Estamos lejos los colombianos de tener un presidente que exprese el verdadero sentido democrático, que valga la pena recordar: “Democracia, es el gobierno del pueblo”. Mas bien parecen gobernantes de las épocas coloniales, cumplidores de órdenes de personajes externos, traicionando sus sagradas obligaciones, y en cambio sí, conduciendo a nuestra nación hacia el desfiladero autoritario.

Alonso Ojeda Awad
Exembajador de Colombia


Cuando la Minga Indígena, Afro, Campesina y Popular llegó a Bogotá después de una larga marcha desde sus territorios ancestrales, proclamó a los cuatro vientos su compromiso inclaudicable con la VIDA, tuve la profunda sensación de que, el presidente Duque iba a reunirse con ellos para enviarle un mensaje de Paz y esperanza al mundo, desde esta tierra golpeada por la muerte y la violencia.

Pero no fue así. El presidente en una pequeñez impresionante prefirió esconderse otra vez. Tras las cámaras de la televisión donde todos los días adelanta su ya fastidioso programa, desconoció olímpicamente la voz autorizada y serena que venía creciendo desde las profundidades del Cauca, ganando adhesiones y respaldo a partir del momento en que atravesó el Valle, remontó La Línea y se proyectó hacia Soacha y Bogotá.

La Minga fue recibida con alegría y el retumbar de sus tambores tribales anunciaban nuevos y esperanzadores tiempos para la sufrida sociedad colombiana. La Iglesia Católica la recibió con renovadas esperanzas y sin dobleces le recomendó al presidente Duque recibirla e iniciar un periodo de anhelos nacionales, que permitiera ir cubriendo el inmenso costo social que el Estado tiene adquirido con la sociedad colombiana.

Era un momento especial para el presidente Duque si quería ratificar las condiciones de líder que exigimos los colombianos, y de este modo se decidiera y procurara el gran gesto de conducir a esta sociedad terrateniente y mafiosa a una realmente campesina, justa, solidaria e identificada con nuestros valores ancestrales de características indígenas y afroamericanas.

Pero no fue así. Iván Duque volvió a mostrar su bajo talante, ratificó ese conocimiento que es “viral” en todo el país: Él no es el presidente, si no el sub presidente, porque el presidente es Álvaro Uribe Vélez. Mientras los colombianos esperábamos que él se hubiese reunido con la Minga para ganar como nación el respeto que nos merecemos ante los organismos internacionales, el presidente Duque se dedicó a escuchar las voces de los más recalcitrantes miembros del Centro Democrático, que tienen una visión elitista y antidemocrática de la política, unidos a los intereses terratenientes que son hegemónicos en el Cauca y el Valle. Como lo anotó el periodista Hernando Corral en su escrito: “Ayer los indígenas regresaron a su región de origen y dieron demostraciones de civilidad, a pesar de la torpeza y la arrogancia del Presidente Duque, de negarse a conversar con esta singular representación indígena”.

El presidente desechó una oportunidad única de dar una clase magistral de democracia, habiéndose sentado a escuchar los planteamientos auténticos de sectores ampliamente representativos de nuestra sociedad, quienes le hubiesen transmitido de primera mano información vital de esas conflictivas regiones, para que pudiese enrumbarlas correctamente. Pero no fue así, solo atinó en forma esquizofrénica a enviar a su Comisionado de Paz al Cauca, para hablar con las comunidades indígenas, cuando era de conocimiento mundial, que ellas estaban en la plaza de Bolívar. Increíble situación que denotó un profundo desconocimiento de la realidad nacional.

Estamos lejos los colombianos de tener un presidente que exprese el verdadero sentido democrático, que valga la pena recordar: “Democracia, es el gobierno del pueblo”. Mas bien parecen gobernantes de las épocas coloniales, cumplidores de órdenes de personajes externos, traicionando sus sagradas obligaciones, y en cambio sí, conduciendo a nuestra nación hacia el desfiladero autoritario.

Las comunidades ancestrales se están haciendo sentir con la fuerza organizativa que reclaman las nuevas coyunturas políticas. Bolivia acaba de dar su veredicto. Nuevamente el poder eleccionario está en sus pueblos indígenas. Bienvenidas las nuevas autoridades que con urgencia reclaman nuestros desarticulados países.

Edición 705 – Semana del 24 al 30 de octubre de 2020