Por Ociel Alí López* |RT

Cómo impacta la virtual victoria de Castillo en América Latina (y qué persigue Fujimori denunciando fraude electoral en Perú)

La fórmula electoral de Pedro Castillo, un dirigente sindical y maestro de escuela rural, se impone en una apretadísima segunda vuelta en la que sacó, con el 100 % de las actas procesadas, 8.817.280 votos, después de haber contado con 2.724.752 votos en la primera vuelta, hace menos de dos meses.

Un verdadero crecimiento aluvional a pesar de haber sufrido la peor ofensiva de criminalización y desprestigio de campaña alguna en Perú, un país que cuenta con un rabioso y derechista sistema de medios que, finalmente, no parece ser tan efectivo.

Su candidatura lució débil, sin medios, sin estructura y totalmente desconocida en la primera vuelta, pero terminó convirtiéndose en el eje articulador de una gran masa de votos de sectores populares, especialmente de las zonas rurales, donde arrasó de manera contundente.

En la medida que era señalado y vejado, iba tomando cuerpo la candidatura de ‘El Profe’, pero también se iba fortaleciendo la de su contrincante, la poderosa Keiko Fujimori, que creció aún más en número de votos que el propio ganador, ya que subió de 1.930.762 votos en la primera vuelta a 8.756.882 votos el 6 de junio, aunque mantuvo una votación similar a la de los procesos que había perdido en 2016 y 2011, todos muy cerrados. Así, el resultado oficial premia a Castillo por una milagrosa distancia de unos 70.000 votos.

Mientras tanto, la derecha liberal, siempre guiada por Mario Vargas Llosa, se ha ahogado en la orilla del fujimorismo y además ha vuelto a perder la apuesta. La candidatura que han terminado apoyando en 2021 es la de su enemiga histórica, que además ahora ha sido acusada por la Fiscalía, quien pide 30 años de cárcel y desde este jueves prisión inmediata.

¿Qué busca el fujimorismo cuando declara fraude electoral?

El pedido del fujimorismo, específicamente de su partido Fuerza Popular (FP), de anular 802 mesas de sufragio en zonas donde ganó Castillo, es un acto reflejo que busca tener alguno de los siguientes efectos.

El primero es que trata de abrir un escenario extrainstitucional, donde las fuerzas armadas y las instituciones ralenticen el proceso, pongan en duda el resultado y obstaculicen o impidan la toma de posesión de Castillo.

Muchas cuentas de redes sociales ‘anticastillistas’ han hecho llamados a las Fuerzas Armadas para que impidan su juramentación, que debe efectuarse el 28 de julio. Pero estas han respondido a través de un comunicado oficial: “Las Fuerzas Armadas no son deliberantes y están subordinadas al poder constitucional, por lo que cualquier llamado a incumplir este encargado es impropio de una democracia”. De esta manera, la posición de las Fuerzas Armadas allana el camino para la juramentación del ganador.

Cualquier cambio podría ser considerado un golpe de Estado o un acto de desconocimiento de la soberanía popular y, por ende, de la constitución y las leyes

Sin embargo,el presidente del Jurado Nacional de Elecciones (JNE), Jorge Salas Arenas, consideró que el pedido presentado por FP para anular 802 mesas de sufragio podría llevar varios días para ser revisado y tomarse la decisión. La ley dice que debe haber una respuesta en tres días, pero el funcionario plantea que dada la cantidad de mesas impugnadas, el tiempo puede ser mayor. Parece que ralentizar el proceso se ha vuelto una estrategia institucional.

Una vez conocidos los resultados oficiales del conteo, y conocida la voluntad popular, cualquier cambio de dirección en el curso protocolar hacia la juramentación del nuevo presidente podría ser considerado un golpe de Estado o un acto de desconocimiento de la soberanía popular y, por ende, de la constitución y las leyes.

El segundo efecto que quiere conseguir Keiko con la impugnación es intentar de una vez erigirse como jefa de la oposición y además posicionarse como una ciudadana agraviada a la que le robaron la elección. La victimización como estrategia de seguir liderando a la derecha peruana, buena parte de ella antifujimorista a rabiar, pero que ahora le ha apoyado con el fin único que no gane el ya famoso ‘Profe’.

¿Podrá mantenerse Keiko como líder de la oposición una vez haya perdido y solidificar las alianzas con la derecha antifujimorista? ¿Puede ser Keiko la nueva Guaidó peruana? ¿Se atreverá la derecha a fabricar una salida extraconstitucional?

Por su parte, a Castillo le quedan menos de dos meses para armar un gobierno que mantenga la estabilidad económica, mientras le abren un flanco jurídico-electoral para obstaculizarle ahora su ascenso al poder y luego su permanencia.

