Por: Luciano Vasapollo

La instauración de una posible auténtica democracia participativa es la idea de fondo; pero para que la ciudadanía universal sea también un derecho y no solo una representación, queda mucho camino por andar.

La historia enseña a desconfiar de las modas políticas, sociales, económicas, académicas, que tienen una vida efímera. No pocos textos neoliberales –e incluso de las corrientes de pensamiento de la izquierda liberal progresista– que hoy día causan “furor”, expresan las condiciones e ilusiones de los países más ricos del mundo en este presente y huidizo momento.

Los verdaderos hitos literarios dedicados a la construcción de la conciencia social, en cambio, pueden quedar por un cierto tiempo en el olvido, pero resisten. No hacen furor ni ruido. Brindan una contribución de otro tipo, más sedimentada, más lenta, menos espectacular, menos escénica. Incluso, muchas veces, circulan de mano en mano de forma casi clandestina. Cuando una obra posee auténtica capacidad de explicación y de comprensión de los procesos sociales, continúa brillando a pesar de los años, con una persistencia que no se apaga. Resiste las olas y las modas, y deviene en instrumento de formación cultural y político-social.

La instauración de una posible auténtica democracia participativa es la idea de fondo; pero para que la ciudadanía universal sea también un derecho y no solo una representación, queda mucho camino por andar. A la verdadera ciudadanía universal se opone el sistema perverso del capitalismo, que le da a quien tiene ya mucho y le quita a quien no tiene, concediendo el poder del dinero solo a quien ya lo detenta para que sea utilizado con el objetivo de hacer más dinero para obtener más poder. En el sistema de la así llamada sociedad de mercado se subordina, en realidad, la sociedad al mercado, y el mercado capitalista se vuelve el medio para dominar a la mayoría de los ciudadanos. 

El deseo es que la lectura se convierta en un estudio que pueda hacer crecer la idea de la necesidad y posibilidad real de construir, en la cultura y en la fatiga, la superación del modo de producción capitalista. Vuelve aquí el ejemplo del Che Guevara, que en su La planificación socialista: su significado escribe.

Teoría y práctica, decisión y discusión, dirección y orientación, análisis y síntesis, son las contraposiciones dialécticas  que debe dominar el administrador revolucionario

Versión tomada de www.archivochile.com. Reforzar esa convicción, dándole un amplio aliento de cientificidad, es el objetivo último de estas páginas. Todo eso quiere también decir que la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad, entendidas como cultura básica que sepa derrotar la visión plana sobre la univocidad mercadocéntrica, constituyen un imperativo ineludible para el avance de la ciencia de la transformación social que está en curso y que puede tener desenlaces catastróficos o, por el contrario, positivos. Asumir esto como un principio de nuestra función docente, de nuestro papel de investigadores y de intelectuales orgánicos del movimiento internacional de trabajadores, es nuestro mayor desafío. El Che tenía claro que en una sociedad nacida del capitalismo no se puede renunciar a nuevos mecanismos económicos, pero entendidos como mecanismos de sostenimiento del trabajo político y revolucionario; tenía asimismo claro que el camino por recorrer sería largo, y por ello declaraba en sus escritos políticos que el objetivo a perseguir para construir el socialismo era el de crear un hombre nuevo, capaz de hacerse cargo de las experiencias, de las derrotas y de las esperanzas de la época presente, para convertirlas en semilla de la nueva sociedad. 

Se trata de efectuar una reflexión sobre el marco económico nacional, regional y mundial en el que se desarrolla la actividad cultural militante. No se ofrecen recetas, sino más bien indicaciones y orientaciones para que se cumpla el trabajo del lector, con la lucidez más amplia y profunda posible, en las dimensiones socioculturales respectivas (estudiantes, investigadores, estudiosos, sindicatos, partidos, asociaciones ciudadanas de carácter cultural, de solidaridad internacional, etc.). 

Sobre ese sendero estamos hoy caminando.