GUSTAVO BOLÍVAR MORENO  14 ABRIL 2021 

La derecha latinoamericana está celebrando el triunfo de Guillermo Lasso con una lectura distinta a la real. Dicen cosas como “Perdió Petro, perdió Maduro, perdió Fernández, perdió Lula, perdió Evo”. Y ni qué decir de la derecha colombiana, siempre básica y corta de análisis. Para ellos y ellas, en gran perdedor fue Gustavo Petro, como si Petro tuviera la culpa de las hondas divisiones entre movimientos y partidos de izquierda ecuatoriana. En verdad, parecen niños de quinto primaria haciendo análisis políticos mientras celebran un cumpleaños.

Haciendo una analogía con las palabras de Pambelé, nuestro excampeón mundial de boxeo, siempre será más grato ganar que perder. Celebren, tienen derecho de hacerlo, pero no se equivoquen en el análisis. Si no quieren vivir inocentes y en ignorancia, aquí les va el análisis real de lo que sucedió.

En primera vuelta, los candidatos progresistas o de izquierda obtuvieron, sólo quienes quedaron en los primeros cuatro lugares, un apabullante 67,27% de los votos.

Miremos y sumemos los porcentajes de los candidatos:

Andrés Arauz, (progresista) 32,20%
Yaku Pérez (Indigenista) 19,39%
Xavier Hervás: (Izquierda Democrática) 15,68%

¿Cómo pueden pensar que Ecuador viró a la derecha si el candidato de derecha solo obtuvo el 19,74% de los votos?

No, señores y señoras, no se equivoquen. Ecuador no viró a la derecha, fue la izquierda la que desdeñó un triunfo que tenía en las manos por las mismas divisiones de siempre y por su insuperable incapacidad de llegar a acuerdos en momentos decisivos.

Pero ¿por qué no se unieron ni en primera ni en segunda vuelta estos tres movimientos progresistas, de izquierda y antineoliberales?

Tiene que ver con algunas divergencias en algunos temas básicamente ambientales y feministas. La posición de Correa, mentor de Arauz, en contra del aborto, su proclividad a privilegiar el extractivismo, versus la posición de Yaku Pérez en favor de las energías limpias o la de Hervas, candidato de la izquierda democrática en favor de la despenalización del aborto etc.

Una especie de polarización entre la polarización. Los movimientos de izquierda divididos por temas que podrían haberse tratado con seriedad para llegar a acuerdos susceptibles de plasmar en un programa, un documento madre que sirviera de hoja de ruta para gobernar en caso de que alguno de los tres hubiera ganado la presidencia. Simple.

Comenzando porque la correlación de fuerzas en la Asamblea Nacional (Congreso unicameral de Ecuador) es de 5 a 1 en favor del correísmo. Lasso era un candidato tan débil que sólo tendrá 9 congresistas mientras Correa tendrá 48. El nuevo Presidente se verá en aprietos para lograr los 69 escaños necesarios para alcanzar una buena gobernabilidad. Al final lo logrará. Para eso existe la mermelada.

Hoy la izquierda latinoamericana lo lamenta mientras la derecha trata de sacar ventaja con análisis, como ya dije, bastante tontos.

Sin entrar a analizar de fondo las otras razones que tuvieron estos tres candidatos para no unirse en primera vuelta y tampoco en segunda, no creo que hubiera entre ellos un motivo más poderoso que el de derrotar al neoliberalismo. No creo que las posiciones de los tres candidatos no se hubieran podido acercar hasta plasmarlo en un acuerdo. Nada era más importante que impedir que la mermada derecha tomara un segundo aire, se empoderara y terminará derrotándolos. Pero pasó.

Pero, aparte de la división endémica que padecen las izquierdas, que parecieran insuperables, hubo un detalle en las elecciones de Ecuador que no puede pasar desapercibido. La injerencia de la derecha colombiana en las elecciones de este país fue atroz, grosera, canalla, inaceptable desde cualquier punto de vista. Parecida a la que hizo Álvaro Uribe en Florida para tratar de atajar la elección de Joe Biden en los Estados Unidos.

Antes de la llegada del Fiscal Barbosa a Quito para mostrar unas “supuestas pruebas” de un aporte del ELN a la campaña de Arauz por 80 mil dólares, Arauz superaba al candidato Lasso por 12 puntos en las encuestas. Estaba sobrado, el triunfo era inobjetable. Pero lo hicieron y aquí tengo que reconocerles todo el crédito. Barbosa, léase Uribe, léase Duque, fueron exitosos en su cometido. Sembraron las dudas entre el electorado indeciso que en ese momento era de 15 puntos y mermaron las posibilidades del candidato correista. Obviamente la gran prensa, en su mayoría de derecha, como en todas partes, hizo de esta noticia un gran banquete que se fueron engullendo con avidez y con la boca llena, con el paso de los días, mientras Arauz bajaba dramáticamente sus niveles de popularidad.

