GUSTAVO PETRO 21 SEPTIEMBRE 2020

Las publicaciones recientes de dos prestigiosas revistas, “the lancet”, en el mundo científico y “The economist”, en el mundo económico, que han hecho comparaciones de las  políticas de los países del mundo frente a la pandemia y frente a la crisis económica, han desnudado la realidad de la pésima calidad de las políticas del gobierno de Duque.


En ambos terrenos, el de la pandemia y el de la economía, Duque ha fracasado estruendosamente. “The lancet” analiza tres variables para examinar las políticas frente al covid19: el número de contagiados por millón, el número de muertos por millón y el número de pruebas que se hacen en los países del mundo por cada contagiado que se encuentra. La variable determinante es el número de pruebas, porque ésta mide la capacidad de controlar la enfermedad y por tanto determina el número de contagiados y el número de muertos.

Para el mes de agosto, Colombia queda entre los tres peores países del mundo en el tratamiento de la epidemia, sólo superada por Panamá y las Islas Maldivas.

Ante la publicación de una revista tan prestigiosa, respondieron de inmediato los defensores del gobierno y de la ley 100. Desde los funcionarios del ministerio de salud, hasta Alejandro Gaviria, el exministro de salud de Santos, y todos dijeron que no se podía sacar tal conclusión del cuadro de la revista Lancet, porque el cuadro sólo reflejaba los picos para el mes de agosto, mes del análisis, con países que habían tenido cronografías diferentes y picos en meses anteriores.

Una defensa equivocada en mi opinión. La variable fundamental del análisis es el número de pruebas por cada contagiado encontrado, que en realidad mide la capacidad de los sistemas de salud para controlar la enfermedad. Esta variable no depende de la cronografía de la pandemia diferenciada en el tiempo en los países pero sí muestra cómo los países con escaso rango de pruebas simplemente no pueden controlar la enfermedad y alcanzan niveles altísimos de contagio y por tanto de muerte.

El cuadro muestra que en Colombia se han hecho en promedio 3,3 pruebas por cada contagiado encontrado. Es una de las tasas más bajas del mundo.

En EEUU, uno de los países en rojo del cuadro, se hacen 15,8 pruebas por cada contagiado encontrado. Entre los países mejor evaluados de todo el continente americano, Cuba hace 110 pruebas y Uruguay hace 183.

En Europa, el Reino Unido hace 168, Dinamarca 308 y Finlandia 473, por cada contagiado encontrado; y son paradigmáticas las tasas de Asia, y Oceanía, donde Malasia hace 742, y Myanmar 937. Nueva Zelanda barre récords con cero muertes por millón y 3.368 pruebas por cada contagiado encontrado.

La cantidad de pruebas permite controlar la enfermedad y por tanto la muerte.

El número de pruebas es un medidor de la capacidad preventiva del sistema de salud. Las pruebas no se hacen solas, necesitan miles de médicos y enfermeras para hacerlas, centenares de laboratorios con miles de profesionales analizándolas, implica costos presupuestales altos. Los países que privatizaron su salud son los que hacen menos pruebas en el mundo y no controlan la enfermedad, los países que fortalecieron sus sistemas públicos de salud preventiva, lograron controlar la enfermedad.

En Colombia, la decisión de Duque de tratar la pandemia con las empresas mercantiles de la ley 100 condenó al país a un enorme fracaso, que la prensa oculta tratando de normalizar los números, como si lo que ocurre en el mundo ocurriese también en Colombia. Pero no es cierto.

Colombia evitó el colapso hospitalario que con tanta estridencia vimos en el norte de Italia, España, Ecuador y la ciudad de Nueva York, simplemente por la vía de dejar morir la gente en sus casas. Resultó menos estridente.

Pero la revista científica desnuda la realidad. Sólo Panamá y las Maldivas nos superan en ineficacia ante la pandemia en todo el planeta. Duque llevó la sociedad al matadero con la excusa de salvar la economía.

Pero tampoco salvó la economía.

La revista “The Economist”, bastante de derecha, y los datos comparativos del FMI y el Banco Mundial, muestran que Colombia se ubica entre los países donde más cayó el Producto Interno Bruto, el medidor de la economía, y la tasa de empleo de todo el mundo.

