HOLLMAN MORRIS  02 JULIO 2021 

Danna Lizeth, de 16 años, y Yeimy Sofía, de 15, buscaban internet en Puerto Cachicamo, Guaviare. Danna quería ser periodista, y Yeimy, policía. El internet y la luz nunca llegaron, los profesores de la vereda se fueron y el puesto de salud fue abandonado, Danna y Yeimy desaparecieron.

Aprovechando el abandono Estatal, las disidencias de las Farc las reclutaron ilegalmente. La vereda volvió a saber de las niñas cuando regresaron en ataúdes, desmembradas; en el sopor del calor selvático habían sido bombardeadas por el Ejército, en un campamento de las disidencias, el 2 de marzo.

Las familias de otros niños desaparecidos en la zona, y quizás reclutados ilegalmente, denuncian que posiblemente sus hijos también murieron en el bombardeo. Han pasado 4 meses, y sobre la desaparición de al menos 12 niños nadie se pronuncia y nadie investiga.

Son cientos los niños reclutados de manera forzada en el país por diferentes ejércitos ilegales, nadie sabe hoy cuántos niños viven esta tragedia. Al ministro de Defensa, Diego Molano, se le ocurrió decir que esos niños eran “máquinas de guerra”, nunca dijo nada de los niños desaparecidos, y el Congreso lo sostuvo en el cargo ante una larga lista de reclamos que incluyen ojos perdidos y jóvenes manifestantes asesinados en medio del paro.

Denuncié que en el bombardeo había más niños; no era uno, como dijo el Ejército, aparecieron dos más, otros dos heridos y dos más capturados en combate posterior. Se bombardeó una estructura cuya peligrosidad radicaba en el reclutamiento de menores, y el resultado fueron menores bombardeados. Lo sabían.

La operación militar debió tener como objetivo rescatar a los menores y no bombardearlos. Un periodista preguntó, refiriéndose a los niños: “¿Hay que exterminarlos, entonces, cuando están jóvenes?”, porque Molano justificó el bombardeo diciendo que el ‘Mono Jojoy’ y otros comandantes guerrilleros ingresaron a la guerrilla siendo niños.

El general Zapateiro señaló que detrás de la denuncia hay una campaña de desprestigio, y Néstor Humberto Martínez, en este diario, perversamente interpretó la denuncia como una solicitud al Estado para que claudique en su defensa de la sociedad, y dijo que somos “áulicos” quienes pedimos explicaciones.

Dana y Yeimi no eran máquinas de guerra, imploraban internet, profesores para salir adelante. La principal causa del reclutamiento ilegal es la ausencia del Estado y la pobreza extrema del campo, que según el economista Luis Jorge Garay se ha agudizado con la pandemia. La fumigación con glifosato incrementará la pobreza de campesinos en zonas de conflicto y empujará a las filas de ejércitos ilegales a cientos de niños desesperados; esta es la realidad de la cual el Estado es culpable.

Es perverso el ciclo de la guerra, son perversos los que se encargan de hacer trizas la paz, no invierten en educación y dejan a los niños en manos de criminales que los reclutan. En lugar de invertir en internet, en maestros para las escuelas, como lo esperaba Dana, se invertirá en más burocracia en la Procuraduría General.

Hay una salida, el Pacto Histórico. El acuerdo primero es con la ciudadanía, con las fuerzas sociales y movimientos para priorizar la vida, sobre la cultura de la guerra en que nos han sumergido durante 200 años.

Priorizar la vida sobre la muerte es sacar adelante las reformas estructurales de fondo en Colombia; una de ellas, privilegiar la inversión social y especialmente la educación en el campo colombiano; en un gobierno del Pacto Histórico, a los jóvenes de primera línea se les garantizarán las condiciones para cumplir sus sueños, habrá dinero para escuelas en todos los rincones del país, inversión para que florezcan la vida y la esperanza; y para que nunca más un niño o una niña tengan que empuñar un arma ni ser llamados máquinas de guerra.

01 de julio de 2021


Adendum:

“La construcción del Pacto Histórico demanda que todas nuestras energías estén orientadas y centradas en la búsqueda de puntos en común con las mayorías sociales, populares y progresistas, mientras nos reservamos nuestras diferencias. Abrir los más amplios espacios de encuentro, de diálogo y de unidad debe ser nuestro objetivo. En el pacto histórico cabemos y hay espacio para tod@s” señala Eva Carolina Madrid, y agrega:

“El Pacto Histórico como herramienta de trabajo y objetivo de mayorías nos permitirá articular y encontrar los intereses que nos unen, acercan y hermanan con la gente humilde y trabajadora como una sola fuerza de cambio imparable”

“Generar espacios de diálogo y de unidad tan vastos y fértiles como Colombia, permitirán que afloren los intereses, las necesidades y los sueños, de los millones de colombianos y colombianas que hemos sufrido el despojo, la marginalidad social, económica, política y cultural por siglos. Las necesidades de l@s colombian@s son tan sentidas y urgentes de satisfacer que superan con creces nuestras diferencias”

“La artimaña de los opresores es atacar y destruir al Pueblo para que no se una, generar miedo por medio de bombardeos, tomas, represión de las manifestaciones populares en contra de la desigualdad y de la violencia” y “por medio de leyes y decisiones que toma el Gobierno en contra del Pueblo para mantenerlo ocupado y preocupado y que no luche por sus derechos”

“El Pacto Histórico propende por la unidad de todas las fuerzas vivas, sociales, ambientales, étnicas y políticas de Colombia. Por ello, la fuerza del pacto histórico radica en la unidad sólida de las multitudes para el cambio. La trascendencia histórica y la fortaleza de este Pacto Histórico está en que es un pacto de y por la vida, y el camino para sentar las bases de una verdadera democracia con justicia social en Colombia”, concluye.

Tomado del diario El Tiempo (y el adendum del portal Cuarto de Hora)