Por Osvaldo Cardosa *

Brasilia (Prensa Latina) Postergadas de octubre para noviembre de 2020 por la pandemia, las elecciones municipales realizadas en Brasil constituyeron un medidor y el más duro revés político para el presidente Jair Bolsonaro desde que asumió el poder hace dos años.
Aguijado por irresolutas acciones, el exmilitar rompió con el Partido Social Liberal (PSL), el mismo que lo llevó al poder en 2018, en medio de una lucha por el control del Fondo Partidario.

Según detractores, el mandatario ultraderechista quería más espacio para él y sus descendencias, sin tener en cuenta que el PSL tenía una estructura, presidencia y junta directiva electa antes de su entrada triunfal en el Palacio de Planalto (sede del Poder Ejecutivo).

Intentó durante la primera mitad de este año cohesionar su nueva organización política, Alianza para Brasil (APB), fundada en noviembre de 2019 que, según él, tendría como objetivos ‘luchar contra la corrupción’ y ‘promover los valores cristianos’, pero naufragó.

‘No es fácil formar un partido en estos días. Estamos tratando (de crear la APB), pero si no lo conseguimos en marzo tendremos una nueva opción’, admitió.

Sin su soñada alianza, el excapitán del Ejército se lanzó a respaldar a candidatos en las municipales, en la que unos 148 millones de brasileños estuvieron habilitados para elegir alcaldes, vicealcaldes y concejales de los cinco mil 567 municipios del país.

El apoyo se le complicó a Bolsonaro por no tener partido y una base política, y de los 13 candidatos a alcaldías que apuntaló, 11 fueron derrotados y solo dos resultaron elegidos entre las dos vueltas (15 y 29 de noviembre).

Sin embargo, después que se publicaron los resultados, el gobernante minimizó sus propios esfuerzos, al vociferar que los intentos de apoyar a postulantes equivalían a ‘solo cuatro transmisiones en vivo que sumaban tres horas’.

Por las cifras generales, la centroderecha emergió como la gran vencedora de una votación bajo la pandemia de Covid-19 que obligó a reforzar las medidas sanitarias.

Nombres respaldados por Bolsonaro registraron un malogrado desempeño en la primera ronda.

Uno de los fracasos más significativos de sus aliados fue el del pretendiente a la alcaldía de Sao Paulo, Celso Russomanno (del partido Republicanos), cuarto más votado y fuera del balotaje del 29 de noviembre.

También patinó en la segunda tanda el alcalde de Río de Janeiro, Marcelo Crivella, del partido Republicanos e incondicional del jefe de Estado.

El obispo ultraconservador de la Iglesia Universal del Reino de Dios perdió el cargo y la reelección ante Eduardo Paes, del partido Demócratas.

Durante la campaña electoral, Crivella robusteció su vínculo con Bolsonaro para procurar revertir los sondeos que no le eran favorables, pero no resultó.

Aparte del prelado, la última esperanza del exoficial era Wagner Sousa Gomes, quien también zozobró en Fortaleza, capital del nordestino estado de Ceará, a manos del candidato José Sarto, del Partido Democrático Trabalhista (PDT, centroizquierda).

Pese a los malos resultados electorales, según la politóloga Flávia Biroli, de la Universidad de Brasilia, ‘eso no significa que en el 2022 (presidenciales) no haya una fusión de Bolsonaro con los partidos de derecha’.

RAZONABLE ACTUACIÓN DE LA IZQUIERDA

Para la segunda vuelta de las municipales, el Partido de los Trabajadores (PT) presentó candidatos en 15 de las 57 ciudades en las que hubo otra ronda, sin embargo, no pudo asumir en la capital de ningún estado.

Al respecto, la presidenta de PT, Gleisi Hoffmann, consideró que la organización política logró ‘detener la hemorragia’ y mantenerse al mismo nivel que en las últimas justas distritales en 2016.

Calificó la actuación de sensata al recordar que el partido sufrió importantes ataques desde 2013, incluida una fuerte campaña de desmoralización, que hizo aún más difícil la evolución electoral este año.

Diría, señaló, ‘que las elecciones para el PT estuvieron a un nivel razonable de lo que pudimos enfrentar todo ese tiempo con adversidades’.

Argumentó que por las embestidas no resulta sencillo recuperar la imagen y el posicionamiento se da en saltos. Se recobra en el proceso, la disputa y el diálogo.

Hoffmann reconoció que el PT sufrió una serie de derrotas políticas en los últimos años ‘que no son menores’.

Recordó el golpe parlamentario judicial contra Dilma Rousseff en el 2016 que le apartó del poder, el encarcelamiento del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, los ataques que marcan al partido como ladrón y la cuestión de los valores puestos en contra.

‘Todo esto todavía tiene reverberación en la sociedad. Lo enfrentamos, hicimos la discusión, pero tiene una huella’, insistió.

Para la diputada, el PT sufrió una derrota electoral al no poder elegir a ningún alcalde en las capitales brasileñas, pero aun así consiguió un buen número de candidatos en la segunda vuelta y en los ayuntamientos de otros grandes centros urbanos.

‘Creo que el partido puede haber tenido una derrota electoral, pero no creo que haya sido una política completa… No podemos precipitarnos en las evaluaciones, ni pensar que estamos bien, pero tampoco pensar que el PT salió derrotado, destrozado’, reflexionó.

Remarcó que resulta obvio que la elección municipal te pone en el tablero las fuerzas en juego, algunas tendencias, pero no son determinantes para una competencia nacional.

arb/ocs

*Corresponsal de Prensa Latina en Brasil