REDACCIÓN LADO B.  31 ENERO 2021

Esa fue la contundente frase que el reconocido politólogo y catedrático Gilberto Tobón Sanín lanzó en el programa «Nos Cogió la Noche» del canal Cosmovisión, donde es asiduo invitado. Tobón dijo también que “son ingenuos quienes creen que Fajardo es una alternativa a la politiquería”, que es manipulador, un fraude, y que como gobernante es desastroso. Nombra al Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) como uno de sus grandes socios y patrocinadores.

El profesor aseguró que Fajardo, siendo alcalde, pactó con el jefe paramilitar alias Don Berna, la seguridad en Medellín, lo que se conoce como la “Donbernabilidad”. De hecho, funcionarios del Aeropuerto Olaya Herrera de esa ciudad aseguraron que cuando Fajardo fue alcalde, los asesinatos que ocurrían en Medellín se tenían que ocultar porque “afectaban su imagen”. Así se consignó en una investigación por el asesinato de una potencial testigo contra Álvaro Uribe Vélez en un proceso por el posible saboteo a una aeronave donde iba Pedro Juan Moreno, quién se había vuelto su detractor y denunciante.

En ese mismo sentido, el periodista Julián Martínez, autor del best seller «Chuzadas, ocho años de espionaje y barbarie», realizó una detallada investigación donde quedan en evidencia las estrechas relaciones de Fajardo, no solo con Don Berna, sino con organizaciones criminales como La Oficina de Envigado y otras bandas del narco-paramilitarismo que dominaban (dominan) esa ciudad.  Martínez también expone los vínculos de Fajardo con los miembros más destacados del uribismo.

En los últimos días se han revelado los hilos que estaría moviendo el uribismo y Sergio Fajardo, a través de sus fichas políticas, para promover la revocatoria de Daniel Quintero, actual mandatario de la capital antioqueña.

No para allí:

Fajardo también está investigado por la Contraloría General de la Nación por su presunta responsabilidad en el desastre de Hidroituango. Para la entidad, las fallas de Hidroituango son el resultado de una cadenas de errores, desde el diseño hasta su ejecución, con tres graves consecuencias:

El incumplimiento del objetivo principal del proyecto, que es generar energía, lo que generó un lucro cesante de $1,1 billones; el desmesurado aumento de los costos del proyecto, que terminó costando cerca de $13 billones con un daño fiscal de $2,9 billones; y la grave contingencia de 2018, que amenazó con causar una calamidad pública.

Fajardo, quien se adjudica ser uno de los líderes de la coalición anticorrupción, está envuelto en las investigaciones por los sobrecostos en la construcción de estaciones de Policía en diferentes municipios de Antioquia.

Este departamento quedó con un déficit económico de mil millones de pesos. Su discurso sobre la transparencia se configura retórico. Dejó a Antioquia con un déficit de 130 mil millones de pesos.

Aunque el portal La Silla Vacía, de línea editorial favorable a Fajardo, trató en 2018 de minimizar las irregularidades presentadas en la Biblioteca España de Medellín, lo cierto es que hace pocos días se reveló que la reparación del edificio cuesta más que el costo inicial de la obra, desarrollada en la administración de Fajardo como primer cabildante de la ciudad.

Fajardo también está involucrado en la compra irregular de acciones de Orbitel a un precio mucho mayor del que se debía. El negocio realizado por la EPM y aprobado por Fajardo, tuvo sobrecostos por 51,9 millones de dólares, lo cual implica un serio menoscabo patrimonial para el departamento.

Sobra recordar la postura indolente que Fajardo adoptó en 2018, cuando dio preferencia a ir a «ver ballenas» que a tomar partido entre un proyecto democrático de país como el propuesto por Petro, y otro que se preveía (con amplio sustento fáctico) como un seguro desastre humanitario.  El tiempo, como el implacable juez que es, lamentablemente lo ha confirmado. Un líder político debe tomar posiciones en un momento crucial, como sucedía en 2018.

A los pocos días de esas elecciones se supo que Fajardo se reunió con el presidente electo, Iván Duque. Después le aseguró a los medios de comunicación que ya no sería candidato presidencial en 2022. Al final decidió que sí, siendo fiel a su estilo indefinido. Añadió que no hará ningún tipo de alianza con Petro.

Claro está que el papel de Sergio Fajardo Valderrama es repetir el esquema trazado en 2018: Un papel divisivo que tiene por tarea abrirle paso al continuismo de un Establecimiento que hiede a corrupción, muerte e injusticia social.

Sin duda, y parafraseando al maestro Tobón Sanín, Fajardo es el hombre perfecto para el establecimiento (28 de enero de 2021)

Adendum:
Camilo Arteaga bajo el título: “El “centro”: La derecha de siempre” señala:

Si se quiere ubicar al Centro en el espectro ideológico colombiano (que es el país que nos atañe) primero debemos dar por sentado que existen dos extremos: La extrema derecha y la extrema izquierda.

La extrema derecha está inequívocamente definida: El uribismo o Centro Democrático. Serias acusaciones y evidencias de todo tipo de que sus fundadores, integrantes y militantes (en buena parte) han financiado o colaborado (de una u otra forma) en la creación y expansión de sanguinarios ejércitos privados con ideología de extrema derecha (paramilitares), son uno de los más fuertes pilares para sostener que ese partido político está en ese extremo.

Su marcado dejo religioso (católico) casi medieval (Ordoñez, por poner solo un ejemplo); su menosprecio por las variedades raciales (negritudes, indígenas), su menosprecio por las clases excluidas (mayorías en Colombia) que raya en la aporofobia; su apoyo a gobiernos eminentemente fascistas (Trump, Bolsonaro, Añez, Guaidó, entre otros), sus políticas en todos los campos así como muchas de sus acciones, son rasgos fascistas inconfundibles. Un fascismo criollo. En ello hay amplio consenso.

