qué el KPÖ tiene tanto éxito en Graz?

RK

Esto tiene que ver con una orientación política que se remonta a principios de los años 90, una época de profunda crisis para el movimiento comunista. Entonces, uno de los lemas del KPÖ Estiria era «Un partido útil para la vida cotidiana y para los grandes objetivos del movimiento obrero». En consonancia con esta máxima, el partido llevaba a cabo una política muy concreta, especialmente para los inquilinos.

En particular, [el antiguo político del KPÖ y presidente del partido en Graz] Ernest Kaltenegger realizó una gran labor en este ámbito y se ganó una reputación muy positiva entre la población. Kaltenegger siempre estaba ahí para ayudar a los demás y prestar atención a sus problemas. Hasta el día de hoy, la gente sigue contando historias sobre él, incluso arreglando cosas en sus apartamentos. Pero también politizó el tema de la vivienda.

A principios de los años 90 existieron numerosos desalojos de inquilinos, a veces con métodos extremadamente draconianos, como retirar las ventanas de las entradas de los edificios en enero, supuestamente porque las mandaban a reparar. En 1991 se creó una línea telefónica de emergencia para inquilinos como primer punto de contacto para las personas que tenían problemas con sus caseros. También se creó, por iniciativa de Kaltenegger, un servicio de asesoramiento jurídico para las «víctimas de los especuladores», como se les llamaba entonces. Gracias a esta interacción de ayuda muy concreta y apoyo jurídico, el KPÖ pudo hacerse un nombre.

Varios años más tarde se llevó a cabo una gran campaña contra los elevados precios de los alquileres en las viviendas públicas. En aquella época, incluso en las viviendas públicas, no era raro que la gente pagara hasta el 55% de sus ingresos por el alquiler. Por ello, el KPÖ presentó un proyecto de ley en el ayuntamiento que estipulaba que nadie que viviera en una vivienda pública tendría que pagar más de un tercio de sus ingresos en concepto de alquiler. Como tantos otros proyectos de ley del KPÖ, fue rechazado por todos los demás partidos. Posteriormente, el KPÖ recogió firmas, sobre todo en las viviendas públicas y junto a los inquilinos. El partido presentó entonces al ayuntamiento una «Petición de acuerdo con el derecho popular de Estiria» con diecisiete mil firmas y volvió a presentar el proyecto de ley. Esta vez se aprobó por unanimidad.

Las siguientes elecciones de 1998 supusieron el primer gran avance del KPÖ en las urnas, con un 7,9% de los votos. Los partidos gobernantes le dieron a Kaltenegger el Departamento de Vivienda, y esperaban que fracasara en esta función. Pero las cosas resultaron diferentes. De hecho, consiguió hacer bastantes cosas, como asegurarse de que cada vivienda pública tuviera su propio baño y aseo. Y luego, en las elecciones de 2003, el partido logró el 20,8%.

Todo esto demuestra que la política de izquierdas requiere resistencia y trabajo de base. También demuestra que los funcionarios parlamentarios pueden utilizar la presión extraparlamentaria para sacar adelante cosas que de otro modo no serían posibles en las relaciones de poder existentes.

AB

Acabas de mencionar no solo cómo el KPÖ ha conseguido apoyo en Graz, sino también cómo ha influido en la política de la ciudad desde su papel de partido de la oposición. ¿Qué otros ejemplos hay de ello?

RK

Uno de los logros más duraderos del KPÖ se produjo en 2004, cuando bloqueó la privatización del parque de viviendas públicas de Graz. En aquel momento, el ÖVP [conservador], el SPÖ [Partido Socialdemócrata de Austria] y, de hecho, todos los demás partidos del ayuntamiento estaban de acuerdo con la privatización. Desgraciadamente, por la misma época, un gobierno «rojo-rojo» de Berlín [una coalición entre el Partido Socialdemócrata de Alemania y el predecesor de Die Linke] privatizó los apartamentos propiedad de la ciudad.

Aunque entonces éramos un partido pequeño, conseguimos reunir más de diez mil firmas para nuestra petición contra la privatización, que según la ley de Estiria es el número necesario para un referéndum oficial organizado por la ciudad. En las urnas, cerca del 96% votó en contra de la venta de las viviendas. Hasta el día de hoy, todos los partidos han mantenido las manos fuera de las viviendas públicas: el tema de la privatización nunca ha vuelto a surgir.

