En el mundo moderno, no trabajar es sinónimo de vagancia mientras que en la filosofía del Buen Vivir no trabajar es equivalente a dejar de crear, de sostener la vida, de cooperar y ser solidario.

En la actual coyuntura global, la idea de implantar un salario (ingreso) básico universal (SBU) ha resurgido y es sujeto de discusión. El SBU consiste en otorgar una cantidad de dinero a todos los ciudadanos de un país determinado, sin discriminación alguna, de forma regular de por vida, que sea suficiente para vivir sin necesidad alguna de trabajar. Cada ciudadano por tanto podría satisfacer sus necesidades básicas. Por una parte, dicha definición muy general da pie a que no haya consenso en la implementación del SBU. En términos cuantitativos, algunos creen, por ejemplo, que el SBU debe ser una cantidad mínima vital que evite la pobreza o que ponga en riesgo la vida. Otros alegan que el SBU debe ser equivalente a la cantidad necesaria de dinero que permita satisfacer todas las necesidades y cubrir todos los gastos, garantizando así un estado de bienestar para el individuo. Por otra parte, definir aquello que se indica como necesario es objeto de conflicto.

Las discusiones en torno al SBU suelen ser sobre las mismas cuestiones: cómo, para quién, de dónde sale el dinero, quién lo paga, qué cantidad, etc. En términos metafóricos, abordar el SBU sería como visualizar solo un árbol en medio del bosque. Pero también se puede (y se debe) visualizar el bosque. En este sentido, si el SBU es el árbol, el bosque sería las sociedades y su funcionamiento. Con esto, sin duda se camina a un campo de análisis más complejo, que es lo característico del mundo que habitamos. Por tanto, ¿se puede implementar el SBU para todos? Con los argumentos válidos 1) nadie habría de trabajar y 2) no es factible económicamente, la respuesta que no se puede implementar el SBU.  Por ejemplo, al Estado ecuatoriano le costaría el 6% de su PIB pagar el salario básico (USD 384) a todos los ciudadanos. Sin embargo, dicho salario básico no garantiza la satisfacción de necesidades ni un bienestar. La canasta básica familiar se sitúa en USD 716,14. Si a ello le agregamos la falta de vivienda adecuada para una considerable parte de la población, la cuestión se complica. Por otra parte, de implementarse el SBU, habría de crear una manera por la cual ese dinero no se destine a otra cosa que no sea el de satisfacer necesidades básicas. A partir de lo argumentos arriba expuestos, vale por tanto hacer dos preguntas: ¿por qué nadie trabajaría? ¿de dónde saldría el dinero?

Lo interesante de la respuesta está en dichos argumentos a partir de los cuales es posible ampliar la visión y por consiguiente ver el bosque. En efecto, el SBU no es posible de implementar en las actuales condiciones socioeconómicas porque el SBU va en contra del sistema económico capitalista dentro del cual el ser humano es una mercancía más que debe competir en el mercado (laboral) a fin de ofrecer e intercambiar su fuerza de trabajo a cambio de un salario. A esto K. Marx denominó como la alienación al trabajo. A ello se suma la enajenación y reproducción ideológica del trabajo como fin único y que el valor (únicamente monetario) de cada individuo lo determina el mercado. No obstante, teniendo en cuenta la división del trabajo, dicho salario está en función de la preparación, habilidades y capacidades individuales, y del tiempo de trabajo. En ningún caso, el salario que recibe un trabajador contempla si éste satisface sus necesidades básicas y tiene bienestar. Enrique Dussel señala en su libro (16 tesis de economía política: una mirada filosófica) que el plusvalor precisamente se crea de la nada a partir del trabajo vivo (ser humano) y que se esconde en lo que se denomina como ganancia.

