Por: Victoria Sandino Simanca Herrera

¿Por qué el pueblo colombiano debe poner un alto ante la crisis y la mala gestión del actual Gobierno?

Porque hasta el domingo 25 de abril, 71.351 personas habían muerto a causa del COVID. Ese mismo día murieron 465 personas, por encima del promedio diario que es 432.

El fin de semana pasado en Antioquia, se estimaba una ocupación por encima del 100% y ayer solo habían dos camas UCI disponibles.

En Atlántico y Magdalena se han agotado los medicamentos, así como en La Guajira se está acabando el suministro de oxígeno y, como si fuera poco, el 80% de la población que se atiende en este departamento es indígena. En Cartagena hay hospitales con total ocupación de UCI. Valledupar alcanzó el 99% con 1852 casos positivos y 728 pacientes fallecidos.

De otro lado, se estima que se han perdido entre 5 a 6 millones de empleos en Colombia. Según el informe de la OIT “Impactos de la Covid-19 en las empresas privadas formales en Colombia” nuestro país ocupa el primer lugar en América Latina en despidos pues el 70% de las empresas han prescindido, al menos, de un trabajador o trabajadora; seguido de Chile (58%); Brasil (57%); México y Perú (53%) y Argentina (30%).

Se puede decir con completa certeza que no estamos ni medianamente cerca de salir de la crisis; que las medidas tomadas por el gobierno, no solo han sido insuficientes sino que han favorecido al sector financiero de la economía, el cual, en plena pandemia tuvo utilidades por cerca de 5,6 billones de pesos en el 2020; que en medio de tanta hambre y muerte, este gobierno tiene el descaro de presentarnos una reforma tributaria para tapar con el dinero de la gente empobrecida en la pandemia, el hueco fiscal producido por las exenciones a los grandes capitales.

De forma autoritaria y negando la participación de buena parte de la oposición, quiere hacer aprobar una reforma al sistema de salud en Comisión Séptima que termina de entregar el sistema a aseguradores privados y grandes conglomerados internacionales.

Cerca del 70% de la primera línea de atención en salud son mujeres y hoy se encuentran bajo las peores condiciones laborales con salarios atrasados y   como si fuera poco, 319 mil mujeres perdieron sus puestos en peluquería, centros de estéticas, turismo y otras actividades y cerca de 171 mil, se dedicaron al trabajo doméstico por haber perdido su empleo.

Este gobierno sigue sin reconocer que las mujeres aportamos el 25% del PIB.

Firmamos en 2016 un Acuerdo de Paz que significó la esperanza de un mejor país, que hoy se ve amenazada por el recrudecimiento de la violencia y la crisis de la implementación. Desde la firma del Acuerdo hasta hoy han sido asesinados 271 firmantes de la paz y 1.168 líderes y lideresas sociales.

La mayoría gobiernista en el Congreso de la República ha demostrado su falta de autonomía, no solo avalando todo lo que hace el ejecutivo por más ineficaz que sea, sino organizando sesiones para lavarles la cara. El pueblo colombiano no cuenta ni está representado en esta corporación y se niega una posibilidad de dar voz a los territorios más golpeados por el conflicto con la falta de implementación de las Circunscripciones Especiales de Paz.

La única alternativa que nos queda a la gente en los territorios apartados, a las y los trabajadores, a toda la población que trabaja en la informalidad, a las mujeres y las identidades diversas, a los pueblos étnicos, a las y los jóvenes, es la movilización social. Las mayorías sociales que trabajamos día a día para conseguir el pan tenemos la capacidad de lograr el cambio que tanto necesita Colombia.

Por eso este 28 de abril tenemos razones de sobra para parar. Invito a toda la sociedad, de manera responsable y con todas las condiciones de bioseguridad, a sumarse al GRAN PARO NACIONAL, para exigirle al gobierno de Duque que deje de gobernar para los bancos y empiece a gobernar para la gente.