Aunque nunca hemos sido uno de los partidos de la coalición gobernante, hemos ocupado cargos en el ejecutivo municipal desde 1998. Esto se debe al sistema de representación proporcional, que asigna los escaños del Senado de la ciudad en función de la proporción de votos de los partidos. En la actualidad, la presidenta de nuestro partido, Elke Kahr, dirige el Departamento de Carreteras y el de Planificación del Transporte, y yo soy responsable de Salud y Cuidados. Hemos cosechado éxitos en estas dos áreas, a pesar de las difíciles condiciones de los últimos cuatro años y medio bajo el gobierno de coalición de derechas entre el ÖVP y el FPÖ [Partido de la Libertad de Austria, de extrema derecha].

Hemos construido nuevos carriles bici y mejorado el transporte público ampliando la red de tranvías y creando nuevas líneas de autobús. Y hemos introducido el llamado Modelo de Cuidados de Graz, según el cual los ancianos dependientes de cuidados reciben subsidios de la ciudad para que puedan ser atendidos en casa y no tengan que trasladarse a residencias de ancianos.

AB

Cuando fuiste nombrado responsable de Sanidad y Cuidados en 2017, nadie esperaba que llegara la crisis del COVID-19. ¿Cómo has utilizado tu cargo para afrontar la crisis a nivel local?

RK

El Departamento de Salud de Graz es un departamento relativamente pequeño, pero no por ello menos importante. En comparación con Viena, que es tanto una ciudad como su propio estado, Graz es solo una ciudad. Por eso, a diferencia de nuestro homólogo vienés, carecemos de ciertas responsabilidades, como la administración de las asociaciones hospitalarias. Cuando me hice cargo del departamento, en los círculos del Partido de los Jóvenes [organización juvenil del conservador ÖVP] se decía: «Krotzer se queda con el Departamento de Salud porque, de todos modos, no puede hacer ningún daño allí». Esto da una idea de la seriedad con la que el ÖVP se toma los temas de la salud y los cuidados. En comparación, para nosotros en el KPÖ siempre han tenido una importancia crucial.

La política de sanidad urbana con respecto a la crisis del COVID significa, sobre todo, la localización de contactos, o sea, el seguimiento y la ruptura de las cadenas de infección. Esto es, por supuesto, una tarea enorme para cualquier agencia de salud pública. En febrero de 2020, la Oficina de Epidemiología de Graz constaba exactamente de dos puestos y medio. En noviembre de 2020, doscientas personas trabajaban allí.

Sin embargo, no nos hemos limitado a cumplir con nuestras obligaciones administrativas. Trabajando con organizaciones de inmigrantes y ancianos, así como con instituciones de asistencia social, iniciamos una cadena telefónica en marzo de 2020 para difundir información y averiguar lo que la gente sabía y necesitaba en ese momento. A continuación, les apoyamos de forma concreta, como poniéndoles en contacto con servicios de compra o proporcionándoles vales de comida.

Los gobiernos nacional y estatal hicieron numerosas promesas de que pondrían a disposición del público las pruebas rápidas de antígenos, pero en el otoño de 2020 acabamos pagándolas de nuestro bolsillo y enviándolas a residencias de ancianos, proveedores de salud a domicilio e instituciones de asistencia social. Para hacer llegar la vacuna a la población, también realizamos campañas especiales de vacunación, por ejemplo, para los vendedores del periódico callejero Megafon y en la mezquita de Graz, en las iglesias, en las bibliotecas y en diferentes partes de la ciudad. Todo ello responde a nuestro objetivo de ser un partido útil para la vida cotidiana.

AB

La cobertura de las elecciones ha estado dominada por las especulaciones sobre los partidos que se unirán a la coalición de gobierno. En tu opinión, ¿cuáles son las cuestiones decisivas?

RK

Solo en muy pocas ocasiones los votantes me han planteado la cuestión de las posibles coaliciones. Más bien, las conversaciones en los puestos de información suelen girar en torno a la ayuda que la gente ha recibido de nosotros de forma muy concreta. Y eso es una gran ventaja que tenemos como KPÖ.

Cada año, miles de personas nos visitan a Elke [Kahr] y a mí en nuestras horas de oficina. Allí vemos cuál es la mejor manera de ayudarles, ya sea asesorándoles jurídicamente, ayudándoles a rellenar solicitudes o dándoles ayuda económica directa: los representantes del KPÖ en el Senado de la ciudad y en el Landtag [parlamento] de Estiria donan voluntariamente dos tercios de sus salarios a las personas necesitadas.

Para nosotros, esto no es definitivamente caridad. Es más bien una forma de política orientada a un principio básico socialista-comunista que se remonta a la Comuna de París. Creo que es difícil hablar con auténtica empatía con alguien que trabaja a tiempo completo por 1200 euros al mes, cuando tú ganas tres, cuatro, cinco veces más. Después de todo, como dijo Marx, el ser determina la conciencia.

