Por: Earle Herrera|Red Radio Ve

El autoproclamado amenaza con volver a autoproclamarse el 5 de enero de 2021. Es el único ser del planeta tierra que no quiere olvidar el año viejo –este annus horribilis de 2020- porque le trajo cosas muy buenas: Citgo, Monómeros y el manejo a discreción de los activos robados a Venezuela por los países que lo sostienen. Empalagado, el interino sin interinato convidó a sus secuaces del G4 y a otros derechistas a trazar una hoja de ruta “unitaria”. No tiene liderazgo para cautivarlos, pero sí dólares para seducirlos.

El 5 de enero, los dos pedazos de la Asamblea Nacional en desacato cumplen su período de 5 años. Nada hay que interpretar. Es un mandato constitucional. El próximo 6 de diciembre se realizarán las elecciones convocadas por el Consejo Nacional Electoral, en las que el pueblo elegirá al nuevo parlamento. El autoproclamado dice que no participará en esos comicios, pero que (auto) extenderá la vigencia de la actual AN indefinidamente (hasta que la Casa Blanca lo decida).

Uno de los convocados por el “encargado”, Henrique Capriles, advirtió que se deben dejar las fantasías. Otro aliado insospechable de ser un colectivo del 23, la Conferencia Episcopal, se pronunció a favor de la vía electoral, para sorpresa urbi et orbi. Esto cayó sobre la derecha como una cisterna de agua, no precisamente bendita. El historiador Pino dijo que los convidados estaban “desgastados”. Para colmo, una encuestadora de extremo centro reveló que el autoproclamado goza de un 84% de rechazo. El que goce con eso es algo más propio de la siquiatría que de las ciencias políticas.

El autointerino tiene sus razones para querer perpetuarse como presidente de la AN sin que nadie lo elija. El G4 también. Para ellos, 2020 ha sido espléndido. Es probable que el venidero 5 de enero se repita el show del ex diputado Guaidó moneando la cerca del Palacio Legislativo, aunque las verjas estén abiertas de par en par. La imagen le dará la vuelta al mundo, al igual que en 2019, pero más como caricatura que como noticia. Nadie reirá el replay de la comiquita de la derecha porque éstas le resultan al país demasiado onerosas y cruentas. El ex presidente Trump, echado de la Casa Blanca, escupirá: “por apoyar tipos como este soy un ex. Ya no creo ni en Miami”.