Por: Tony López R.

Hoy 24 de noviembre se cumplieron tres años de la firma de los Acuerdos de Paz de La Habana, entre el Gobierno colombiano y las FARC-EP, rubricados en Bogotá, Colombia, por el presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, Comandante Jefe de las FARC-EP. Desafortunadamente hay que decir, que, de esos Acuerdos, sólo un 18 por ciento están cumplimentados, o sea el 82 por ciento, de los temas estratégicos y fundamentales, están a la espera de que el gobierno de Iván Duque cumpla con su implementación.

Con los Acuerdos de La Habana, se puso fin a cincuenta años de un conflicto social y armado, con una de las fuerzas guerrilleras más antigua de nuestro Continente y permitió abrir el proceso con el insurgente Ejército de Liberación Nacional (ELN) que con paciencia y firmeza aguardan, a que el gobierno del presidente Iván Duque, cumpla con lo que prometió de continuar las conversaciones para llegar a un acuerdo de paz.

Pero el gobierno ha seguido empecinado en plantear que ellos no están comprometidos con esos acuerdos, que ellos no lo firmaron, pero ellos tienen que ser conscientes que ahora son gobierno y que como gobierno, deben dejar atrás, sus posiciones ideológicas y políticas en contra de la pacificación del país y del proceso que había iniciado el gobierno de Santos y no cuando desde la oposición estaban en contra de los diálogos de paz en La Habana. La Organización de las Naciones Unidas, está reclamandole al gobierno del presidente Iván Duque, que cumpla con los Acuerdos de Paz y lo hace con el más loable interés de que Colombia no regrese a la guerra.

Es la hora de la paz y no de la guerra, de la reconciliación y no del odio, y para llegar a ese objetivo el gobierno tiene que cumplir con lo firmado y acordado íntegramente e iniciar el proceso de dialogo y paz con el insurgente ELN, y dejar de apoyar al paramilitarismo y combatir con todos los medios a los ilegales grupos vinculados al narcotráfico y a la delincuencia común.

Es el momento que el Gobierno deje de utilizar a vándalos y delincuentes, para combatir al movimiento social, achacándole acciones vandálicas que no hacen ni cometen, tal como lo están denunciando, estas organizaciones, con pruebas y testimonios.
Se conoce y hay denuncias de que la policía está utilizando a delincuentes que con capuchas y en grupos los trasladan en sus camiones y los dejan en zonas residenciales, para que cometan fechorías y causen terror y miedo, con esas acciones, y el Gobierno, con estos “falsos-positivos” quiere culpar y enlodar a los miles y miles de honestos ciudadanos que protestan y marchan cacerola en mano, para denunciar la graves crisis social y un modelo neoliberal que hunde cada vez mas en la miseria a un país rico y a un pueblo trabajador y emprendedor y que nada tiene que ver con ese vandalismo. Criminalizar la protesta social es el objetivo de Uribe-Duque.

Lo que se está presentando hoy con el Paro Nacional y con estas impresionantes marchas, protestas y cacerolazo, no tienen antecedentes en Colombia, algo parecido no se veía desde las protestas durante el gobierno de López Michelsen en 1977, el clamor de los colombianos, es que Uribe y Duque, los tienen cansados con tanto abuso, tanta corrupción, tanto lagartismo y tanto clientelismo, de tanta entrega al gringo, de tanta indignidad y de tanta miseria y pobreza.
La solución a este lamentable estado, según el recién electo alcalde de Medellín, Daniel Quintero Calle, es la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Corporativa y lo presenta en la carta que dirigió hoy 24 de noviembre al señor presidente Iván Duque.

En su respetuosa carta, el alcalde expresa: “El país afronta un periodo de incertidumbre que se ve reflejado en marchas y paros de ciudadanos que no se sienten satisfechos con la situación actual del país”. “Me invito a una conversación con otro grupo de ciudadanos electos y para que le permita interpretar el deseo ciudadano”.
“La gente esta en la calle porque siente que se merece un futuro distinto”… “Las regiones están atrapadas en el modelo centralista, el Congreso ha fallado en reformarse, la justicia está estancada, y los escándalos de corrupción no paran, el campo lleva décadas esperando reformas que le permita desarrollarse, el desempleo aumenta, los empresarios encuentran todo tipo de barreras para crecer”. “Es evidente que el andamiaje institucional actual no permite llevar a cabo las reformas que requiere el país”.

