POSTED BY: CUARTO DE HORA 11 OCTUBRE, 2020

por: Gustavo Petro

Ultimamente, en escasas semanas, he recibido varias atenciones por parte del presidente de los EEUU, Donald Trump. Me ha llamado socialista, exguerrillero del M19, perdedor, en un intento de ligarme con Biden para buscar, aparentemente, que la sociedad latinoamericana en EEUU, derechizada sobretodo en el Estado de la Florida, vote por él y no por Biden.

Busca aparentemente, o sus asesores lo hacen en su nombre, que con mi postura política se asusten los electores colombianos proclives a Biden y terminen votando por Trump.

Dudo que ni Trump ni Biden me conozcan. Y dudo que el electorado de la Florida anclado en cadenas televisivas similares a RCN, me conozcan. Lo que intentan los asesores de Trump, esos si latinos de extrema derecha y residenciados en la Florida, es asustar a los electores de Biden y a Biden. Buscan conservatizar a Biden, para que pierda los electores de Sanders, como sucedió con la sra Clinton, y derrotarlo. No son los electores de derecha colombianos en EEUU los que le darían el triunfo a Trump, sino los electores afros y latinos, y las juventudes norteamericanas, los obreros del cordón industrial, demócratas, los que al ver a un Biden muy parecido a Trump, le darían la victoria a Trump al dejar de votar. Esa es la única oportunidad que hoy tiene Trump.

Debo confesar que desde hace décadas he construido una fuerte relación con algunos líderes del Partido Demócrata de los EEUU, entre ellos el fallecido Edward Kennedy, y, recientemente, con todo el ala progresista que ha irrumpido tan poderosamente con Sanders y su bancada.

Y aunque por esas relaciones, que alguna vez ayudaron a detener la firma del TLC con los EEUU, he recibido insultos en Colombia, como los del Moir que me sindicaba de la CIA, o los de Santos, cuando era uribista, que me sindicaba de apátrida, he creído que es importante sostener un puente que permita un nuevo dialogo entre los pueblos latinos, indígenas y afros de América y el poder de los EEUU.

Interesante sería plantearnos en esta columna, que pasaría con un triunfo de Biden y un triunfo mío en las elecciones presidenciales. Ante el triunfo de Biden la orden inmediata, y muy hipócrita de Duque, sería cooptar rápidamente el apoyo norteamericano demócrata para las políticas de siempre: ayuda militar y fumigaciones pues no olvidemos que fueron los demócratas los que se inventaron el llamado Plan Colombia.

Pero, ¿Qué rumbo tomarían las relaciones Colombo/estadounidenses si tanto Biden como yo triunfáramos?

Lo que identifica a Colombia Humana con la corriente progresista dentro del Partido Demócrata de los EEUU, es la lucha contra el cambio climático.

Anuncié en mi campaña del 2018, que el eje internacional de Colombia se desplazaría a configurar un frente de naciones y movimientos sociales para acelerar la transición hacia una economía descarbonizada en la lucha contra el cambio climático.

El cambio del clima, con el riesgo de extinción de la humanidad que conlleva, es producto de la expansión de la acumulación del gran capital sustentada en el uso cada vez mayor de combustibles fósiles: carbón, petroleo y gas. El capital fósil, como lo denomino, puede acabar todo lo viviente en la tierra en cuestión de décadas.

El país ha dependido después de la época del café, de las exportaciones del carbón y del petroleo y, clandestinamente, de la cocaína.

Reemplazamos a Juan Valdez por Pablo Escobar, pero ese reemplazo solo se pudo soportar desde el frente de la economía legal, con el ascenso del carbón y del petroleo en nuestras exportaciones.

No nos debe extrañar cómo Luis Carlos Galán, el principal oponente al narcotráfico en los años ochenta, también se oponía a una minería de cielo abierto como la del Cerrejón en la Guajira. Narcotráfico y economía extractivista van de la mano.

