Por Silvia Martínez *

Roma (Prensa Latina) Apenas una década resta para la meta Hambre Cero en el mundo contemplada en la Agenda 2030 de las Naciones Unidas (ONU), propósito que desde hace varios años da señales de inalcanzable.
Desde 2015, diversos organismos del ente mundial advierten del sostenido incremento del hambre, tras décadas de descenso, y cómo progresivamente se aleja el objetivo de lograr la seguridad alimentaria y erradicar todas las formas de malnutrición.

En ese empeño, más promover una agricultura sostenible, se centra el segundo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para una adecuada gestión de la agricultura, la silvicultura y la acuicultura, capaz de suministrar comida nutritiva, generar ingresos decentes y promover el desarrollo desde y para las personas del medio rural, sin daños al medioambiente.

Hechos y realidades de las que son parte los 17 ODS y sus 169 metas, que integran la Agenda 2030 de la ONU, aprobada en 2015 por sus Estados miembros, comprometidos con erradicar la pobreza y la desigualdad, garantizar derechos humanos y sociales, y fomentar el crecimiento económico sostenible, entre otros.

Conflictos, dígase guerras, choques tribales, medidas unilaterales coercitivas, así como el cambio climático y sus fenómenos extremos de sequías e inundaciones, son las causas más visibles de la persistente hambruna, sumados ahora el gran brote de la langosta del desierto y la Covid-19, que hacen trizas cualquier pronóstico.

Todos, como se suele decir, ‘pasan por las manos del hombre’ y tienen consecuencias más o menos severas según el lugar y la base económica y social, como también la voluntad política para encontrar soluciones.

Desde el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI) 2017 se previene sobre lo ‘difícil de lograr el objetivo de un mundo sin hambre y sin malnutrición para el 2030’.

Actualmente, los expertos ven como dudosa la posibilidad de alcanzar ese objetivo, ante un panorama mundial de mayor crisis económica y social por causa de la enfermedad.

Así lo definió el SOFI 2020, elaborado por cinco agencias de ONU, el cual notifica que en 2019 casi 690 millones de personas pasaban hambre, cifra que representa respecto al año precedente 10 millones más, casi 60 millones en cinco años, y que sitúan la hambruna en los niveles de 2010/11.

El estudio incluso avisa que en 2030, por el rumbo actual que marcha el mundo, 840 millones de personas tendrán serias limitaciones para alimentarse, en otras palabras, serán parte del vergonzoso ejército de hambrientos del planeta.

La alerta está firmada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) y la Organización Mundial de la Salud (OMS).

INCREMENTO DE LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA Y MALNUTRICIÓN

Es sabido que el efecto acumulativo de los cambios en el clima mina la disponibilidad de alimentos, el acceso, la utilización y la estabilidad, a lo que los expertos llaman ‘dimensiones de la seguridad alimentaria’

El SOFI 2018 instaba a fortalecer la resiliencia y planteaba que ‘el riesgo de padecer inseguridad alimentaria y malnutrición es mayor hoy en día porque los medios de vida y los bienes de subsistencia -en especial los de las personas pobres- están más expuestos y son más vulnerables a la variabilidad y las condiciones extremas del clima’.

Datos de la FAO indican que las crisis alimentarias asociadas al clima involucran a 20 de los 34 países afectados por ese flagelo, los cuales viven en un contexto de paz; los 14 restantes sufren conflictos, donde la situación es más complicada.

En junio de 2019, año al que remite el SOFI 2020, la FAO lanzó una alerta sobre el impacto en la agricultura de los desplazamientos poblacionales causados por conflictos.

Las abundantes cosechas agrícolas en algunas regiones impulsan el suministro global de alimentos, pero los conflictos prolongados y los enfrentamientos incrementan las filas de desplazados y de víctimas del hambre incluso en otros lugares, señaló también en su reporte Perspectivas de cosechas y situación alimentaria de ese año.

El clamor de ayuda del organismo internacional era para 37 países, de ellos 28 en África, los cuales necesitan (todavía hoy) ayuda alimentaria urgente.

En su estudio Paz y conflictos ese ente muestra sobre el terreno con ejemplos cómo la inversión en seguridad alimentaria ayuda a combatir el hambre y a construir la paz.

