Por: Ricardo Robledo

Vandalismo es una palabra usada recurrentemente para desaprobar las protestas sociales; a tal punto que actos vandálicos son promovidos desde el estado como una estrategia para infiltrar las marchas y así buscar su repudio por la sociedad, utilizando a los medios de comunicación para hacerlos más evidentes y aumentar el impacto.

Por esto, es necesario inventar un nuevo término, bandalismo, para describir el violento accionar de las fuerzas estatales en las marchas o el de las bandas contratadas para tales fines siniestros y el de las bandolas que saquean al país. No es raro que en Colombia circulen videos de pistoleros anunciando que por orden de los jefes van a actuar o que el capo mayor llame a las fuerzas oficiales a hacer uso también de sus armas contra los manifestantes.

Pero en lo que tiene que ver con el vandalismo, es necesario profundizar en el debate social acerca de lo que es y lo que no puede ser catalogado simplemente como tal.

Por un lado, están los que desconocen los objetivos acordados y que van detrás de los suyos propios aprovechando de forma oportunista la convocatoria popular. En este grupo están, además de los delincuentes, aquellos que tiene su estrategia y su táctica, cerradas y ajenas a una amplia discusión social. Actúan negativamente sobre el movimiento y contribuyen a dispersar los esfuerzos de la lucha popular.

Existe otro accionar que es ejecutado por una población reprimida, violentada y explotada por décadas, llevada a la miseria, al hambre y al abandono y que ven en una revuelta una opción para apropiarse de unos artículos de los cuales han sido carentes históricamente. Las protestas sociales no tienen por qué ocurrir ordenadamente, cuando el orden del opresor pesa sobre los hombros de la población. Son los desposeídos creados por la sociedad capitalista y que no tienen nada que perder.

Es tarea de las fuerzas policiales controlar su orden público alterado por los guarimberos contratados por el gobierno, o por acciones que ellos mismos ejecutan y que usan como pretexto para atacar a la población que con justicia reclama sus derechos. Saquean y destruyen propiedades para decirle a la sociedad que los están defendiendo de los saqueadores.

Así como el feminicida dice que si la muchacha no es para él tampoco será para nadie, igual procede la derecha: si la población no va a estar bajo su dominación y control; entonces, no será para nadie y por eso causan destrucción de propiedades. Matar al pueblo, que supuestamente es el constituyente primario, para proteger las instituciones, es como matar a la esposa para salvar el matrimonio. Así como la culpa es de la mujer que reclama, reacciona y se defiende con sus manos, la culpa es del pueblo que reclama, reacciona y se defiende sin armas de guerra.

A la narcoderecha que gobierna en Colombia, le va a pasar lo mismo que a los nazis; una vez derrotados, que abrieron los ojos y vieron sus crueldades, observaron que procedieron así porque creían estar haciendo lo correcto.

Entonces, hay que preguntarles a los militares si ya están satisfechos con la sangre derramada en honor a sus dioses o si piensan seguir ahogando en más sangre las masacres y demás crímenes de lesa humanidad. O van a continuar siguiendo las órdenes del capo mayor quien tembloroso dice: “disparen antes de que lleguen donde mí”. “El estado soy yo y esa es la defensa de las instituciones”. Por eso, pelotones de asesineiros atacan en turba a la población que protesta.

El argumento de la defensa de la “gente de bien”, es un recurso rancio con el que manejaron a los abuelos y ya carece de tanto sentido como el estado unipersonal de los reinados absolutistas.

La derecha colombiana, el actual presidente usurpador, su partido y sus agentes, pasarán al sitio que se merecen: al basural de la historia.

No se sabe por qué se pronuncian las autodefensas, aparecen supuestos comunicados de la insurgencia, pero la OEA ni los militares nacionalistas o constitucionalistas no lo hacen.

La revolución no es saqueo de mercancías de los almacenes; es el cambio de las relaciones sociales de producción, la construcción de un mundo nuevo, humano y así lo establecen los pueblos que son los que determinan el curso de la historia.

Las actuales manifestaciones y la forma en que se han desarrollado, hacen avanzar la conciencia del pueblo colombiano, mucho más que cien discursos. Ahora identifican con mayor claridad quienes son sus enemigos, mientras la oligarquía se aísla, la mano siempre dentro del gabán y piensa en arreglar maletas, por si hay problema, salir volados; muchos magnates de los estratos medios y bajos, se darán cuenta de que no tienen los recursos para comprar casa o pagar alquiler en Miami. La izquierda debe elevarse hasta alcanzar la altura de su pueblo.

Mayo 05 de 2021