Por: Cicerón Flórez Moya

Un cambio de rumbo de la nación, basado en la democracia, no le hace daño a nadie. Ningún colombiano va a perder y todos serán ganadores, con reconocimiento de sus derechos y en condiciones de igualdad.

Se tienen que desmontar todos los factores que son caldo de cultivo de la violencia, de la pobreza, de la corrupción, de la desigualdad, de la discriminación, de los abusos de poder y de los atrasos acumulados.

¿A quién perjudica el reconocimiento de sus derechos con respecto a la seguridad, el trabajo, la salud, la educación, la vivienda o la garantía de contar con una justicia sin sesgos y oportuna? Se necesita que Colombia sea en realidad un Estado social de derecho, como está consagrado en la Constitución de 1991. No puede seguir siendo esa norma una ficción. Debe traducirse en hechos funcionales como en reparto equitativo de la propiedad de la tierra para superar el régimen feudal imperante que reduce a la mayoría de la población campesina al desplazamiento y a la pobreza, más el riesgo de ser víctima de los promotores de la violencia criminal al impulso de su codicia irrefrenable.

Si las fuerzas políticas que dicen querer un cambio de rumbo del país fueran coherentes, buscarían construir un movimiento de unidad, aun con reconocimiento de las diferencias existentes entre unos y otros líderes de las mismas. Lo que se requiere es un programa que recoja un plan de gobierno para infundirle a la nación una dinámica democrática que la sustraiga de la mezquindad y de las “jugaditas” destinadas a bloquear las soluciones prioritarias.

Hay que desamarrar al país de la tradición cavernaria, a fin de no seguir en el engaño con la fórmula de “más de lo mismo”, equivalente a esa pócima tóxica con la que se busca hacer trizas cualquier posibilidad de renovación democrática.

No hay que apostarle al unanimismo en el proceso de renovación que se busca para Colombia. Lo viable es tener un común denominador con respecto a las políticas con las cuales busca hacer efectivo poner a Colombia en una dimensión de paz, con un Estado que sea garantía de satisfacción para todos.

Si quienes han gobernado no tuvieron ni la comprensión, ni la voluntad, ni la capacidad para hacerlo con la responsabilidad con que debieron asumir su gestión, no pueden seguir en el papel de mulas muertas estorbando el camino. Fracasaron y como la nación tiene que seguir construyéndose les toca apartarse y dejar que la dinámica de la historia le infunda a Colombia las fortalezas que la existencia de sus
habitantes reclama.

Esta causa no se puede dilapidar. No hay que dar lugar a caer en una nueva frustración.

Puntada

El proyecto de creación del Distrito de Cúcuta debe recibir apoyo militante de todos los sectores. Hay que expresarlo ante el Congreso y el Gobierno del presidente Duque.

Cicerón Flórez Moya

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