Por Alberto Pinzón Sánchez

Una de las consignas principales del Frente para la Liberación de Vietnam durante la penosa, sangrienta y larga agresión Imperial a ese laborioso y heroico pueblo asiático, fue: “Negociar y combatir, combatir y negociar”. Por esta razón cuando en abril de 1954 se instalaron las primeras negociaciones entre la potencia imperial de Francia y el Vietminh en Ginebra, Suiza; la delegación Imperial se alojó en el mas lujoso hotel de esa ciudad, mientras la delegación vietnamita compró una austera pero consistente casa en un lugar estratégico de la ciudad donde alojó a su delegación, y que 20 años después la victoriosa república socialista de Vietnam convertiría en su embajada.

¿Por qué los dirigentes vietnamitas actuaron así, sorprendiendo al Mundo globalizado? Sencillamente porque en la mentalidad de ese sufrido pueblo, además de la famosa y citada “paciencia asiática”, existía un cabal conocimiento del enemigo que los estaba bombardeando y exterminando y de sus pérfidas intenciones futuras. Y como si fueran unos excelentes médicos además del diagnóstico de la enfermedad y del adecuado tratamiento, poseían la claridad y visión de largo plazo para prospectar el futuro basados en los indicios reales del presente. Es decir tenían prospección.

Hoy, 35 días después del alzamiento social en Colombia y del pavoroso Genocidio fascista indiscriminado (ampliamente denunciado por la solidaridad mundial) con el cual el narco fascismo paramilitar dominante está intentando aplastar tan histórico movimiento de la entera sociedad colombiana, y, de unas infructuosas negociaciones entre “el Gobierno y el Comité del Paro” (llamados así, escuetamente las dos partes) que dialogan con el fin de encontrar una Solución Politica al estallido social que es mucho más que un Paro y como si el horizonte se hubiera cerrado, en todas las cajas de resonancia posible suenan las siguientes preguntas: ¿Qué sigue?

¿Por qué se sigue el juego dilatorio de unas negociaciones bilaterales claramente orientadas no a resolver problemas sino a llegar a las elecciones del año próximo, si desde “las capitulaciones comuneras de 1781 en Zipaquirá” hasta el pacto Santos-Timolión 2016 en la Habana, se tiene en la conciencia popular pleno conocimiento de la PERFIDIA HISTORICA y el incumplimiento hipócrita con la que la oligarquía más sanguinaria del continente y talvez del mundo que domina desde hace 200 años el Estado colombiano, ha burlado todas los escasos acuerdos y pactos firmados con los movimientos sociales y populares, mientras ha convertido en pomposas Constituciones los innumerables pactos en las alturas, post guerra civil, hechos entre las diferentes fracciones oligárquicas?

¿Se podría decir que “la dirigencia” del llamado Paro, carece de prospección? Cuando también está claro que como lo dice el conocido escritor Boaventura de Souza Santos, “el fin del neoliberalismo será violento https://www.clacso.org/colombia-en-llamas-el-fin-del-neoliberalismo-sera-violento/ y como lo estamos viendo, no solo será violento sino como lo preveían los sobrios y probados dirigentes vietnamitas, será un proceso largo, tortuoso y complejo que requiere preparación para sacar al país y a la sociedad colombiana de la crisis profunda en la que está?

Nuevos problemas han aflorado superponiéndose a los antiguos y viejos asuntos estructurales no resueltos: La juventud sin futuro. La salud-mercancía de la Ley 100 de AUV. Las mujeres doblemente explotadas oprimidas y sometidas a los machos-machotes. Los/as diversos/as sexuales perseguidos/as y linchados/as. Las comunidades negras, indígenas y campesinas marcando su territorios antes inexistentes con sus costumbres y modos de vida autónomos y practicas económicas sostenibles. El “posconflicto de Santos-Timolión” que se convirtió en un conflicto armado reciclado (o molecular difuso para seguir la novelería), un memorial de agravios incumplido y un rosario diario de excombatientes ejecutados por el narco-paramilitarismo-parapolicial impune, uno por uno para no hacer montón y no tener que hacer fosas comunes. Las atestadas barriadas populares y tuguriales de las grandes ciudades colombianas que agrandan el viejo problema Territorial. En fin…

Siete 7 problemas gordos, todos, que según los apologistas de la angelical Constitución neoliberal y contrainsurgente de 1991 iría a resolver como por ensalmo con la ayuda de la misericordiosa Fuerza Pública encargado de “salvar la democracia maestro” como en noviembre de 1885, y garantizar por medios constitucionales muy bien controlados por todas las ÍAS creadas, el obsesivo Orden Público si se llegase a alterar. Como decía el clásico: “Los sueños, sueños son”.

Es obvio que, se debe llegar a un Acuerdo, así sea mínimo, entre las partes en conflicto con la asistencia de una Autoridad Internacional probada que garantice su cumplimiento. Hay que combinar todas las formas de la lucha de masas como lo recomendaba el gran Gramsci: de posiciones y de movimientos, pero afianzando aún más en la mente de todo el pueblo colombiano que la única salida de la crisis es POLITICA, y lo único posible en esta “negociación social” que no se realizó en la negociación politica de la Habana; es el desarrollo de un Proceso Constituyente donde el movimiento social convertido en una Fuerza Social, salido a las calles y carreteras a PROTAGONIZAR con su presencia la Historia de Colombia actual y a cambiar la correlación de fuerzas que venía dándose desde hace dos siglos, debe estar presente en una nueva Constitución de Colombia, así como está y así como ha sido parido, acorde con los vertiginosos cambios Globales y transiciones que está generando en todo el Mundo la crisis civilizatoria en la que se encuentra la humanidad.

Y esto será una tareas de prospección larga, tortuosa, compleja y talvez desapacible, para la que se debe estar preparados con responsabilidad histórica. Y eso, se llama en ciencia politica Proceso Constituyente.

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