Ahora bien, encontremos entonces al otro extremo: la extrema izquierda (…) Las FARC (sobre todo las disidencias) o ELN, son ejemplos palpables (…)

Bien. Identificados los dos extremos, surge entonces la pregunta: ¿Por qué, quienes se consideran de Centro, ubican a Petro en el extremo-izquierdismo?: Si examinamos juiciosamente, no solo en la propuesta política actual de Petro sino en la transversal de su vida pública, no aparece el comunismo o el socialismo.

No propone que los medios de producción sean nacionalizados, no propone la expropiación al estilo chavista que muchos le endilgan calumniosamente (ha hablado de COMPRA de tierras, sólo si están improductivas); no propone la dictadura del proletariado, ni la abolición de las clases sociales, ni la eliminación del Estado.

Ni lo ha propuesto ni lo propone, ni lo ha hecho, que es, en últimas, lo que vale. No lo hizo cuando pudo: No expropió, siendo la expropiación una acción legal y legítima pues está consignada en la Constitución (Art. 27) porque el bien común va por encima del particular. Peñalosa sí lo hizo, por ejemplo, con el Country Club. ¿Por qué entonces acusan a Petro de «expropiador» o «extremista»?

Ni siquiera el M-19 al que perteneció, tenía una línea soviética comunista/socialista. Las Farc sí, a las que no ingresó precisamente porque, desde su juventud, no gustaba de su ideología.

Lo han señalado de chavista, quizá por compartir la visión bolivariana de unión de países sudamericanos, de no intervencionismo extranjero y de empoderamiento de los excluidos. Eso no es chavismo ni socialismo ni comunismo, cualquier liberal y/o demócrata que se precie de serlo, lo compartiría.

Pero, además, Petro propone lo opuesto al modelo extractivista de Chávez y Maduro, tanto por la grave afectación al planeta (es un experto en cambio climático) como por su inviabilidad (…) Además no es posible, porque Colombia tiene reservas de petróleo para menos de cinco años. Es imposible hasta en el deseo. Poner a producir al máximo el agro es su consigna.

En resumidas cuentas, y echando mano de la literatura económica y académica en general, Petro es un socialdemócrata (el gran referente de la socialdemocracia son los países nor-europeos): Reformas dentro del capitalismo.

Reformas que ni siquiera lo son, pues, en un Estado Social de Derecho, como lo dicta la constitución, la propuesta de Petro viene siendo el simple cumplimiento a cabalidad de ella.

¿De qué habla Petro?: de derecho a la salud, a la educación, al trabajo digno. Eso ya está en la constitución. Quizá lo más «nuevo» sea la reforma agraria, para poner a producir hasta el último metro cuadrado de la tierra fértil en Colombia, pues somos un país netamente agrícola.

Ese es nuestro gran potencial. Aunque, si nos remitimos a la historia, esa idea ya la contemplaron viejos políticos (para nada comunistas o socialistas o «extremistas») como Lleras Camargo, Luis Carlos Galán o el conservador Álvaro Gómez Hurtado.

Lo más nuevo, eso sí, de la propuesta de Petro, es en lo referente a la adaptación al cambio climático y el cuidado del ecosistema, que tampoco es tan nueva, ya que desde hace tres décadas se advirtió sobre el inmenso riesgo de este fenómeno para la vida en el planeta.

¿Entonces por qué insisten en llamarlo extremista? ¿Quiénes lo llaman así?: Casualmente uno de los extremos definidos: el uribismo, pero también el autodenominado Centro. Lo más extremo de Petro es que no tolera la corrupción, y eso lo ha demostrado cuando ha denunciado a sus propios copartidarios.

¿Puede entonces existir el Centro en la actualidad política colombiana? Empezando que Petro no es de extrema izquierda sino socialdemócrata, se puede asegurar que no, pese a que el «Centro» busque forzadamente ubicar a Petro como extremo para así erigirse como opción viable entre dos inviables (extremos).

Paradójicamente, lo más parecido a un Centro en política (si es que eso puede existir) es la socialdemocracia, que es precisamente la corriente económica en la que Petro está ubicado.

¿Qué propone el autonombrado Centro? Realmente no existe una propuesta política seria de parte del «Centro» para Colombia y la crisis multidimensional que vivimos; y sus acciones políticas se configuran más como de derecha. Vemos por ejemplo, la alcaldía de Claudia López, con más cemento, más Transmilenio, más Peñalosismo (Peñalosa, personaje eminentemente de derecha y en muchos casos, de extrema derecha).

Vemos también las acciones de Fajardo: Relaciones con paramilitares, Hidroituango, apoyo del más grande grupo capitalista del país, socios de Uribe: el GEA. Vemos también a Goebbertus: Venida de las entrañas del Santismo, alabó la política genocida de «seguridad democrática» de Uribe, se opuso a la moción de censura a Carrasquilla (otro ultracapitalista y además corrupto).

Vemos a una Angélica Lozano, exhortando a la juventud a protestar por el andén, sin molestar y en orden. Vemos a un Mockus, que ha vivido más de los jugosos contratos que de las ideas, pues han sido, por decir lo menos, cosméticas.

¿Ese es el Centro, o es la derecha de siempre, que al ver el rechazo de la población por esta, se viste de centro?

La respuesta se la dejo a ustedes, estimado(a)s lectore(a)s…

(29 de enero de 2021)

Tomado de ladob.info