La síntesis de Armando Barona Mesa,ratifica que Bolívar no fue monárquico.

El proyecto de Constitución Bolivia no comprendía una monarquía como tal. Asociaron la idea de una presidencia vitalicia y Congreso vitalicio (de bolsillo) como una estrategia ante la ingobernabilidad. Eso si lo planteó Bolívar. No se conoce cuerpo normativo, como proyecto, de la fracasada “Constitución” de Ocaña. La Convención de Ocaña, se convocó; pero no se realizó. Ni una sesión, se dio. Los Constituyentes se devolvieron. Llegaron hasta La Cruz ( hoy Abrego). En eso tuvo que ver Santander.

De la Convención de Ocaña, solo quedó como registro histórico el nombre dado al municipio de Convención; que hasta por cierto, el lugar era conocido, horrendamente, como ” La Sangre”. Lo relativo a la recomendación de Bolívar , para atención al Embajador de Francia, pudo ser un trato diplomático y sale del contexto. Si algo motivó a Bolívar fue la enseñanza de la revolución francesa contra la monarquía.Por ello resulta inadmisible que el espíritu de la Carta de Jamaica, sea monárquico. Es un insulto, puesto que el espíritu de esa Carta encierra lo Bolivariano proyectado al Siglo XXI y por la Patria Grande.

Así mismo es Inadmisible que el fracaso de la Convención de Ocaña, originó la denominación de los partidos tradicionales y menos aceptable darle a Bolívar el mote de conservador y a Santander el de liberal. Primero se dio la lucha ideológica y política por la de un Estado Centralista y /o Federalista y de allí se formaron bandos(“partidos”) en la concepción y ante el predominio del mercantilismo o imperialismo inglés, que definía el derrotero de los países de la Gran Colombia.

Digamos que luego de la muerte de Bolívar y de Santander es que vienen a surgir las denominaciones de los dos partidos tradicionales en Colombia. La famosa frase de Bolívar, que si su muerte contribuía a que cesara la discordia entre los partidos y así él bajaría tranquilo al sepulcro…no alude a los partidos liberal y conservador.

Carlos Arturo Meneses Reyes
11-05-2.020

¿CÓMO NEGARLO?

Muy apreciados amigos Leonardo y Gabriel:

No he planteado debate alguno. Solo expresé unas opiniones en un ensayo que escribí para el periódico El Tiempo alrededor de un gran libro, muy de moda en las librerías, escrito por la dama peruana Marie Arana sobre el Libertador Simón Bolívar. Ella omitió admitir que quien estimuló el proyecto que incluía una monarquía después de la muerte del Libertador, hipotéticamente presidente vitalicio, según el mismo proyecto, lo fue el propio Bolívar. Y aclaremos: no incluía una corona o un imperio para él, que siempre rechazó. Hice un estudio serio que mereció en ese punto la aceptación del erudito periodista Enrique Santos Molano. Con éste discrepamos solo sobre otros hechos.

Pero noto un ánimo de controversia de parte especialmente de Leonardo César, frente al cual, como dijera Don Quijote, “conmigo sos en batalla”. El debate de ideas y conocimientos siempre será elevado y noble.

Precisemos pues el tema tal como desde un principio lo he planteado:

1. Bolívar a través de Sucre y Córdova gana la batalla de Ayacucho que define la independencia del antiguo imperio Inca, incluído el territorio del Alto Perú, hoy en día Bolivia. Lo primero que hace Bolívar, después de muchas consultas en el propio terreno, es proclamar la independencia de este país. Y elabora, con la asesoría de su maestro Simón Rodríguez, recién llegado, una Constitución que instituye un ejecutivo vitalicio y dictatorial muy fuerte y un senado así mismo vitalicio.

2. Cuando se obtiene la independencia del Perú, Bolívar, despachando desde La Magdalena, finca palaciega en la que se hospeda y en la que vivía y gobernaba San Martín, hace que se introduzca al congreso una constitución similar allí, con la misma dictadura vitalicia que entra a ejercer.

3. Páez, con la asesoría de un curtido intrigante de nombre Leocadio Guzmán, lo tienta a Bolívar mostrándole el trono de Napoleón y muchos más halagos. Bolívar con admirables argumentos, declina la posibilidad del trono. Pero tiene ya en su mente la idea de que este pueblo sudamericano ignorante y sin disciplina no está preparado para asumir la democracia en su plenitud. Del mismo asunto habló en la entrevista que tuvo con San Martín.

4. Ya para ese momento su relación con Santander camina mal. Éste, por mandato de la constitución de Cúcuta de 1821, no lo ha dejado comandar la batalla decisiva de Ayacucho y son muchas las intrigas en el nacimiento de lo que se conoce así, a secas, como el liberalismo. Desde Lima Bolívar utiliza al venezolano Guzmán para que a su regreso organice reuniones grandes de sus amigos bolivarianos en orden a que propongan una nueva carta, que está prohibida por la misma constitución del 21 antes de diez años- para poder robustecer el ejecutivo con altos poderes. Las reuniones se hacen; y el país se divide cuando Bolívar llega a Bogotá y sigue derecho a Caracas a intentar calmar al escurridizo y ambicioso Páez en rebeldía.

