Existe una difícil realidad de Colombia y del planeta, que exige tomarlo demasiado en serio y plantear ideas realistas concretas ante la crisis climática, biológica y social que estremece a los habitantes de la tierra. Obedece a la conducta agresiva de la especie humana que en 30.000 años de poblar la tierra rompió el equilibrio de la biosfera y de los ecosistemas, amenaza la vida de las especies animales y vegetales, contamina aguas marinas, las aguas dulces en humedales, ciénagas, ríos y lagos.

La armonía dinámica de selvas lluviosas donde talamos y quemamos, en tundras letárgicas donde causamos incendios, en los bosques australes y boreales calcinados por incendios forestales provocados que se transforman en tormentas de fuego y dolor. Finalmente liberamos virus capaces de mutar la secuencia de su genoma, bacterias resistentes a los antibióticos y plagas devastadoras de langostas que devoran cultivos, insectos transmisores del dragón chino de los limones, la polilla guatemalteca de las papas. Con un modelo económico absurdo basado en trasladar millones de contenedores de TEU, en barcos de hasta 400.000 toneladas, arrasando arrecifes, algas y fondos marinos y regando aceite, azufre e hidrocarburos en los mares. Olvidando que fitoplancton y corales exhalan el oxígeno global.

En movilizar 1400 millones de vehículos emitiendo gases de invernadero que están calentando la tierra y causando elevadas temperaturas, huracanes devastadores, sequías prolongadas, hundimiento del permafrost Ártico que libera millones de toneladas de metano retenido durante siglos y atiza fogones. Verter nuestras aguas residuales domésticas e industriales a los ríos, lagos, ciénagas y el mar, exterminando el 81.9% de las especies de peces de agua dulce y transmitiendo sus patógenos a la red hidrológica global y finalmente en la cuna marina de la vida. Disponiendo plásticos que se fraccionan en micro partículas, bailan con el oleaje y ayudan a tejer la mortaja del mar y emitiendo tanto carbono que acidificamos océanos.

Causamos toda clase de enfermedades respiratorias por la mala calidad del aire urbano, con micro partículas submicrónicas del combustible Diesel que siguen la misma ruta del virus Covid19; glotis, epiglotis, tráquea, los bronquios, bronquiolos, alvéolos pulmonares, capilares, sáculos, el torrente sanguíneo y glándulas suprarrenales hasta atacar los riñones. Pero no existe un acuerdo global sobre el protocolo sensato del tratamiento real comprobado. Ni la decisión humana y honesta de pagarles a los médicos y enfermeras que están arriesgando sus vidas y sus familias en beneficio de la humanidad. Faltan camas, mascarillas respiradoras, desinflamatorios. Todo un caos conducido por insensatos gobernantes del mundo que promueven racismo cruel, aleves guerras de dolor y exterminio y llaman a las comunidades a violar las normas elementales de la protección y la convivencia a sembrar soya en la Amazonía, extraer más petróleo del Ártico, importar alimentos transgénicos subsidiados, a practicar la fractura hidráulica a concentrarse en las grandes superficies con gran riesgo de contagio a comprar chucherías que no necesitan en estos momentos.

Estudio todos los días de la vida enseñanzas sorprendentes y el lenguaje de los animales que empecé a conocer desde primaria. La disciplina de las abejas y su división del trabajo en zánganos, obreras y nodrizas que llevan miel y polen para sus larvas. Caribús recorren miles de kilómetros cada año ruñendo musgos, algas y plantas, atravesando ríos y vitelas de hielo y nieve para procrear. La epopeya de los salmones que nacen en lagunas de origen glaciar desciende al mar y al llegar la madurez sexual regresan a sus cunas glaciares en contra de la corriente, dando saltos vertiginosos en las cascadas para mantener el hálito de vida. Las tortugas que depositan sus huevos en playones desolados y regresan al mar a cumplir sus funciones de limpieza en los arrecifes. Los tiburones revisores sanitarios en arrecifes de coral capturan a los peces enfermos para evitar la diseminación de bacterias y mantienen el mar limpio y cristalino. Los hermosos peces loro acicalan los corales pétreos. Peces cirujanos azules y millones de sardinas del mar viran al instante y resplandecen en el azul profundo. Las lombrices transforman la materia orgánica. Los elefantes se comunican en onda corta para buscar los caminos del agua. Gorilas de la niebla son jardineros de la selva. Castores ingenieros diseñan y construyen presas fluviales sin graves errores ambientales, hidro geológicos y sociales perpetrados en Hidroituango. Hormigas programadas genéticamente. Ballenas jorobadas que zarpan desde la Antártida cuando se congela el agua y krill y viajan 8000 kilómetros hasta bahías transparentes a celebrar nuevas vidas con silbidos, saltos y canciones de amor.

