Por Semanario Voz –

Asistentes al primer encuentro programático de la Coordinación Nacional del Pacto Histórico

El seminario del Pacto Histórico realizado el 30 de agosto ha propiciado un primer debate sobre el contenido de propósitos y objetivos de la convergencia en un rico intercambio de ideas con clara perspectiva de nuevo poder. Clara López hizo la presentación de Lista Programática y Agenda del Cambio como un abrebocas a la discusión y como resultado de los foros que la Comisión de programa ha realizado a partir de cuatro ejes y veinte temas.

Los ejes previstos proponen cuatro pactos: pacto para recuperar el trabajo y la productividad; pacto por la vida digna, garantías y oportunidades sociales; pacto por la naturaleza y para afrontar la crisis climática; pacto por la vida, la paz y la democracia.

Este debate estimuló la expresión de opiniones, de aportes y muchos puntos de vista diversos. La construcción del programa debe reflejar el carácter pluralista del Pacto Histórico a partir de tres realidades materiales determinantes en la contemporaneidad social y política de Colombia: el acuerdo final de paz de las FARC y el Estado colombiano, el gran paro nacional de abril, expresivo de una rebelión popular en desarrollo y los procesos de convergencia alternativa que cuestionan el sistema político y social dominante. Los firmantes del Acuerdo de Paz en representación de la ex guerrilla, que han manifestado su apoyo al Pacto Histórico deben integrarse a la construcción y cualificación del programa.

El debate sobre qué es y por qué lucha el Pacto Histórico está abierto. Tiene por delante la tarea imperiosa de materializar el Acuerdo Político Base para las listas de coalición que deben tener una alta representatividad de la convergencia en términos de paridad de género, visiones políticas, sectores de la lucha obrera, popular, barrial y rural, culturas étnicas y diversidades.

Pero la específica conformación de un movimiento que busca integrar en el compromiso a los más amplios componentes de la inconformidad social, política, cultural y moral del país ha de poner el acento en la comprensión del sentido del momento histórico y en las motivaciones que subyacen en los comportamientos sociales disruptivos, que han mostrado nuevas dinámicas del movimiento popular las que deben ser observadas tanto a partir de las movilizaciones masivas de los últimos años como en los cambios, en los comportamientos electorales de nuevas capas sociales, particularmente de la juventud, las mujeres y los pueblos originarios.

Metodológicamente se trata de identificar las motivaciones profundas del levantamiento popular. El rechazo a la política del Estado y del militarismo es una razón fundamental de la rebelión de las y los jóvenes, en tanto son sobrevivientes de la guerra, exclusión y el menosprecio, de la infame “limpieza social”, de los “falsos positivos” y del genocidio político contra la izquierda.

Las lecciones y experiencias de los paros cívicos, huelgas, marchas, mingas y movilizaciones en lo que va corrido del siglo muestran coincidencias programáticas de facto en las reivindicaciones, las denuncias ante los crímenes, el repudio al tratamiento militarizado a la protesta ciudadana, el desenmascaramiento del paramilitarismo asistido por el Estado e impuesto por el imperialismo estadounidense.

Se exige también el desmantelamiento del Esmad como instrumento represivo y violento. En esa línea, los esbozos de una rebelión popular comienzan a manifestarse desde 2013, en el paro nacional agrario, que intentó ser invisibilizado y negado por el jefe del Estado de entonces, en tanto la urbanización creciente de la ola abarca las grandes acciones populares de 2019 a 2021 en la generalización nacional de la protesta como explosión social de abril.

En auxilio de una explicación de las causas reales de esta situación (“peor de lo que nos imaginábamos”, Editorial, El Espectador, 5.2021.9), que no son todas atribuibles a la pandemia, la propuesta alternativa de un proyecto democrático está en el corazón de los grandes problemas nacionales.

La mayor parte de la sociedad colombiana anhela superar el estado de cosas existente. Nadie tiene la capacidad en la coyuntura de imponer un borrón y cuenta nueva. Pero se requiere una ruptura democrática con la política neoliberal, la concepción militarista del poder que utiliza la táctica fascista de la estigmatización, del gheto mediático, los perfilamientos, la represión policial brutal, la judicialización de la protesta legítima y la prolongación de la guerra anti campesina con procedimientos de máxima letalidad.

Las y los principales beneficiarios y responsables de esta debacle social son los burgueses y sus voceros del orden dominante que sostienen la derecha, se benefician de la corrupción y de una versión mafiosa del Estado policial.

Consecuencias: por su compromiso de construir un programa con el pueblo el Pacto Histórico es de suyo un proceso anti fascista. Un eventual gobierno alternativo tendría que ser de coalición y deberá responder por soluciones y respuestas básicas: reforma rural y soberanía alimentaria, diálogo y solución política, vivienda digna, saneamiento básico y servicios públicos, sistema preventivo en salud, Estatuto del Trabajo, política exterior soberana, independiente, de paz, de no intervención, de amistad, de solidaridad y cooperación con Latinoamérica y el Caribe.

La pedagogía necesaria desde el pueblo exige una dialéctica de acuerdos político-programáticos, veedurías populares generalizadas y movimientos de presión y defensa cívico-popular de masas y una plena participación de la mujer como garante y aportante de la conquista de sus derechos y coedificadora de la nueva sociedad democrática.