No sé en qué porcentaje haya influido esta calumnia, con claro sello uribista, en la elección de Arauz pero es un antecedente peligroso de intervencionismo que no puede quedar impune. La campaña de Arauz debe interponer las denuncias respectivas.

Primero en Florida, ahora en Ecuador, siempre en Venezuela, Álvaro Uribe, hoy en la mira de las autoridades de los EEUU y de la Corte Penal Internacional por múltiples delitos de lesa humanidad, no se puede pasear orondo por donde le da la gana, sembrando cizaña o interviniendo en procesos que son del fuero íntimo de los demás países. Como su relato del castrochavismo, ya desgastado y sin poder, no le funcionó en Florida, ni en México, ni le funciona ya en Colombia, está buscando otras tácticas peligrosas como el montaje judicial y tenemos que atajarlo antes de que siga haciendo más daño.

Para tranquilidad del progresismo latinoamericano, a este mal ser humano lo vamos a frenar en 2022 en Colombia. Solo nos falta afinar un pequeño detalle: No llegar a Primera vuelta con cuatro candidatos alternativos como sucedió en Ecuador. Si lo hacemos, estaremos perdidos y este monstruo de la mentira seguirá creciendo en maldad e influencia, ya no solo en Colombia sino en todo el continente.

12 de abril de 2021

Adendum:
El triunfo del neoliberal y derechista Guillermo Lasso puede analizarse de dos maneras.

La primera la campaña sucia, el ‘lawfare’, el dinero invertido por la derecha y la CIA con una gran campaña internacional en contra de Andrés Arauz y el correísmo.

La segunda debe evaluar por qué el correísmo no pudo lograr en esta ocasión lo que ya había conseguido en tres oportunidades anteriores. Comprender qué pasó, para revertir la correlación en un escenario futuro.

La primera pregunta que debemos hacernos es cómo un neoliberal pudo haber ganado justo después del levantamiento popular de 2019 que logró revertir las medidas neoliberales del traidor Lenín Moreno. Pero además, con un resultado de la primera vuelta en que la mayoría abrazó un discurso progresista, ¿cómo se coló Lasso tan cómodamente?

En la primera vuelta Lasso consiguió el 19 % de los votos y en la segunda el 52 %. Creció 33 %.


De la mano del asesor Durán Barba, en una jugada muy hábil políticamente, logró atenuar el discurso del odio y clasismo que le caracterizan por uno engañoso de encuentro, diálogo y horizontalidad.

Habían dos identidades electorales en ascenso: la indígena, que tiene un enorme peso histórico y político, pero no había tenido fórmulas electorales exitosas hasta la candidatura de Yaku Pérez (en empate técnico con Lasso), y los jóvenes urbanos en torno a Xavier Hervas, que sacó más del 15%.

Parecía lógico que en la segunda vuelta iba a ganar quien lograra aglutinar estos votos, y eso hizo Lasso, bajando el tono conflictivo, llamando a la unidad nacional y haciendo una campaña que mostraba cercanía y acuerdo.

Lasso se bajó de la tarima desde donde siempre pretendía dar lecciones y así engañó al Pueblo ecuatoriano.

Cuando se esperaba que Lasso se fuera de bruces contra Rafael Correa, sacara al ruedo de manera pugnaz la situación de Venezuela, los venezolanos migrantes o el socialismo, optó por el “encuentro”, se deslizó hacia el centro, le habló a “todo el país” y allí consiguió crecer de manera significativa.

Arauz escogió el discurso oficialista, este es el de la continuidad de la revolución ciudadana, cuando el país, sobre todo después de la revuelta de 2019, exigía un Frente amplio antineoliberal. El resultado es evidente.

Por su parte las organizaciones indígenas se dividieron. A pesar de ser un sector abiertamente antineoliberal, no les importó que el llamado al voto nulo de organizaciones indígenas terminara de posicionar al banquero, perteneciente a una corriente contra la que tanto han luchado.

Lo que hubo fue una división del “mundo popular”.

Guillermo Lasso ha estado involucrado en una serie de escándalos de corrupción como fraude bancario, lavado de activos, acaparamiento ilegal de obligaciones de deuda pública, que le permitieron a sus empresas aumentar su capital 30 veces. Y aunque estos hechos son conocidos, el poder del dinero, que ha fluido a raudales en esta campaña e incidió en favor de la fórmula derechista.

Lasso aspira a entronizar un gobierno al servicio de los intereses norteamericanos. No hay que olvidar la abierta intromisión de la embajada de los EEUU fomentando la guerra sucia, y la campaña de desinformación contra Arauz.

Ecuador requiere una política de protección de su soberanía, de sus recursos naturales y en favor de los intereses populares, lo que no le ofrece la ultraderecha. Por ello el triunfo de Lasso es sinónimo de inestabilidad y empobrecimiento de la población.