En Palmira tenemos un escenario maravilloso en el páramo de Las Hermosas, y en sus lagunas de origen glaciar con algas de variados cromatismos y los frailejones con sus hojas lanudas embebidas de humedad filtrando el goteo de las lloviznas permanentes. Las selvas de niebla pobladas de yarumos blancos con hojas cubiertas de kerosinas, los añosos robles y cedros, donde es necesario establecer la propiedad pública y el uso de conservación de los predios adquiridos entre 1982-2019. Allá nacen los riachuelos del Amaime el Nima y el Bolo Aguaclara que fluyen entre las selvas de niebla y por profundos cañones, arrastrando sedimentos finos y gruesos hasta integrarse con la materia orgánica y formar los valles estrechos. Laderas donde se necesita el control de la erosión, cultivar alimentos en huertas y parcelas campesinas, cafetales umbrosos; guamos y carboneros. Manejo silvopastoril de árboles leguminosos y coberturas verdes para conservar el agua en las vertientes. Apoyo a la producción campesina agobiada por la importación de alimentos subsidiados, pesticidas que envenenan, monopolio de las grandes superficies y la indolencia absoluta del Estado.

El valle geográfico no soporta más quemas de pre y pos cosecha. Si los problemas grandes de la humanidad son las altas temperaturas, sequías e incendios forestales, no deberíamos continuar quemando el follaje, fauna y la vida del suelo. En la ciudad de Palmira se necesita recuperar los corredores de zanjones urbanos ejes estructurantes de la ciudad y sembrar millares de árboles para mayor captura de carbono. El transporte público con 45% menos de emisiones de GEI en sólo 10 años. Todos los habitantes debemos reducir nuestra huella y entender que resta muy poco para transformar el 45% de las fuentes de energía actual a limpias renovables en todo el planeta tierra, si de verdad pensamos en los niños y jóvenes, queremos evitar temperaturas y sufrimientos insoportables. Necesitamos diseñar nuestra defensa ante las inundaciones lentas del río Cauca y tratar las aguas residuales rurales y urbanas para recobrar la vida del agua; el fitoplancton, los bocachicos, bagres, barbudos y sardinatas que hacían burbujas en el río Cauca y la red de humedales que purifican y drenan las aguas desbordadas.

Ante la crisis definitiva de la especie humana hay dos posturas. La tradicional colombiana de acrecentar el poder de los bancos y la inversión extranjera, arrojarle glifosato a las chacras campesinas, negar el presupuesto esencial de la salud, desarrollar la fractura hidráulica y el embuste de la competitividad para delicia del capital financiero, el modelo de la minería y la producción destructiva, esquilmando las pensiones, eliminando los derechos elementales, privatizando y buscando la guerra. La racional; de conservar y respetar la vida humana, animal y vegetal, producir alimentos, para toda la población, reducir las emisiones de GEI virando hacia energías renovables que eviten temperaturas infernales, incendios y caos climático y ser solidarios para enfrentar la pandemia del Covid 19 unificando un Protocolo global, pagarle a médicos y enfermeras. Dotar hospitales. Afrontar la amenaza de hambruna global y mitigar la grave realidad del calentamiento. Abandonar el sendero de la autodestrucción; el producto refinado de talas, quemas, intoxicación y alteración de mecanismos reguladores de la biosfera.

El monopolio agresivo de recursos públicos, impuestos para los pobres y la corrupción estatal. Detener la deforestación en Amazonía, Caquetá, Guaviare, Macarena, Chocó, Vichada. Los animales llevan millones de años enseñando la dialéctica de la naturaleza, la solidaridad, la armonía productiva y la sorprendente precisión de sus migraciones por la vida y la felicidad. Aún podemos aprender y cambiar de rumbo antes del abismo.