5. Para entonces ya se ha convocado la Convención de Ocaña que habrá de sustituir a juicio del Libertador la lenitiva constitución del 21, por otra que Bolívar intenta imponer, parecida a la del Perú con presidencia vitalicia. Fracasa la Convención y éste subroga aquella Carta y asume la dictadura. Los partidos están definidos y radicalizados. Y operan. Bolívar es el padre de los conservadores y Santander de los liberales. Bolívar en ese momento está dando la pelea. Sabe él que lo que viene, si no hay un poder fuerte, es la guerra civil con Venezuela y entre diferentes provincias granadinas, fuera de la separación de la Gran Colombia. Y es entonces cuando se presenta el conflicto y la invasión por parte del Perú del territorio colombiano hasta Guayaquil. Entonces viaja al Ecuador en 1829, pero previamente convoca al que él llamaría después el Congreso Admirable que habría de presidir Sucre. La idea es la misma de Ocaña.

6. Es entonces cuando, un poco cavilante e inseguro, cree que la solución en este país que él considera ingobernable, sea quizás la monarquía y alienta a su consejo de Gobierno a tantear en la opinión pública y en la diplomacia francesa de Luis 18 acerca de esa posibilidad. Se hará una campaña discreta. Y es en ese momento histórico cuando se perfila el proyecto de una monarquía en Colombia.

La labor se inicia cuando patriotas como José Manuel Restrepo, brillante historiador y Secretario del Interior, Vergara y Vergara, Secretario de Relaciones Exteriores, y los otros secretarios Castillo y Rada y Urdaneta entran en la campaña de establecer, a la muerte de Bolívar como presidente vitalicio, una monarquía, con un príncipe católico. El país, por supuesto, es Francia.

Y precisamente por esos días, el 16 de abril del 29, llega a Bogotá Monsieur Bresson, representante de la nonarquía francesa. El 19 presentó credenciales ante Vergara. Bolívar previamente ya sabía y aun estaba en esa ciudad. Y escribe el 19 de mayo a Castillo y Rada: “Muéstrele usted a este caballero -Bresson- la inmensa complacencia que tengo por su venida y por la conducta del gobierno francés hacia nosotros.” Esto, por supuesto, indica que algo se había adelantado.

7. En ejercicio Bresson de su cargo, y ya Bolívar fuera de Bogotá en Ecuador, finalmente el diplomático Bresson pudo el 28 de agosto informar a su gobierno la decisión en favor del proyecto de Bolívar -que era ocultada por razones obvias-, cuando dirige a su gobierno el informe oficial.

Don Salvador de Madariaga (BOLÍVAR tomo II, BIBLIOTECA DE LA HISTORIA) anota: “Por fin el 28 de agosto, pudo Bresson informar haberse recibido una opinión de Bolívar, pues Vergara le había enseñado una carta de él sobre la monarquía. Este despacho es de gran importancia: “No cree –comenta- que en las circunstancias actuales agrade a ningún príncipe el ofrecimiento proyectado; no cree tampoco que el país está maduro para una monarquía; pero opina que un presidente vitalicio y un senado hereditario, adoptados como base del nuevo gobierno, podrían reunir y crear los elementos monárquicos que facilitarían la accesión futura de un príncipe de sangre real.”

Esto, por supuesto, no es un invento. Y obedece a la convicción radical que Bolívar siempre tuvo sobre la inidoneidad del sistema democrático en estos países sin educación, acostumbrados solo a servir al gobierno de la metrópolis. Es de la mayor importancia observar que ya desde la famosa Carta de Jamaica de 1815, el Libertador así lo anotaba: (Está copiada textualmente. El amanuense de esta carta lo fue el prócer Pedro Briceño Méndez y su ortografía es altamente lastimosa):

“Los acontesimientos de la tierra firme nos han provado que las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas á nuestro caracter // folio 20 // costumbres y luces actuales.

“En Caracas el espiritu de partido tomó su origen en las sociedades, Asambleas, y Elecciones populares, y éstos partidos nos tornaron á la esclavitud. Y así como Venezuela ha sido la Republica Americana que mas se ha adelantado en sus instituciones politicas, tambien ha sido el mas claro ejemplo de la ineficacia de la forma democrata y federal para nuestros nacientes estados -. En Nueva Granada, las escesivas facultades de los Gobiernos provinciales, y la falta de centralizacion en Jeneral, han conducido aquel precioso pais al estado á que se vé reducido en el dia.

“Por ésta razon sus débiles enemigos se han concervado contra todas las probabilidades. En tanto que nuestros compatriotas no adquieran los talentos y las virtudes politicas que distinguen á nuestros hermanos del Norte, los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan á ser nuestra ruina. …”

Como pueden ver, sería obcecado insistir en la tesis contraria. Ahora que el Libertador se convenció del absurdo para su gloria de tal postura y que fue como siempre elocuente en la palabra con la que rechazó la idea del trono ya en enero de 1830, sí, es verdad. Nunca he dicho otra cosa frente a una realidad que terminó por decidir al noble prócer. Su vida se exacerbaba en medio de la contradicción de enemigos numerosos y agresivos. Tal vez por eso, al final de sus días dijo: “El no haberme entendido con Santander nos ha perdido a todos”. Y, finalmente caros amigos, es una evidencia que el país ha sido ingobernable. No solo con las innumerables guerras civiles y guerrillas, sino por la radicalización pasional que hunde a cada uno en su propio abismo.

Con un abrazo estrecho,

ARMANDO BARONA MESA