El país está literalmente en ruinas. La pequeña y mediana empresa rural y urbana, industrial, agraria y comercial ha quebrado de manera generalizada.

Millones de puestos de trabajo desaparecieron, cinco millones pasaron a aguantar hambre como lo demuestra una estadística del DANE según la cual en un 23,4% de los hogares colombianos de 23 ciudades comen solo dos veces al día, cuando antes comían tres veces diariamente y en un 1,53%, de los 6.886.830 hogares de estas ciudades, es decir, en 106 mil hogares, solo comen una vez al día. Esto se llama hambre. Pura y física hambre.

Las ciudades más destruidas económicamente son Bogotá y Medellín, y la ciudad que más ha visto crecer el hambre es Barranquilla.

En todo el mundo hay crisis económica, pero la Colombiana es de las más profundas.

¿Cómo puede explicarse que Duque haya levantado la cuarentena de manera paulatina casi a la semana siguiente que la decretó y la economía no haya reaccionado sino que se haya hundido?

La respuesta no es difícil. Tiene que ver con el corazón del proyecto político de los gobiernos en las últimas décadas y que Colombia Humana propuso cambiar por otro proyecto más democrático en el 2018.

Si examino uno de los datos de la política económica desarrollada por Duque a través de decretos de emergencia: el del pago estatal de nóminas laborales de las empresas privadas, encuentro realidades que muestran al desnudo el proyecto del gobierno. Fue Dinamarca el primer país en implementar esta medida con 100% del pago de los salarios por parte del Estado, y cubriendo la totalidad de sus empresas, la medida se extendió luego a Europa y los EEUU.

En Colombia solo se subsidió el 40% de la nómina laboral y los recursos, que alcanzaron la suma de 3,3 billones de pesos, se entregaron en un 40% al 0,7% de las empresas beneficiadas, unas 961 empresas calificadas como muy grandes, el 92% de las empresas beneficiadas, más de 120.000 calificadas como pequeñas, recibieron solo el 30% de los recursos.

En Colombia hay más de millón y medio de pequeñas y medianas empresas, y en estas empresas se genera el 80% de los puestos de trabajo del país.

Es decir que el Gobierno salvó las grandes empresas con más de un billón de pesos del presupuesto, que no generan casi empleo, y dejó la pequeña y mediana empresa, donde se ubica la mayor parte del empleo, sin ayuda.

¿Que significa esto? Que la intención del gobierno tampoco era salvar la economía y los puestos de trabajo, sino salvar las más grandes empresas del país, principalmente carboneras, petroleras, bancos y grandes superficies comerciales.

Capítulo aparte merecería el tema de Avianca donde se pretende entregar en préstamo a altísimo riesgo, 1.4 billones del erario, más que todo lo que el gobierno le ha entregado a las 961 más grandes empresas juntas, pero no porque Avianca se vaya a salvar, sino porque ésta pagaría a sus acreedores las deudas, entre ellos los bancos de Luis Carlos Sarmiento, los bancos del Grupo Empresarial Antioqueño, y Davivienda, que salvan así los créditos que le entregaron a la empresa quebrada.

Pasear por las estadísticas de subsidio al agro, repitiendo el AIS de Arias, o la política de emisión monetaria que fue a parar a la banca privada, nos da el mismo panorama.

En medio de la pandemia que dejaron incontrolada para no variar el sistema mercantil y de negocios de la ley 100, Duque dejó arruinar la economía y los puestos de trabajo para solo salvar los grandes grupos corporativos, que son los que en realidad tienen el poder en Colombia.

Es por esto que los puestos de trabajo se destruyeron, y la economía entró en ruina.

El proyecto de Duque sigue escarbando en los pozos de petróleo y las minas de carbón y oro, propone rebajar regalías  e impuestos a estos grupos poderosos, desfinanciando aún más el Estado, establece una piñata de recursos a favor de los propietarios de los bancos que guardaron los recursos para el crédito o solo lo entregaron a estas mismas grandes empresas con un resultado final: la ruina generalizada, el empobrecimiento de Colombia.

A la pequeña y mediana empresa, explotada por el uribismo políticamente, simplemente la engañaron. La llevaron a que obligaran a sus trabajadores a hacerle manifestaciones a Duque como los confeccionistas en San Victorino, la llevaron a obligar a los y las trabajadoras a votar por Duque so pena del despido, a oponerse al paro nacional, y luego las quebraron. Así de simple.

