Lic. José A. Amesty R. | 5-agosto-2021|

Históricamente, los EEUU en sus tropelías criminales capitalistas, se han aprovechado de países servidores y arrastrados, contra otros países que no se han doblegado a sus intereses. También de sujetos y sectores de ellos; y en casos específicos en verdugo de países como Haití, Cuba, Nicaragua y Venezuela, entre otros. Y últimamente, se ha hecho acompañar de Colombia, para continuar amedrentando e imponiendo sus intereses.

Una prueba de lo anterior se demuestra, por ejemplo, cuando, el 7 de julio fue asesinado el presidente de Haití, Jovenel Moïse, luego de ser brutalmente torturado y desmembrado. Tal magnicidio fue realizado por un grupo de mercenarios integrado por 26 colombianos y 2 estadounidenses de origen haitiano residentes en Miami. Esos mercenarios fueron hasta hace poco tiempo miembros activos del Ejército colombiano.

Del grupo de sicarios forman parte militares, que están siendo investigados por haber participado en asesinatos en Colombia (en los mal llamados “falsos positivos”) y uno de ellos, Mauricio Groso Guarín, es primo hermano de Rafael Guarín, el Alto Consejero Presidencial para la Seguridad del gobierno de Iván Duque, el mismo que de inmediato salió a decir que no conocía a su primo, nunca lo había tratado y tampoco sabía que había sido miembro del Ejército.
También, mientras las fuerzas de seguridad colombianas, asesinaban y torturaban a la población para detener el estallido social, y mientras mercenarios colombo-estadounidenses asesinaban al presidente haitiano Jovenal Möise, los estadounidenses prefirieron atacar a Cuba, montado en unas manifestaciones de protesta en la isla, reafirmando que como castigo sostenía las 243 medidas en contra de la mayor de las Antillas.

Realmente es una trama donde están involucrados varios personajes: colombianos, gringos, mercenarios, militares, políticos corruptos de otros países, entre muchos otros, pero con la venia y detrás de EEUU, veamos otro ejemplo: el avión privado de la empresa dominicana Helidosa (siglas HI949) que usaron el 21 de mayo para trasladar a los organizadores colombianos y estadounidenses del magnicidio del presidente de Haití Jovenal Moïse la madrugada del 7 de julio, fue el mismo que llevó hasta Barbados al exdiputado opositor venezolano Juan Guaidó, un “presidente interino” made in Washington, que hoy pocos recuerdan.

Igualmente, La compañía de aviación Helidosa, propiedad del excandidato presidencial dominicano Gonzalo Castillo, admitió los servicios de traslado de los mercenarios y el de la viuda, reseñó el portal La Tabla, que reveló las imágenes del viaje que trasladó al financista ecuatoriano Walter Veintemilla, al médico haitiano Christian Sanon, al exmilitar colombiano Arcángel Pretel Ortiz y al contratista venezolano Antonio Intriago, dueño de la empresa CTU Security, señalada de contratar a los exmilitares colombianos.

Cabe recordar, en relación a los militares colombianos que internamente están implicados, en por lo menos dos casos: uno, el asunto de los narco-para- militares-oficiales para la exportación, educados y entrenados por las armas incorruptibles de la República (con la ayudita de los instructores y mandos estadounidenses, israelíes e ingleses), que ahora se quiere presentar por los periodistas prepago del régimen, como unos pobrecitos mercenarios (que al igual que las prostitutas hacen todo por dinero) despojados de la arraigada motivación y de su largo entrenamiento contrainsurgente y anticomunista, profundamente interiorizado que motiva todas sus acciones, y cuyas últimas acciones encubiertas más publicitadas internacionalmente son: La ejecución del presidente de Haití Juvenel Moïse este 07.07.2021. La muerte y mutilación del cadáver del guerrillero ciego Santrich. Y las varias infiltraciones previas hechas en territorio de Venezuela, con el fin de dar muerte al presidente de ese país o desestabilizar su gobierno.

Dos, el triunfo del infatigable trabajo de las Madres de Soacha (versión colombiana de las Madres de la plaza de mayo argentinas) y de sus equipos de asesores jurídicos, que apoyadas por innumerables defensores de los Derechos Humanos tanto de Colombia como del mundo, y de un grueso Movimiento Social colombiano de solidaridad; para que se esclarezca definitivamente esa barbaridad militarista de los llamados Falsos Positivos, ocurrida (hasta donde se sabe) durante el Uribato de AUV y JM Santos, que dejó más de 8 mil víctimas de muchachos fusilados a sangre fría en algún potrero, luego disfrazados como guerrilleros y mostrados en la prensa adicta al régimen como terroristas dados de baja en cruentos combates con la subversión guerrillera.

En realidad, como lo señala el escritor Renán Vega Cantor, lo que acaban de realizar los mercenarios colombianos en Haití no es novedoso, en términos de realidad nacional. Eso mismo es lo que hacen las fuerzas militares, incluyendo a la policía, en nuestro país (Colombia) desde hace 70 años y han dejado a su paso una interminable estela de sangre y horror.