En realidad, el carbono es un veneno muchísimo más peligroso que la cocaína, ambos generan la misma dinámica económica: un enriquecimiento ficticio derivado del traslado de rentas que valen decenas de miles de millones de dólares de los consumidores del exterior, adictos a la cocaína y sobre todo a la gasolina. Esa entrada masiva de dólares que no se debe a la venta en el exterior de nuestra producción interna, lo único que provoca es un empobrecimiento real, la entrada masiva de dólares sin sustento en un incremento de la productividad nacional, revalúa el peso, abarata importaciones y destruye la producción nacional: agraria e industrial.

Cuando fuí a EEUU a dialogar con los congresistas demócratas para impedir la aprobación del TLC, Tratado de Libre Comercio, y por ello fuí tildado de apátrida por el ministro de Uribe: Juan Manuel Santos, expresé una tesis que en principio fue atendida en el Congreso norteamericano y rechazada de plano en el colombiano. El TLC solo profundiza la ruina de la industria y la agricultura colombiana y con ellos la sociedad tiende a girar más alrededor de la exportación de cocaína, y de los sectores del lavado de dólares y de la extracción, sin generación de riqueza, de minerales.

Si los sectores políticos de los EEUU querían disminuir realmente el narcotráfico colombiano, se pegaron un disparo en el pie, al presionar la aprobación del TLC.

Pues bien, un triunfo de Biden y mío traería esta discusión de nuevo a la mesa de negociaciones pero articulado al gran frente común de lucha contra el cambio climatico.

Los que piensan que utilizaría la presidencia para quemar una bandera de los EEUU, se equivocan. En verdad creo que hay intereses comunes en un continente común y que lo que se necesita es un dialogo franco, de tu a tu, sin arrodillamientos de ningún tipo.

Esto no lo entiende ni Trump, ni Uribe ni Duque, porque son todos negacionistas del cambio climático, porque todos estan ligados al gran capital fósil, y por que tanto Duque como Uribe han terminado relacionados políticamente con el narcotráfico colombiano y el genocidio, por eso necesitan arrodillarse permanentemente.

Veamos: la lucha contra el cambio climático implica entre varias medidas, imponer una tasa carbón a las mercancías por su capacidad de emisión de gases efecto invernadero en su producción o su consumo. Este instrumento ha sido usado parcialmente en Europa y un instrumento similar, el del desarrollo de un mercado de bonos carbono, como derechos de emisión, ha sido implementado en varios estados de los EEUU.

Es un mecanismo de mercado, del que tengo varias dudas, pero que perfectamente puede ser utilizado en el mercado exterior colombiano. Dije en la campaña del 2018 que me proponía poner una tasa carbón a las importaciones que hace Colombia.

No se si la prensa no comprendió lo que decía, o simplemente, como fue su costumbre en la campaña, no estaba interesada en publicitar las propuestas de la Colombia Humana, pero la propuesta que es discutida mundialmente, construída por el premio nobel William Nordhaus, y sobre la cual tengo una crítica que presentaré en un próximo libro que publicaré, es, indudablemente una propuesta pertinente y tiene un objetivo específico para Colombia: desarrollar de manera acelerada la economía productiva del país.

Si ponemos una tasa a las importaciones por el grado de emisiones de gases efecto invernadero que producen en su producción y consumo las mercancías importadas, no estaremos evadiendo ningún compromiso del TLC, porque los negociadores no tenían ni idea del cambio climático y no presentaron prohibiciones en este orden. Indudablemente tendríamos que afrontar una discusión en la OMC, Organización Mundial del Comercio, que varios países de Europa ya adelantan, como bien lo explica Naomi Klein.

La tasa carbono a importaciones nos permitiría en un primer momento proteger la industria y la agricultura nacional de importaciones baratas y subsidiadas del mundo pero profundamente depredadoras con la vida.

