Por: Zabier Hernández Buelvas. – tejiendoterritorios.co

El patrullero Zúñiga no es un héroe, es el pueblo levantando su voz, es el malestar del sistema, es la rebeldía ante lo injusto. Ahora tendrá que soportar el poder del mando corrupto de la Policía y el Gobierno. Debemos apoyarlo, no lo dejemos solo.

No es un hecho ocasional y fortuito. El Patrullero Ángel Zúñiga sintió en carne propia lo que es ser pobre, no tener un pedazo de tierra, ni una casa, ni quien los defienda y as, además, afrontar la violencia de un Estado y un Gobierno que a través de su fuerza publica defiende los intereses de de las poderosa familias de este país, en este caso a la familia Lemos Simmonds quienes son dueños de inmensos terrenos en el Valle y el Cauca.

“Yo sé que me van a trasladar lejos, lo sé, pero es algo injusto lo que están haciendo en este momento. No les van a dar vivienda, no les van a dar reubicación, están abusando de los derechos humanos, estamos en cuarentena”, dijo el patrullero Zúñiga.

Él patrullero Zúñiga en ese momento no era consciente, pero estaba enfrentando nada más y nada menos que al gran poder terrateniente de este país. Su sangre y su mente de gente humilde del pueblo, antes que policía, reclamaba justicia, su ímpetu solidario y su decisión de ponerse del lado de los pobres que se defendían de la maquinaria que violentamente los agredía, es una decisión valiente que reta al poder castrense y se con vierte en critica certera al autoritarismo y el terrorismo de Estado.

La reacción del patrullero parece a simple vista espontanea, pero en esencia es una reacción que muestra el cansancio del abuso del poder, de las violaciones de derechos humanos donde los violadores son agentes del Estado aliados a paramilitares y terratenientes.

El patrullero Zúñiga no es un héroe, es el pueblo levantando su voz, es el malestar del sistema es la rebeldía ante lo injusto.  Ahora tendrá que soportar el poder del mando corrupto de la policía y el gobierno. Debemos apoyarlo no lo dejemos solo.