Por Renán Vega Cantor | 20/04/2021 | Colombia

Claudia López llegó a la alcaldía de Bogotá con una propaganda que anunciaba que la ciudad y el país iban a cambiar porque era la primera vez que una mujer era elegida para ocupar ese cargo. Se agregaba que eso tenía todavía más mérito porque ella es lesbiana y esa condición era garantía de apertura y tolerancia hacia los sectores más pobres, marginales y perseguidos de la ciudad capital.

Publicado en El Colectivo (Medellín), No. 62, abril de 2021.

Los hechos han demostrado que tales augurios, muchos de ellos inflados con el propio ego de Claudia López, eran quimeras, porque su gestión ha sido autoritaria, intolerante, represiva, neoliberal, derechosa y, para completar, xenófoba y llena de odio hacia los venezolanos.

En varias ocasiones, Claudia López se ha referido en forma peyorativa y con desprecio por los venezolanos pobres. Estas son algunas de sus declaraciones, que comprueban que no se trata de algo circunstancial, sino que forma parte de su personalidad. En abril del año anterior afirmó: “No podemos pagar el arriendo a los colombianos, mucho menos a los venezolanos. ¡Qué pena! Ya pagamos la comida, el nacimiento, el jardín, la escuela. Qué pena que lo único que no podamos pagar sea el arriendo”.  En octubre sostuvo: “Yo no quiero estigmatizar (…) a los venezolanos, pero hay unos inmigrantes metidos en la criminalidad que nos están haciendo la vida a cuadritos”. En noviembre dijo: “Los migrantes tienen un plus en criminalidad. Así lo captures en flagrancia, no tienes como judicializarlo”. En marzo de este año afirmó “Tenemos actos muy violentos de migrantes venezolanos. Este no es un tema de hurto, primero asesinan y luego roban”. Después agregó: “Los colombianos necesitamos garantías, a venezolanos todos se les ofrece y qué garantía tenemos los colombianos. Bogotá es la ciudad más afectada. No se puede permitir que se aprovechen de la solidaridad de Colombia, y que sigamos teniendo estos actos violentos por parte de migrantes venezolanos que ya ha cobrado la vida de varios de nuestros ciudadanos”. Y, como para que no quedaran dudas de lo que piensa, añadió que en Bogotá “un grupo minoritario de venezolanos están siendo los responsables de homicidios y hechos de inseguridad”.

El discurso xenófobo que enarbola Claudia López la ubica en el espectro político de la extrema derecha latinoamericana y mundial, al lado de personajes tan detestables como Bolsanaro, Trump, LePen…, que combinan el odio hacia el extranjero con una política de seguridad profundamente conservadora y represiva. Vaya las sorpresas que da la vida, como dice la canción de Rubén Blades, porque este carácter patriarcal, machista, xenófobo y de odio no se esperaba de una mujer lesbiana, que por su condición se supondría sensible hacia los temas de discriminación y racismo, pero que los ha asumido plenamente. Esto demuestra que no por el hecho de poseer cierta identidad sexual (homosexual) o cierta condición biológica (ser mujer), que están asociados a una palpable discriminación en nuestro medio, automáticamente se es de avanzada o tolerante, porque, como en el caso de Claudia López, la intolerancia y autoritarismo están a flor de piel.

Además, como política resultó de lo más tradicional, porque guía sus actuaciones por las encuestas, y para tratar de levantar su alicaída imagen ante la opinión pública acude al recurso más fácil y directo: el odio xenófobo hacia los venezolanos pobres. Como lo afirmó el politólogo Andrés Dávila: “es una moralista derechosa en ascenso. Lesbiana sí, pero hasta donde le conviene. Con un ego insoportable que compite codo a codo con el de varios machos capitalinos: Peñalosa, Petro, Mockus… Y la señora exacerbada, cual Paloma o María Fernanda (…) desde una superioridad moral que ella misma se concedió (…) nos maltrata. Y maltrata a los venezolanos, sin prisa, pero sin pausa (…) Alcaldesa xenófoba, derechosa, autoritaria. Aunque quiera parecer todo lo contrario. Alcaldesa mentirosa, llena de egos y figuraciones”.

Un elemento chocante adicional a considerar es que Claudia López viene del mundo académico e investigativo y se supondría que esto le proporcionaría mesura y seriedad a sus declaraciones. Esto permitiría comprender que la criminalidad en Colombia y Bogotá no surgió con la llegada masiva de venezolanos (y de colombianos e hijos de colombianos que retornan al país), sino que es algo de vieja data en territorio nacional. Y si ese conocimiento se pusiera al servicio de su gestión, de su boca no saldrían las sandeces que pronuncia sobre los venezolanos, porque, según las mismas cifras oficiales de Migración Colombia, los hurtos que se realizan en la ciudad solo el 1% es autoría de venezolanos. El 99% restante es obra de colombianos, pobres agreguemos, porque los ricos roban a granel con la complacencia de todo el mundo y eso nunca se nombra ni se cuestiona por Claudia López.

Esta es una xenofobia de clase, que centra su odio en los más pobres y desvalidos de los migrantes venezolanos que son la mayoría, porque a los venezolanos ricos los recibe como héroes, aunque sean criminales. Al respecto sobresale su recibimiento al prófugo y organizador de las guarimbas venezolanas, Leopoldo López, al que acogió a finales del año anterior con estas palabras: “Nos alegra verte libre y ver a todos los venezolanos luchando por el restablecimiento de su democracia”. Una afirmación propia de los políticos de extrema derecha en el mundo (aunque muchos de ellos se disfracen de izquierda democrática, como los del PSOE en España). Para ver la catadura de ese criminal venezolano, ese si blanquito, burgués y de “buenas modales” (para matar y organizar guarimbas y golpes de Estado en Venezuela) se paseó entre la finca del Ubérrimo y la sede de la alcaldía en Bogotá, es decir, entre el matarife innombrable y la alcaldesa xenófoba de Bogotá. Por si hubiera dudas de quien es Leopoldo López, y quienes lo acogen, valga recordar que ha dicho del señor de las sombras que «Reunidos con @AlvaroUribeVel, un buen amigo de la lucha por la libertad de Venezuela” y eso venía acompañado de esta foto, típica de los hacendados que se consideran amos y señores de los países. (ver foto).

Lo que resulta tragicómico es que en esa recepción oficial al criminal Leopoldo López, la alcaldesa haya dicho que los dos son portavoces de la integración de los venezolanos a la sociedad colombiana y pidieron censurar la discriminación a que son sometidos. Es decir, aparte de chovinista, Claudia López resulto cínica, porque se basa en la lógica del que tira y la piedra y esconde la mano o del que reza y peca empata, cuando se trata de recibir a los “blanquitos” venezolanos, altamente responsables de la estampida de colombo-venezolanos hacia nuestro territorio.

Claudia López y el criminal Leopoldo López, afinidades de clase.

Ahora nos enteramos de que Claudia López acaba de ser nominada al premio a mejor alcalde 2021 por su gestión de la Covid-19, lo que no deja de ser un mal chiste, porque en realidad debería ser nominada al premio mundial de la xenofobia, donde tiene muchos méritos de odio para competir y ser indiscutible ganadora.