Fortalecer la resiliencia mediante la consolidación de la paz es esencial para la seguridad alimentaria y la nutrición, sostiene la FAO y señala que, dependiendo de las condiciones específicas del contexto, la ayuda alimentaria, la protección social y el apoyo a la agricultura suelen contribuir significativamente al respecto.

También desde principios de 2020 la FAO alertó sobre el brote sin precedentes de la langosta del desierto en el Cuerno de África, extendida después a otras naciones africanas, considerada la plaga migratoria más antigua y destructiva del mundo.

El director general de la FAO, QU Dongyu, en un mensaje de agradecimiento a la Unión Europea por su contribución financiera a combatir al depredador insecto, explicó que la batalla contra esa plaga devoradora de cultivos lleva tiempo y contar con el apoyo sostenido es decisivo.

Advirtió que, pese al éxito del control, las fuertes lluvias de primavera crearon las condiciones ideales para la reproducción de las langostas que, según expertos, solo un enjambre de un kilómetro cuadrado puede contener hasta 80 millones de insectos.

La destrucción de los nuevos enjambres, avizora la FAO, podría provocar una crisis humanitaria en Etiopía, Kenya, Somalia, Sudán, Sudán del Sur y en Yemen. ‘No podemos desfallecer en nuestra lucha contra las langostas’, apuntó QU y añadió que ‘la situación de la seguridad alimentaria es alarmante para millones de personas’.

COVID-19, AUMENTO DE LA POBREZA Y ALZA DEL HAMBRE

El SOFI 2020 previene que la pandemia hasta finales de este año podría arrastrar al hambre a 130 millones de personas, incluso es posible su recrudecimiento en el contexto de la Covid-19 y que esta cifra aumente aún más en ocasiones.

También prevé, de modo preliminar, que su impacto puede agregar entre 83 y 132 millones de personas al número total de subnutridos, en dependencia del escenario de crecimiento económico.

Antes de la presentación de ese documento, el 164 Consejo de la FAO vaticinó un alza del hambre y la malnutrición por la ‘combinación de los efectos de la Covid-19, las medidas de contención de la enfermedad y la consiguiente recesión mundial’.

Lo atribuye a un incremento de la pobreza, sobre todo en países de bajos ingresos dependientes de las importaciones de alimentos; incluso avisó que una posible recesión mundial provocada por el nuevo coronavirus, puede cancelar un decenio de progresos en materia de reducción de la pobreza.

El análisis sostuvo que a diferencia de las crisis de precios de los alimentos de 2007 y 2008, hoy el desafío radica en el acceso a los alimentos y no s su disponibilidad.

Según las estimaciones revisadas de la FAO, hasta 120,3 millones de personas podrían comenzar a padecer crisis de alimentos debido al descenso del crecimiento económico.

La caída de la demanda de las exportaciones de productos básicos, como el petróleo, el algodón y los minerales, el colapso del turismo y la reducción de los flujos de remesas afectan de un modo especialmente grave a los países en desarrollo.

En su Programa integral de Respuesta y Recuperación Covid-19, destinado a prevenir una emergencia alimentaria mundial durante y después de la pandemia, para el cual solicita una inversión inicial de 1,2 mil millones de dólares, la FAO se enfoca en una ‘propuesta global ágil y coordinada’.

Busca con esa propuesta garantizar el acceso a alimentos nutritivos mediante la movilización de recursos y asociaciones a nivel nacional, regional y mundial.

Para el director general de ese organismo es preciso trabajar muy duro para limitar los efectos dañinos de la enfermedad en la seguridad alimentaria y la nutrición, y solicitó unirse a la organización en ese empeño.

Explicó, además, que la tecnología digital es la única vía para abordar esos desafíos, incluso válida hasta para la ayuda humanitaria y el control de la langosta del desierto.

La pandemia, explicó, exige en ‘hacer innovación también en nuestra mentalidad’, interactuar más firme, sobre todo con los más vulnerables; abrirse al sector privado, multiplicar los esfuerzos y construir redes más amplias.

Se precisa, dijo, trabajar de abajo hacia arriba, pues ‘los héroes verdaderos son los que están con los pies en la tierra, los que la trabajan y tienen experiencias sobre el terreno’.

arb/smp

*Corresponsal de Prensa Latina en Italia