En su prontuario deben contabilizarse miles de masacres, torturas, desapariciones, bombardeos, fosas comunes, principalmente en zonas rurales, pero que en los últimos meses se ha hecho evidente en las ciudades, como se comprueba con las decenas de colombianos asesinados durante el paro nacional por fuerzas policiales, militares y paramilitares. Por si hubiera dudas, deben recordarse los asesinatos de Estado mal llamados “falsos positivos”, con miles de colombianos masacrados con saña y premeditación por grandes “héroes” de la patria, bajo la conducción de varios matarifes vestidos de civil.

Pero también debe considerarse la formación internacional como sicarios y mercenarios que brinda Estados Unidos, a través de la Escuela de las Américas, esa fábrica internacional de torturadores y asesinos con uniforme. En el caso de los asesinos del presidente de Haití, el Departamento de Defensa, señala que han “recibido algún tipo de educación y capacitación financiadas y proporcionadas por Estados Unidos”. En efecto, el Departamento de Defensa de ese país, indicó que hasta el momento tiene información de que en ese país se formaron siete de los colombianos que masacraron al presidente de Haití y que los entrenó en “operaciones antidroga, capacitación en liderazgo de unidades pequeñas, capacitación en derechos humanos, capacitación médica de emergencia, alguna capacitación en mantenimiento de helicópteros”, entre otras.

En la comunicación oficial, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos insinúa que no hay que hacer tanto ruido porque los mercenarios hayan sido formados en ese país, puesto que se trata solamente de “un pequeño número de colombianos detenidos” y, además, señaló que este tipo de entrenamiento es “muy común” y no condujo ni alentó a “lo que sucedió en Haití”.

Y para muestra de esta barbarie legalizada, como lo ha dicho sin aspavientos ni filtros, la precandidata presidencial María Fernanda Cabal, tan ligada a sicarios con y sin uniforme de los Ejércitos Anti-restitución de Tierras: “Es que el Ejército no está para ser damas rosadas, el Ejército es una fuerza letal de combate que entra a matar”.
En síntesis, Colombia apoyado por EEUU, se ha convertido en la punta de lanza contra los pueblos progresistas de América Latina, vociferando mentiras y calumnias, por ejemplo, contra Cuba.

En un artículo llamado “La jugada infame de Colombia hacia Cuba”, ya señalamos: ahora sí, veamos la jugada de Colombia. La famosa revista colombiana Semana, reseña que, según investigaciones del Estado colombiano, Cuba estaría tratando de tener influencia en el territorio colombiano, incluyendo en las elecciones del 2022, se dice que hay planes también para desestabilizar el país e incluso, que la seguridad nacional podría estar en riesgo.
En un documento conocido por la revista Semana, se señala que “Cuba ejecuta una estrategia de injerencia en Colombia a través de la orientación de cubanos, con cobertura diplomática en organizaciones sociales solidarias, la infiltración de programas de cooperación con autoridades locales y su financiación por medio del ELN”.

A su vez, el Documento, regando su veneno, indica que el Embajador de Cuba en Colombia, José Luis Ponce Caraballo, al ser mencionado en el supuesto Informe, el diplomático empieza a perder confianza ante el Gobierno colombiano. Más aun, cuando se conoce que el embajador cubano en Colombia, “habría sido expulsado de Estados Unidos por espionaje el 19 de agosto de 1996”.

Así mismo, Edward Rodríguez, congresista del Centro Democrático, opinó que Cuba no es el país solidario que pretenden mostrar, sino “un país con intereses relacionados con Venezuela, con Rusia y esto no se trata de otra cosa, de lo que ellos han venido sembrando en el país”.
En el informe, al que se refiere la revista Semana, se dice que se están propiciando labores “de reclutamiento-adoctrinamiento de jóvenes”, con un perfil de inconformidad y vulnerabilidad al no recibir apoyos del Estado, y se impulsa la protesta social para golpear al actual Gobierno y generar un ambiente de inestabilidad y caos. Por esto, el representante sostuvo que es preocupante que “hay unos infiltrados, que efectivamente han venido generando pánico y nos preocupa que sea Cuba el país con el que hoy tenemos relaciones, que no tenga transparencia y que esté generando ese tipo de actividades”.

Además, Rodríguez considera que el gobierno cubano tiene intereses que no está llevando por la vía diplomática, sino que está yendo a ciudades en Colombia para hacer “cabildeo de supuesta cooperación”. Para él, Cuba le está haciendo la tarea a Venezuela, por lo que es necesario prender las alarmas, porque “algo huele mal en esa relación”.
En fin, los EEUU como ya señalamos, se hace de “socios” para ayudarse en su campaña de intervención en los países, principalmente no afectos a sus intereses, propiciando una serie de acuerdos y utilización de personas, instituciones y otras.

José A. Amesty R.