Finalmente ni salud ni economía, ni vida, ni negocios, que no fueran los negocios de los más poderosos del país que usaron la pandemia para aumentar su riqueza. Sobre la ruina, unos pocos engordaron.

El coeficiente Gini, que mide la desigualdad, debe haber aumentado estruendosamente en el país, ya era el tercero más alto del mundo antes de la pandemia.

Ante esta realidad desnuda, desnudada no por la prensa nacional, sino por revistas prestigiosas del mundo, es obvio que Duque haya perdido el apoyo popular. Se ha deslegitimado tanto que ha arrastrado todo el proyecto uribista con su suerte. Ni siquiera la prisión de Uribe llevó a que la gente se moviera para su liberación. Las calles se llenaron de camionetas blindadas pero no de gente. Duque y el uribismo ya no tienen apoyo popular.

La falta de apoyo popular hace que Duque para sostenerse tenga que entregar pedazos del Estado a la clase política tradicional exsantista y así controla el Congreso. Hace que Duque busque controlar cuanta rama del poder público exista, diseñando una dictadura, y  hace que Duque se apoye sobre todo en la violencia pura y simple, en los fusiles y el ESMAD.

El régimen de Duque hace agua por todos los poros y para defenderse simplemente dispara. Por eso se vistió de policía y se silenció ante las decenas de asesinatos aleves de la fuerza pública contra población civil en su mayoría jóvenes y jovencitas. El régimen de Duque es un Estado policial.

Queda como experiencia válida, mirar si el programa presentado por la Colombia Humana en las elecciones presidenciales del 2018, hubiera podido ser más pertinente para salvar el país de la actual crisis.

Propusimos cambiar la ley 100, con un sistema preventivo de salud, bajo la experiencia exitosa de los territorios saludables de la Bogotá Humana. Creo firmemente que esas decenas de miles de enfermeras y profesionales de la salud organizados en equipos territorializados en áreas que cubrieran 800 familias y con cobertura para todo el país como propusimos, hubieran sido capaces de hacer las pruebas que se necesitaban, casa por casa, y sobre esa base como lo indica la experiencia mundial, hubiéramos podido controlar la pandemia y su muerte.

El sistema preventivo que propusimos era muchísimo más atinado para defender a la sociedad colombiana de la enfermedad.

Creo que acertamos cuando le propusimos a Colombia salir de la economía fósil basada en la simple extracción de hidrocarburos y su reemplazo por una economía productiva basada en la agricultura, la industria y el conocimiento.

Creo que acertamos cuando le dijimos al país que la expansión económica y una política de industrialización había que basarla en el conocimiento generalizado para lo cual había que expandir la universidad pública y hacerla gratuita. Acertamos cuando propusimos una banca pública que compitiera con la privada y democratizara el crédito y acertamos cuando propusimos elevar la demanda efectiva centrada en la liquidez de los hogares, para hacer crecer la economía.

Hoy podemos decir que las empresas se quiebran, a pesar que no hay cuarentena, porque no hay demanda, es decir capacidad de pago de los hogares empobrecidos y sin empleo.

Las propuestas que hicimos de renta básica a diez millones de hogares, y el subsidio estatal a la nómina del 100% a la pequeña y mediana empresa, hubiera salvado millones de empleos y hoy sería la base de una real reactivación económica.

El programa de la Colombia Humana hubiera salvado la pequeña y mediana empresa del país, pero pudo más el miedo al cambio y al inexistente castrochavismo. Castro y Chávez están muertos y solo la historia evaluará sus gestiones, y así llena de miedo con los fantasmas, esa pequeña y mediana empresa prefirió votar por el proyecto político que tenía el potencial de arruinarla, y efectivamente la arruinó.

Colombia Humana es el proyecto del conocimiento, de la diversidad, de la justicia social, y es el proyecto de las pequeñas y medianas empresas, agrarias y urbanas del país.

20 de septiembre de 2020

(*) Gustavo Petro es el precandidato a la Presidencia de Colombia 2022 por la Unión Patriótica

Tomado de cuartodehora.com