Lo mencionado en el párrafo anterior nos conduce a responder que nadie trabajaría porque ningun individuo tendría que salir al mercado a intercambiar su fuerza de trabajo por un salario que le permita vivir. Y esto conduce así mismo a que el dinero para pagar el SBU saldría del mismo trabajo realizado por cada uno de los individuos, es decir, haría falta mantener la rueda de creación de plusvalor para obtener ganancias que a su vez daría lugar a la acumulación de capital (forma monetaria) para que, en un supuesto, sea el Estado quien a través de impuesto recaude el dinero necesario para el SBU. Bajo los parámetros ortodoxos económicos, la inexistencia de ganancia da lugar a que, lo que fuera, sea improductivo e imposible de llevar a cabo. Todo esto nos lleva indiscutiblemente a repensar el trabajo en sí mismo, es decir, por qué y para qué. Pero para que el SBU se pueda implementar y que aun así se trabaje, habría por tanto que romper la ideología hegemónica -razón de ser del trabajo- y establecer una nueva. ¿Y cuál sería esa nueva ideología -razón de ser del trabajo?

Tomando como analogía a la Pachamama, la razón de ser del trabajo debe ser aquella que permita la creación y el mantenimiento de la vida. Y a partir de esto, el trasfondo del trabajo en sí mismo se subsume a la gran ideología central, la vida en el centro o bien lo que se conoce como el biocentrismo. Con ello, por tanto, se rompe con el antropocentrismo y por consiguiente con uno de los elementos de la Modernidad. Aquí es dónde filosofías de vida como la del Buen Vivir entran en juego, porque precisamente tienen en su centro la vida. En el mundo moderno, no trabajar es sinónimo de vagancia mientras que en la filosofía del Buen Vivir no trabajar es equivalente a dejar de crear, de sostener la vida, de cooperar y ser solidario. Por consiguiente, bajo la relación establecida previa de SBU, trabajo, ideología, filosofía de vida, y por tanto utilizado como (contra) argumento, la implementación del SBU si es posible, viable, factible, en tanto que la razón de ser del trabajo también cambie. Puesto esto en términos prácticos, alguien habrá de producir alimentos, alguien habrá de solucionar los problemas técnicos de los hogares, alguien habrá de cuidar de aquello quienes lo necesiten, alguien habrá de educar, alguien habrá de velar por tu salud, alguien habrá de cuidar las otras formas de vida. Y la razón a prevalecer es que se contribuye en la rueda.

El planteamiento inicial del SBU conduce sin duda a replantear las cuestiones que subyacen en la implementación del mismo. Y como se ha descrito, finalmente se acaba romper con elementos de la Modernidad como el tiempo, el individualismo o la misma racionalidad que nos encamina a la posmodernidad. Quedarse mirando sólo el árbol es, al fin y al cabo, querer cambiar algo que dará lugar a un mismo resultado sin cambiar al final de cuentas nada. Además, ver el bosque es también abordar la actual crisis climática ecológica y la implementación del SBU es parte del cambio rotundo de las condiciones socioecológicas. Finalmente, es indiscutible que nos necesitamos entre todos y de esa necesidad, nace una nueva idea de trabajo en la que su representación no es más que el imperativo moral de procrear, proteger y mantener la vida.

Andrei Briones Hidrovo

PhD (c) en Eficiencia energética y Energías renovables.| CIRCE-Universidad de Zaragoza-España.

Referencias bibliográficas

Althusser, L. 1974. Ideología y aparatos ideológicos del estado. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires.

Amadeo, Kimberly. 2020. Universal Basic Income, Its Pros and Cons with Examples. The Balance. https://www.thebalance.com/universal-basic-income-4160668

Bedingfield, Will. 2019. Universal Basic Income, Explained. WIRED. https://www.wired.co.uk/article/universal-basic-income-explained

Dussel, E. 2012. 16 tesis de economía Política: Una Filosofía de la Economía. 1era ed. Editorial Docencia. Buenos Aires

Dussel, E. 2012. Primer encuentro del Buen Vivir. Diálogos. Puebla, México. http://encuentrodelbuenvivir.blogspot.com/2012/03/abuela-grillo.html

INEC, 2020. Indice de precios al consumidor. Estadísticas económicas. Boletin Técnico Nº01-2020-IPC. Quito, Ecuador.

Karl Widerquist, 2020. Universal Basic Income. The guardian. https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/mar/20/america-coronavirus-recession-universal-basic-income