Por Victor M. Carriba

La Habana, 4 dic (Prensa Latina) Ser o no ser es hoy la más clara alternativa para comprender la actual coyuntura económica y social que atraviesa Cuba debido al severo recrudecimiento de la hostilidad de Estados Unidos contra la isla.
Esa primera frase del monólogo de Hamlet en la obra del dramaturgo inglés William Shakespeare encierra la real dimensión de los problemas que enfrenta la isla al analizar las declaraciones del viceprimer ministro Alejandro Gil en torno a la presente situación del país.

El contexto general presentado por el también titular de Economía está marcado por una cadena de problemas interconectados bajo la presión del fortalecimiento extremo del bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Un cerco que dura casi 60 años y recrudecido ahora con más de 120 medidas decretadas desde 2019 por el gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, contra La Habana y el impacto de la pandemia de la Covid-19.

‘El bloqueo de Estados Unidos es asesino’, dijo Gil para mostrar el verdadero carácter de las agresiones dirigidas a ahogar la economía cubana y por consiguiente a una población de más de 11 millones de habitantes.

Los costos de ese bloqueo superaron por primera vez los cinco mil millones de dólares el año pasado, reveló el ministro.

Entre las nuevas presiones de Washington contra la isla están una implacable persecución financiera a los bancos, medidas para impedir la entrada de combustibles a Cuba, la suspensión de los cruceros y de los vuelos de Estados Unidos al país y el ataque a las misiones médicas cubanas en el exterior.

La más reciente fue la prohibición del envío de remesas hacia la isla en medio de la pandemia del nuevo coronavirus SARS-CoV-2, cuyo combate consumió hasta ahora más de 100 millones de dólares, para impedir la entrada de importantes recursos en divisas.

‘Nos vimos en un escenario totalmente excepcional: cierre de fronteras, paralización de una parte importante de la actividad productiva, trabajadores interruptos, incremento considerable de los gastos de salud en divisa y en moneda nacional, paralización de una buena parte del sector no estatal y del turismo’, subrayó gil.

Explicó que ‘no íbamos a responder a ese escenario con medidas neoliberales ni de choque’, sino que se buscó la manera de reordenar la economía y enfrentar la situación protegiendo a la población.

Con ese objetivo, los recursos se concentraron en adquirir básicamente medicamentos, alimentos y productos de aseo, así como en garantizar la generación eléctrica con el fin de evitar los apagones. Al referirse a la decisión de crear las llamadas tiendas en moneda libremente convertible, uno de los principales blancos de las actuales campañas mediáticas contra Cuba, el titular dijo que se trata de ‘uno de los caminos para subsistir, mantener la vitalidad de la economía nacional y proteger a su población’.

Reveló que el país perdía unos tres mil millones de dólares a través de una especie de mercado paralelo implantado por personas naturales que viajaban al exterior y traían productos que el país no estaba en capacidad de ofertar.

‘Había que encontrar la manera de captarlos y tener un nivel de oferta en el mercado nacional’, precisó.

Aseguró que esas tiendas permiten un nivel de oferta a pesar de que no toda la población puede acceder a ellas, captar divisas por la limitación de las exportaciones por un mercado desabastecido y redistribuir esas divisas en producciones y servicios nacionales.

De otra manera, ¿cómo hubiéramos podido financiar los recursos que le hacen falta al país para mantener, aunque sea en un nivel mínimo, las ofertas en las tiendas en moneda nacional?, preguntó Gil.

Y reflexionó: ¿cómo se financiarían los gastos de electricidad y de medicamentos?, ¿cómo pudiéramos gastar más de cien millones de dólares en la Covid-19?, ¿cuántos PCR (pruebas para la detección del coronavirus) hacemos?, ¿cuánto cuesta?, ¿a qué cubano se le cobra?

Asimismo, reiteró la vigencia del principio de la Revolución cubana de no aplicar medidas neoliberales ni de choque y de buscar la manera de reordenar la economía y enfrentar el actual escenario protegiendo a la población.

Esa es la cuestión, respondió Hamlet en su histórico soliloquio.

jcm/vc