Keiko Fujimori en una conferencia de prensa, Lima, 10 de junio de 2021Liz Tasa / Reuters

Es un resultado que quiere decir también que habrá una oposición muy activa que tratará de presionar al Congreso para que declare vacante la Presidencia y realice un golpe contra el Ejecutivo y, como ocurre en Perú a cada rato, cambie el presidente.

Aunque parece que a diferencia del resto, Castillo puede tener dolientes. Así que cualquier atajo puede provocar un estallido al mejor estilo peruano. 

De esta manera, la política en Perú apenas comienza. Aunque, hay que advertirlo, esta es una vía hasta ahora mucho más pacífica y democrática que la de países vecinos como Chile, Colombia, Ecuador y Bolivia, donde el cauce institucional se ha disipado.

Ojalá así continúe por el bien de Perú y toda la región.

El impacto del resultado de la segunda vuelta peruana para América latina

Más allá del veredicto final de la JNE, el resultado divulgado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales ya genera un impacto de interpretación política que irradiará los días venideros, tanto si permiten el acceso al poder al nuevo presidente como si se lo impiden.

Ya el presidente de Argentina, por ejemplo, le ha reconocido como presidente de Perú.

El triunfo de Castillo señala que hay un continente profundo pidiendo un cambio igual de profundo, sin importar ya que lo criminalicen

El triunfo de Pedro Castillo acelera el giro pendular hacia la izquierda de América latina. Hoy el Pacífico suramericano y los Andes amanecen convertidos en lo que la mediática latina llama ‘comunismo’, ‘terrorismo’, ‘chavismo’ y ‘venezolanización’. Al parecer, la mayoría del pueblo peruano votó a favor de los criminalizados, los ‘terruqueados’ y no hubo emporio mediático ni premio Nobel que la convenciera de otra cosa.

El triunfo de Castillo, salido ayer de las catacumbas, señala que hay un continente profundo pidiendo un cambio igual de profundo, sin importar ya que lo criminalicen.

No solo es Perú. Es Chile y el resultado de la convención constituyente como una salida política del ‘estallido’. Es Colombia y el declive del uribismo frente a un Paro prolongado. Es Ecuador cuando entre el correísmo y el voto nulo indígena suman más del 60 % de los votos ante un presidente, Guillermo Lasso, que se ve obligado a abandonar el discurso belicoso de la primera vuelta electoral. Es Bolivia con la derrota electoral sobre el golpismo.

Con Castillo, la derecha latinoamericana siente que vuelve al día uno del chavismo. Como si años de enfilar toda la prensa, la opinión pública y las redes en contra de los movimientos populares no hubiera servido de nada.

Mientras tanto, la vicepresidenta Kamala Harris y el secretario de Estado, Anthony Blinken, hacen giras por Centroamérica, haciendo caso omiso al terremoto político que vive Suramérica. Al parecer, el nuevo gobierno del presidente Joe Biden le suelta la mano a los socios ideológicos del expresidente Donald Trump y deja a la derecha radicalizada en una situación de orfandad política mientras se concentra en sus propios problemas, como la inmigración. Y es que los aliados de Trump no son potables para los demócratas.

El ‘establishment’ peruano, muy concentrado en sacar al presidente Maduro desde que en 2017 Trump dio luz verde para tal fin, no se dio cuenta que la ‘venezolanización’, el ‘comunismo’, y cualquier otro adjetivo con el que patologizan el malestar social, estaba cundiendo en su propio territorio, mientras sus ciudadanos rechazaban en silencio los insultos diarios de la opinión publicada contra cualquier signo de denuncia social.

Además, el respaldo electoral a Pedro Castillo ha terminado de liquidar al grupo de Lima.

¿Puede la derecha devolver el golpe?

Las ciencias políticas, la encuestología y los diseñadores de marketing, debido a este resultado en Perú, pueden comenzar a entender que intentar patologizar a los movimientos populistas, nacional-populares o de izquierda, y luego criminalizarlos, no es efectivo, no solo para comprenderlos, sino incluso para saber enfrentarles. La mediocracia ya debería pensar en otras estrategias si su deseo es seguir tutelando la política de los ciudadanos.

Intentar patologizar a los movimientos populistas, nacional-populares o de izquierda, y luego criminalizarlos, no es efectivo

La línea obsesiva de meter miedo con la venezolanización o el terrorismo no ha funcionado en las últimas elecciones de México, ni de Argentina, ni en Chile, incluso en Ecuador el actual presidente Lasso ganó eliminando todo vestigio de este tipo de campaña ofensiva o de criminalización. Esta patologización del adversario político que no es de derecha, ha demostrado lograr un voto reactivo muy eficaz para las propuestas populistas, especialmente cuando los sistemas políticos conservadores se están resquebrajando.

El resultado de Perú de este junio de 2021 implica la aceleración pendular hacia la izquierda. Lo que suceda con el nuevo gobierno está por verse aún.

*Ociel Alí López. Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.