“Es por ello que le sugiero respetuosamente Señor Presidente, que convoque junto a todos los lideres políticos, estudiantes, empresarios, campesinos, trabajadores, sectores sociales, académicos y sindicales a una Asamblea Nacional Constituyente”. Una constituyente que resuelva la polarización y nos permita encontrarnos como una sociedad”.
El alcalde electo de Medellín, Quintero Calle, con un justo criterio propone una Asamblea Nacional Constituyente, con todos y para el bien de todos, era los que las FARC-EP cuando dialogaba en La Habana, Cuba, planteaba y a lo que el gobierno de Santos se oponía, porque en el fondo era allí donde estaba la trampa del “establishment”. Una Asamblea Nacional Constituyente, que convertía a los Acuerdos de Paz de La Habana, en una política de Estado y no era susceptible, como lo es hoy, a que el Poder Judicial y el Legislativo, lo modifiquen, anulen o que el gobierno que lo suceda, los deje de cumplir.

Por otras parte, se comienza a defender un concepto que el Señor Presidente gusta de propagar, que según él, está de acuerdo con la paz con legalidad, hay que preguntarle al inquilino de la Casa de Nariño, de cual paz con legalidad, el habla, o es que acaso el proceso llevado acabo por el gobierno de Santos, fue realizado furtivamente y en la ilegalidad, grave error de Duque presidente del tercer gobierno de Uribe Vélez. Obviamente esa propaganda, también apunta contra la Justicia Especial de Paz.
Al parecer con muy mal talante, el, señor Duque considera ilegales a los casi 9 mil miembros de las FARC-EP que se desmovilizaron, entregaron sus armas y hoy se encuentran vinculados al trabajo comunitario, unos y otros en trabajos, que ellos se han buscado en el campo o los que ganaron algunas curules y alcaldía en las pasadas elecciones, o los diez legisladores que por un acuerdo hoy ocupan curules en el Congreso, a que apunta el señor Duque, a continuar el conflicto o bridarle a su pueblo una paz estable y duradera.

Con una Asamblea Constituyente se hubiera evitado la crítica situación en la que se encuentran hoy los miles de guerrilleros, cuyo futuro es incierto y muy arriesgado para concretar la paz, sin embargo considero, que el aporte que ha hecho, este no concluido proceso de paz, es el despertar de este pueblo, que hoy se organiza y exige lo que le ha estado vedado, trabajo, salud, estudio, vivienda digna, cultura, deportes y seguridad ciudadana, para todos y sin que tengan que pagar por lo que el Estado, está en la obligación de atender, es por eso que están pidiendo una Asamblea Nacional Constituyente.
En la actualidad no se puede culpar a la guerrilla de los grandes males que aquejan a la sociedad colombiana, ahora nadie puede decir que las FARC-EP controla el narcotráfico, ahora como van a explicar que ese flagelo, haya crecido en los últimos tres años en proporciones insospechadas, y que la siembra de cultivos ilícitos en áreas controladas por los paramilitares y los grandes terratenientes haya aumentado. Según el presidente Donald Trump, actualmente hay más de 200 mil hectáreas sembradas y hay una proliferación de nuevos carteles de la droga, exigiéndole al presidente Duque, que los combata y erradique los sembrados de coca.

Hay sitios y Departamentos donde el campesino no puede transitar libremente, sino paga un impuesto a los paramilitares, el modelo neoliberal y ajuste económico ha llevado al empobrecimiento de una buena parte de la sociedad colombiana.
Colombia está en este momento entre la paz, que se expresa en un pueblo que marcha y protesta contra un régimen excluyente, autoritario y elitista y un sistema que está con la guerra, porque tiene pingues ganancias y se empeña en mantenerlo sobre la base del miedo, el odio y la violencia, apoyados por las llamadas Bacrim, carteles, paramilitares, sectores de la fuerza pública y de justicia corruptas y comprometidas con este desigual régimen.

Todos los hombres y mujeres de nuestra América Latina y Caribeña, espera que sea la paz la que reine en Colombia y que los precursores de la guerra sean desterrados y condenados por la historia.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
La Habana, Cuba, 24 de noviembre de 2019. 23.30 hras.