Además del fracaso de la política social [de la coalición gobernante de derechas], yo nombraría el rápido avance de la expansión urbana como otro de los principales problemas. En Graz se aprueban planes de construcción y se ceden espacios verdes con extrema frivolidad porque el alcalde del ÖVP, Siegfried Nagl [que dimitió este domingo], es muy amigo de los inversores. A mucha gente le molesta enormemente esto. No son pocos los que incluso me han dicho, a causa del frenesí constructor de los últimos años: «En toda mi vida no he votado a ningún otro partido que no sea el ÖVP, pero ya es suficiente».

AB

El programa del KPÖ Estiria destaca la herencia de Marx, Engels y Lenin. Debido a este compromiso abierto con una política radical, el conservador ÖVP le ha estado haciendo la puñeta durante años, aparentemente sin mucho éxito. ¿Cómo te enfrentas a las calumnias anticomunistas?

RK

En la primavera de este año publicamos un comunicado de prensa para conmemorar el sexagésimo aniversario del primer vuelo espacial tripulado. Por supuesto, la primera persona en el espacio fue el cosmonauta soviético Yuri Gagarin. El ÖVP intentó ponernos la zancadilla presentando una moción de urgencia en el ayuntamiento en la que se exigía a los partidos que se distanciaran de todas las ideologías totalitarias, incluido el comunismo soviético. Todos los demás partidos, incluidos el SPÖ y los Verdes, votaron a favor de esta moción. El ÖVP expresó entonces su indignación por el hecho de que nos negáramos.

Nuestra respuesta fue finalmente bastante comedida. Conocemos al ÖVP desde hace tiempo y sabemos lo que quieren conseguir con algo así. Nuestra concejala Elke Heinrichs pronunció un discurso en el que detalló ampliamente que el KPÖ siempre ha sido la principal fuerza de resistencia contra el fascismo en Austria y que —a diferencia de los demás partidos que han existido desde la posguerra— nunca ha tenido compañeros con pasados fascistas. En otras palabras, cuando se trata de cuestiones de distanciamiento, el ÖVP debería poner su propia casa en orden.

Por supuesto, hay muchos aspectos de la historia del socialismo realmente existente que nosotros, como comunistas y marxistas, tenemos que discutir. Pero no tenemos que hacerlo a instancias del ÖVP, y menos aún a través de la lente con la que ellos ven la historia.

Esta táctica anticomunista del ÖVP nunca fue un tema de discusión en ninguno de nuestros puestos de información. Creo que probablemente pasó desapercibida para la población en general, porque bastantes personas ya tienen una conexión muy concreta con el KPÖ: o conocen a uno de nosotros, o nos ven por la calle, o saben que somos la razón por la que existe la línea de atención a los inquilinos. Estas cosas son mucho más importantes para la gente.

AB

Hasta ahora, el éxito del KPÖ en Graz no se ha reproducido en otras ciudades de Austria. ¿Crees que se puede construir un movimiento político nacional o incluso internacional a través de la política municipal?

RK

Naturalmente, no predicamos el socialismo en una ciudad o algo así como una transición municipal al socialismo. Pero estoy convencido de que la política de izquierdas debe desarrollarse desde abajo. Y eso significa echar raíces en el nivel del municipio, o incluso en el taller, y estar en contacto constante con la gente. Es importante comprometerse en ámbitos en los que puedas demostrar concretamente que eres una fuerza útil. Y los partidos obreros pueden aprender mucho de este tipo de compromiso.

En las últimas décadas, la izquierda puede haber descuidado un poco esta idea. La gente ha pensado que tenemos textos sofisticados, que tenemos los volúmenes de Marx y Engels y Lenin, y que con ellos seremos capaces de enfrentarnos al mundo. Pero solo a través del intercambio constante con la gente se puede averiguar dónde están los verdaderos problemas. Si tú y tus compañeros queréis trabajar juntos para cambiar y mejorar las condiciones de la gente, este conocimiento es fundamental.

Hay varios ejemplos de éxito de la política de izquierdas en el ámbito municipal o de los sindicatos: por ejemplo, en el Alentejo, en Portugal, donde hay comunidades administradas por el Partido Comunista Portugués desde la Revolución de los Claveles de 1974, o la [organización sindical afiliada a los comunistas] PAME, en Grecia.

Una novedad interesante es el éxito del Partido de los Trabajadores de Bélgica. Sobre la base de sus antiguas raíces en la organización sindical, este partido logró convertirse en una fuerza en la política municipal antes de dar el gran salto a la escena nacional en 2019. Este logro es realmente impresionante. Pero también se desarrolló a pequeña escala. Desde luego, no habría sido posible sin las raíces locales.

Por Adam Baltner

La ciudad de Graz. (Foto: Isiwal / Wikimedia Commons)