Washington, 1 nov (Prensa Latina) Los habitantes de la capital de Estados Unidos pueden participar en las elecciones presidenciales, pero todavía hoy carecen de voz con respecto a la composición del Congreso del país.
Eso significa que en los comicios generales del próximo martes los residentes en Washington D.C. podrán dar su apoyo al actual mandatario, el republicano Donald Trump, al demócrata Joe Biden, o a cualquiera de los otros cuatro candidatos presidenciales cuyos nombres aparecerán en la boleta.

Sin embargo, y aun cuando es en el Distrito de Columbia donde se ubican el Capitolio, la Casa Blanca, y otras estructuras federales de la nación, la ciudad no poseen ni representantes ni senadores en el Congreso, por lo que no tendrá peso en las elecciones legislativas.

Tal situación se debe a que el centro de la vida política de la nación norteña carece del estatus de estado, y sus más de 700 mil habitantes no cuentan con los mismos derechos electorales de quienes habitan en los 50 territorios de ese tipo por los que está compuesto el país.

Una ley aprobada por el legislativo norteamericano en 1801 formalizó nuevos límites para el Distrito de Columbia a partir de tierras cedidas por Virginia y Maryland, y como resultado, los residentes en el area perdieron el derecho a votar por el presidente y vicepresidente del país, porque ya no vivían en un estado.

En 1961, en tanto, el Congreso avaló la Enmienda 23 de la Constitución, que otorgó al Distrito de Columbia tres votos electorales de los 538 repartidos a nivel nacional.

De ese modo, a partir de los comicios de 1964, los capitalinos comenzaron a tomar parte en la selección del presidente y el vicepresidente del país, pero la demanda del estatus de estado sigue pendiente casi seis décadas después.

En realidad, desde hace unos dos siglos los ciudadanos de la capital han intentado de varios modos convertir a la urbe en un estado, como ocurrió en las elecciones de 2016, cuando el 86 por ciento de los votantes se pronunció a favor de que las autoridades locales elevaran una petición al Congreso para otorgue la mencionada condición a Washington D.C.

Entre los motivos para impulsar esa solicitud, autoridades locales señalan que quienes viven en la urbe cumplen con todas las obligaciones de la ciudadanía estadounidense y, sin embargo, se les niega la representación en el Congreso.

Además, sostienen que la capital cuenta con más habitantes que Vermont y Wyoming, y que su población es comparable con la de estados como Delaware y Alaska, además de que sus residentes pagan más en impuestos federales sobre la renta que los de otros 22 territorios, pero no tienen voz sobre cómo se gasta ese dinero.

Por primera vez en la historia la Cámara Baja del Capitolio, actualmente bajo control demócrata, aprobó en junio pasado un proyecto de ley destinado a convertir a la ciudad en el estado norteamericano número 51.

La normativa cambiaría el nombre actual por el de Washington, Douglass Commonwealth, en honor al escritor, activista y abolicionista Frederick Douglass; y proporcionaría a los residentes la posibilidad de tener dos senadores y al menos un representante en el Congreso.

A pesar de esa histórica votación, existen muy pocas posibilidades de que el Senado de mayoría republicana le dé su aval a la propuesta, y Trump amenazó con vetar la legislación si llegara a aprobarse en ambos órganos.

Los republicanos refieren motivos constitucionales para justificar su oposición, pero numerosas fuentes coinciden en que su rechazo se debe al temor de que un nuevo estado lleve al Congreso a dos nuevos senadores demócratas, dada la gran inclinación de los capitalinos hacia la fuerza azul.

Un escenario más favorable para avanzar con el tema sería que el próximo martes los demócratas obtuvieran la mayoría del Senado, actualmente bajo control republicano, y que Biden ganara la Casa Blanca, pero incluso así, todavía habría desafíos legales que podrían llegar hasta la Corte Suprema.

Ante esas complejas perspectivas, todo parece indicar que las placas de los vehículos de D.C. continuarán mostrando por un buen tiempo alguna versión del eslogan ‘Taxation Without Representation’ (Impuestos sin representación), el cual refleja la situación en la que los residentes pagan impuestos federales pero no tienen ningún miembro con derecho a voto en el Congreso.

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