Por Semanario Voz

El fratricidio causó conmoción. La “gran prensa” comenzó a especular y con grandes titulares precisó: “Ministro de Defensa dice que fue un problema de faldas”. La revista Semana señaló: “Por culpa de Petro, Caín asesina a su hermano Abel”. RCN tituló: “Maduro responsable de la muerte de Abel”. Finalmente, Álvaro Uribe al ser consultado sobre qué opinaba de Caín, aseveró: “¡Es un buen muchacho!”

Arlés Herrera – Calarcá
@calarcaoficial

Sin lugar a duda, el mundo cristiano conoce al dedillo la historia sagrada en donde se describe una serie de acontecimientos, entre otros el relacionado con la vida de Adán y Eva, motivo de inspiración para escritores, pintores, caricaturistas, etc. Miguel Ángel, el Tiziano, Durero y otros pintaron bellos cuadros en donde recrearon el idílico paraíso.

Hay un hecho de suma importancia, la expulsión de Adán y Eva del paraíso, lo cual fue una flagrante violación de los derechos humanos, hecho que trajo como consecuencia un estallido social liderado por los jóvenes de un país consagrado al Corazón de Jesús.

Es conocido que Adán y Eva tuvieron dos hijos, Caín y Abel. Todo parecía que en esta familia reinaba la armonía, pero no, allí había fuertes discusiones entre hermanos en los cuales tuvo que intervenir la señora Eva, mujer de porte robusto. Ella, como una mujer salida de un cuadro de Botero, hacía que su recia personalidad imprimiera calma ante los ánimos exacerbados, generando paz y reconciliación.

Rambo

Abel era trabajador, ayudaba a los menesteres de casa, aportaba económicamente, organizaba la celebración del Día de Madre, a quien invitaba a almorzar a Cali a tomar champús valluno y comer aborrajados. A este muchacho le iba bien vendiendo el chance, tanto así que buena parte de las ganancias se las ofrecía al padre celestial. Dios le cogió mucho cariño por ser tan detallista con Él.

En cambio, Caín era otra cosa, como dicen las juventudes, era una «caspa». No gustaba del trabajo, no aportaba ni cinco para los gastos de casa, además, si llegaba a ver qué había en las ollas para arrasar con lo que hubiese de comer, le hacía matoneo a su hermano y se la pasaba todo el día viendo televisión, decía que él quería ser como Rambo o vincularse a alguna organización delincuencial donde se viera el billete verde, o ser parlamentario a nombre de algún partido para que le dieran mermelada y contratos con la nación.

Después de soñar por largas horas, se levantaba de mal genio y la emprendía contra Abel tratándolo de idiota y lambón con Dios. Adán y Eva le llamaban la atención para que no siguiera metiendo perica y su contestación era: “no me jodan, ¡yo hago con mi vida lo que me da la verraca gana!”.

Un día cualquiera tuvo un fuerte altercado con su hermano Abel, Caín sin pensarlo tomó una quijada de burro y le asestó un tremendo y contundente golpe, que bastó para quitarle la vida.

Titulares

El crimen causó conmoción. La “gran prensa” comenzó a especular y con grandes titulares precisó: “Ministro de Defensa dice que fue un problema de faldas”. La revista Semana señaló: “Por culpa de Petro, Caín asesina a su hermano Abel”. El Tiempo aseguró “que no era quijada de burro, sino de yegua”. RCN tituló: “Maduro responsable de la muerte de Abel”. Caracol con gran despliegue sentenció: “Putin le aportó la quijada del burro a Caín…”. Finalmente, Álvaro Uribe al ser consultado sobre qué opinaba de Caín, aseveró: “¡Es un buen muchacho!”.

Como era de esperarse, Dios se puso mal genio y preguntó: “¿Caín en donde está tú hermano?”. Este, de forma desatenta y con tono altanero, respondió: “Si no sabe usted, que anda metido en todas partes, yo menos puedo saber en dónde se encuentra ese man”. Dios le dijo entonces: “Sobre tí caerá todo el peso de la justicia”, a lo que respondió: “Me resbala la justicia, soy “llavería” del fiscal Barbosa, del Defensor del Pueblo, del Procurador General de la Nación, del presidente Duque y del verdadero mesías ‘Varito’, tengo a mi favor la plana mayor del Centro Democrático”.

Caín arregló maletas y salió huyendo “como alma que lleva el Diablo” claro, con la complicidad efectiva de la policía.

Al poco tiempo se supo que se había vinculado como sicario de cabecera, al servicio de Pablo Escobar y que junto a Popeye salían a hacer “vueltas” y encargos macabros a las peores mafias del país. Dicen que se vinculó a las AUC comandadas por Carlos Castaño, pero que al poco tiempo se aburrió de ser mercenario y paraco alquilado y montó su propio negocio de tráfico de coca junto a un oficial del ejército, quien le dijo que era “uña y mugre” del director de Aerocivil, que es el que despacha los aviones con la coca de Pablo Escobar.  “Nos vamos a tapar de billete, mi hermano”, le dijo.

Caín amasó una gran fortuna, lo que le permitió apoyar económicamente la candidatura de Iván Duque, comprar los votos necesarios para salir elegido parlamentario; en todos los debates se opuso a los acuerdos de La Habana, apoyó la reforma tributaria de Carrasquilla, apoyó el decreto 575, entre otras “jugaditas”.

Nacimos gritando

Ahora, en el gran paro nacional -que heroicamente lidera una juventud valiente, decidida y pensante- lo han visto en Cali en una lujosa e imponente camioneta blanca, vestido también de impecable traje blanco, esgrimiendo en su mano un sofisticado fusil, gritando amenazante y furioso: “¡Fuera indios de Cali!”, al tiempo que las ráfagas que salen de su arma homicida caen indiscriminadamente sobre los manifestantes y más de diez indígenas son impactados y gravemente heridos; por culpa de esta acción cobarde y criminal, la periodista y comunicadora social, Beatriz Cano, fallece.

“Somos gente de bien”, gritan los perpetradores, mientras una creciente masa de ciudadanía indignada levanta grandes pancartas donde se leen mensajes contundentes: “Nunca había visto tantos valientes sin armas y tantos cobardes armados”, “Nos quitaron tanto, que acabaron quitándonos el miedo”. Dicen los jóvenes: ¡Quieren callarnos, pero nacimos gritando!

Las madres de la primera línea encarnan los espíritus de la Gaitana y la Pola. A pesar de tanto Caín, la lucha por un país sin inequidades continúa, crece y se fortalece.

¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde oh sepulcro, tu aguijón señores capitalistas?