En una recesión como la que vivimos, protegernos de importaciones responsables en alto grado de la extinción de la vida del planeta por su uso intensivo de combustibles fósiles, podría elevar el crecimiento productivo de Colombia a tasas superiores al 7% anual y posibilitar, por la intensidad de puestos de trabajo que necesita, un crecimiento mucho más acelerado del trabajo nacional, lo que se traduce en un aumento del poder adquisitivo de las familias colombianas.

Una acción así tendría que ser seguida de un estímulo al crecimiento de la producción y la productividad sustentada en las energías limpias y la descarbonización de la producción tanto en la agricultura como en la industria en nuestra propia economía.

Colombia Humana lo que propone, como lo propone también la corriente progresista en los EEUU, es una reactivación económica sustentada en la energía limpia y la descarbonización. En EEUU a este plan lo han llamado el New Deal Green. El Nuevo Trato Verde

Indudablemente la base de una economía descarbonizada en Colombia estaría determinada por la energía solar, la electrificación del transporte, la expansión del conocimiento y la creacion de fuertes lazos solidarios en la pequeña y mediana empresa tanto urbana como rural, en las comunidades campesinas, afro e indígenas.

El crecimiento acelerado de una economía descarbonizada en Colombia, gracias a una protección a las importaciones moderna y convivial con la protección de la vida, restringiría al máximo la concepción extractivista basada en el carbón y el petroleo y, fundamentalmente, la exportación de cocaína. El narcotráfico disminuye con producción y gasto social. El narcotráfico no es sino la otra cara de la moneda de la exclusión social.

Por tanto la lucha contra el cambio climático se convierte en un nuevo eje de negociación con un nuevo gobierno de los EEUU desde elpunto de vista de la lucha contra el narcotráfico. Un New Deal Green, un Nuevo Trato Verde, puede tener elementos sustanciales de una nueva visión de la lucha por detener el narcotráfico en Colombia.

Un triunfo de Biden, y con él, un empoderamiento de la nueva corriente progresista en la política de los EEUU puede cambiar la visión de la lucha contra el narcotráfico en Colombia si la enmarcamos dentro del contexto del Nuevo Trato Verde, lo cual implica reformar los acuerdos bilaterales del TLC. Una protección a la producción en Colombia con instrumentos de la lucha contra el cambio climático, y el crecimiento descarbonizado que conlleva, es, también, una política eficaz para disminuir la producción de cocaína de Colombia.

Desde una perspectiva interna, lo que planteo aquí, que no tardará de ser tildado de castrochavista, es algo completamente alejado de ese concepto inventado por nuestros extremo derechistas: descarbonizar la economía colombiana es todo lo contrario al modelo económico de Maduro, que ha fracasado precisamente porque mantiene su dependencia al petroleo, es decir, al capital fósil y a la economía de la muerte que conlleva.

En realidad lo que proponemos no es socialista, en el sentido soviético, porque se apoya en un desarrollo del capitalismo de pequeñas y medianas empresas para la industrialización y la producción agraria. Pero implica, contrario al capitalismo, la construcción de una fuerte regulación estatal hacia la descarbonización, una planificación de la descarbonización que implica el respeto al agua y la naturaleza, el fortalecimiento de la banca pública y la educación y la salud públicas, unas nuevas relaciones laborales que graviten hacia la estabilidad en el trabajo, y el ascenso no solo del salario real, sino del salario relativo respecto a las ganancias, lo que proponemos implica la aparición de nuevas relaciones sociales de producción basadas en la colaboración común, la economía colaborativa, nuevo concepto económico que se vehiculiza con el uso de las nuevas redes y las asociaciones libres basadas en el conocimiento a escala global.

No solo proponemos mecanismos de mercado para combatir el cambio climático, como las tasas carbón, sino una planificación pública de la descarbonización de la economía, y esta es mi diferencia con Nordhaus.

La economía descarbonizada es una economía altamente colaborativa.

Asi que si gana Biden, Colombia Humana levantará desde el palacio de Nariño, la configuración de un Nuevo Trato Verde para todo el continente americano.